El verano: una oportunidad para contactar con la naturaleza

«Quien ha aprendido a escuchar a los árboles ya no desea ser un árbol. No desea ser más que lo que es.»

Hermann Hesse

Empieza el mes de agosto, muchos disfrutarán de vacaciones y otros estarán trabajando. Sea como sea el clima que nos envuelve es caluroso y tener más horas de sol nos invita a salir, compartir o a ir a la naturaleza.

Quería aprovechar este escrito para conectarlo con el último post. Porque no solo es salud integrativa el contemplar las diferentes partes de nosotros mismos, también consiste en ser conscientes de que formamos parte de un ecosistema constituido por ritmos y elementos que se interrelacionan y nos afectan. Mis palabras de hoy son una invitación a la reflexión en este aspecto. 

Por una parte, si entramos en contacto con la naturaleza y nos posicionamos en una actitud observadora nos daremos cuenta de que hay mil cosas que están pasando y de las cuales no solemos ser conscientes. Utilizando mi propia experiencia de esta mañana voy a enumerar algunas. El cielo con su amplitud iba mostrando diferentes nubes que pasaban, podía escuchar el zumbido de las abejas recogiendo polen, el silbido de los pájaros, el sonido del aire en las árboles, las moscas, los diferentes tipos de flores, plantas y vegetación que me rodeaba, insectos cada uno con sus colores y formas, el olor a pino, la sensación del sol en mi piel… Y yo misma me sentía parte de aquello, un elemento más. Todo estaba bien y me sentía tranquila, había muchos seres diferentes pero formaban un conjunto perfecto, con sus funciones, sus ritmos, sus características. Todo aquello en comparación con la vida cotidiana que solemos llevar no tenía nada que ver. Si únicamente observamos, las prisas, el miedo o el rechazo a lo diferente, la necesidad de control o los juicios no son palpables en una situación como la descrita anteriormente. La naturaleza nos hace, por tanto, contactar con nuestra esencia, nos posiciona en el presente y nos brinda calma.

Por otra parte se facilita el sentimiento de pertenencia. Sin pretensión de hacer un análisis exhaustivo sobre esto, quiero hacer referencia de forma resumida. Esto es algo que evolutivamente buscamos los humanos siempre, formar parte de algo y es saludable. El problema es que muchas veces el miedo al rechazo que nos hace ponernos máscaras, hace que no sintamos genuinamente esa conexión. Al estar en el medio ambiente y observarlo con mente de aprendiz nos podemos encontrar sin darnos cuenta con esa conexión y pertenencia.

La salud integrativa tiene en cuenta el mundo en el que vivimos y cómo formamos parte de sus ciclos. Esto nos hace además ir aumentando el cuidado hacia nuestro segundo hogar que es el planeta tierra. 

En esta época se escucha mucho la expresión “¡que desconectes!”, y yo os deseo que podáis conectar con vosotros mismos y con la naturaleza. Y si os apetece, un día que estéis en la playa, el bosque, un jardín, un río, un lago o un parque, probad a respirar y sentir cada pequeña cosa que sucede en ese momento. Un abrazo y que tengáis un agosto estupendo.

Mindfulness

¿Las pequeñas cosas? ¿Los pequeños momentos? No son tan pequeños.

Jon Kabat-Zinn


En la actualidad, encontramos gran cantidad de información relacionada con el mindfulness, atención plena, meditación o yoga. En los últimos tiempos, los occidentales hemos ido incluyendo gradualmente técnicas utilizadas desde hace miles de años en la sociedad oriental. Esto ha influido en que cada vez se hagan más estudios científicos, que comprueban la eficacia de incluir estos hábitos en nuestra salud mental y física.

Se puede escribir mucho sobre este tema que me apasiona, pero en esta entrada me gustaría hacer una aproximación sencilla para poder entender el concepto de forma general.


¿Por qué nos puede ayudar?


Piensa en el día de hoy, ¿cuántas veces has estado concentrado/a en la actividad que llevabas a cabo? ¿Cuántas veces has sido consciente del lugar donde estabas, las personas que has visto o los sonidos, olores y sensaciones que sentías?

La mayoría de nosotros a lo largo del día tenemos nuestra mente anclada en preocupaciones del futuro o del pasado, a veces realizamos tareas como autómatas (comer, ducharnos, ir en transporte público…), no prestamos atención a nuestro cuerpo (únicamente cuando nos duele algo) o no apreciamos los elementos que nos rodean. Vivir en piloto automático puede influir en el aumento de estrés, la sensación de desconexión, la sobreidentificación con los pensamientos o la ansiedad.

Esta dinámica es consecuencia del ritmo frenético de nuestra sociedad unido con la función evolutiva de nuestro cerebro para protegernos. No es nuestra culpa llegar a ese punto, pero sí puede ser nuestra responsabilidad favorecer el aprendizaje de herramientas que puedan hacer un contrapeso en la balanza y nos ayuden a estar más conectados con lo que está pasando.


¿Cuál es la propuesta?


A través de diferentes ejercicios se intenta entrenar la mente con el objetivo de favorecer una actitud presente y sin juicio. Cualquier persona puede hacerlo. Se recomienda realizarlo de forma gradual y al principio contar con alguien con experiencia que sirva de guía y soporte en las dificultades. Es como ir al gimnasio de la mente, necesita práctica y constancia. Además, nos encontramos con multitud de técnicas diferentes, lo que facilita la adaptación de éstas a la persona y a sus circunstancias.

Como vemos, la atención plena propone estar presente en nosotros mismos y lo que nos envuelve. Algunas personas creen que esto consiste en poner la mente en blancoy dada la exigencia que eso supone (al ser algo imposible) rechazan probarlo o seguir intentándolo. Realmente, se asemeja más a cambiar el foco, a hacer visible esa parte de la foto que sale borrosa y aceptar la situación presente en su conjunto, sin darle toda la importancia solo a un único elemento, que en general suele ser el pensamiento. Se trata de ir tomando distancia y disminuyendo el juicio de me gusta o no, está bien o mal, es feo o bonito. Lo que implica a su vez un trabajo de aceptación.

También, personas muy activas pueden pensar eso no es para mí, soy incapaz de estar quieto/a. Justamente ahí está el reto y quizás es un aprendizaje que pueda servir para disminuir un poco el ritmo. No solo consiste en estar sentado, ¡hay muchas propuestas en movimiento!

Personalmente, considero que son estrategias muy poderosas frente a los tiempos que vivimos de sobreestimulación. En terapia me parece interesante incluirlas como un elemento más para observar qué pensamientos y emociones aparecen y poder, a partir de ahí, darles espacio y trabajarlos, además de para conectar con el momento presente y reducir estrés, ansiedad… Es un recurso que todos tenemos y podemos explorar viendo las modificaciones que se dan en nuestro día a día y como aumenta nuestro bienestar de una forma sencilla.


Un pequeño ejercicio…


Cierra los ojos, inhala contando hasta 4, retén 1 y exhala en 6 tiempos. Siente tus pies tocando el suelo, abre los ojos lentamente. Mira a tu alrededor, ¿dónde estás? ¿Cuál es tu postura? ¿Qué elementos o personas te rodean? ¿Hay algún olor, algún sonido? ¿Estás tocando algo, cuál es su textura? ¿Qué día es hoy? ¿Qué temperatura hace?. Intenta envolverte de todos los elementos que están presentes en este momento. Una vez termines, vuelve a respirar y relaja tu atención.

Cada persona tendrá una experiencia diferente, le aparecerán reflexiones, dudas o emociones. Si quieres comentar algo no dudes en hacerlo y si tienes ganas de profundizar en la atención plena o mindfulness, ¡estaré muy contenta de poder acompañarte!

Para finalizar os comparto este video que ofrece un resumen de los beneficios probados de la meditación:

¿De dónde viene Umai?

La palabra Umai aparece de la unión de Umi (mar en japonés) junto a la a de amor. El mar puede simbolizar de diferentes maneras la psicología, además de ser un lugar que nos induce a un estado de atención plena, relajación, calma y plenitud. Elementos que todos buscamos y que se trabajan en terapia.

Las olas que van y vienen y su sonido nos recuerdan a la respiración, un proceso tan importante para la vida, además de un recurso que es utilizado en sesión como ancla al presente. La profundidad del océano puede reflejar todas aquellas cosas que guardamos a lo largo de nuestra historia formando en la superficie diferentes mareas que representan nuestro cuerpo, pensamientos y emociones. Muchas veces llegamos a terapia con el problema focalizado en la punta del iceberg y conforme vamos ahondando descubrimos otros elementos escondidos que nos ayudan a comprenderlo en su conjunto y a sanarlo. También, otra forma de asociar el mar con el proceso terapéutico es visualizar la imagen de construir un barco estable y seguro que nos permita navegar a pesar del clima emocional, ya sea en días soleados o con tormenta y grandes olas.

Es por todo ello que espero que pueda inspirar y resonar en otras personas para comenzar a navegar en su interior y aumentar su amor por ellos mismos y lo que les rodea.