¿Cuándo acudir a un profesional de la psicología?


Quiero aprender de mí mismo, deseo ser mi discípulo, conocerme

«Siddharta» – Hermann Hesse

Muchas veces en la vida emociones como el miedo, la ansiedad o la tristeza nos paralizan y no sabemos cómo reaccionar. Se pueden dar conflictos en los que nos sentimos atascados y con dificultades para gestionarlos. Nos podemos ver en circunstancias que nos ocasionan mucho malestar en diferentes áreas de nuestra vida, sin encontrar un camino, o intentando distintas soluciones sin sentirnos satisfechos. Si vemos que la situación tiene un impacto importante en nuestro día a día, sería recomendable pedir ayuda a un profesional para abordar lo que nos está afectando.


Desmontando mitos y tabúes …

Cada vez existen menos tabúes a la hora de acudir a un psicólogo ya que en nuestra sociedad nos encontramos con muchos problemas derivados del estrés. Aún así, veremos algunos que nos pueden frenar a la hora de tomar la decisión:

  • Sentir vergüenza por contar nuestras intimidades a un desconocido.
  • Pensar que no lo necesitamos ya que tenemos amigos a quién acudir.
  • Creer que enfrentarnos a nuestros problemas nos puede hacer empeorar.
  • Miedo a que nos rechacen por decir que vamos a terapia o pensar que es síntoma de debilidad.

Voy a intentar desmontar estos mitos y explicar de forma clara la figura del psicólogo.

En terapia se crea un espacio de seguridad y total confidencialidad, respetando los ritmos de la persona para abrirse. El terapeuta adopta una postura que permite la confianza y el diálogo sin juicios. Se crea entre el consultante y el psicólogo un equipo para trabajar los aspectos que se requieran en cada momento.

Un psicólogo es una persona formada, con conocimientos y herramientas que lo hacen especialista en salud mental. No es lo mismo que hablar con un amigo, ya que éste probablemente nos aportará una visión sesgada y no tendrá la preparación para abordar el problema.

En el proceso se pueden dar momentos en los que enfrentarnos a elementos dolorosos nos provoque malestar. Esto es normal por lo que no nos debe asustar de antemano. Es importante saber que estos episodios tienen una duración determinada, que siempre serán acompañados por el terapeuta y con dirección a obtener una mejoría que se mantenga a largo plazo.

También hay esta idea de “yo no estoy loco/a”. Nos encontramos con un prejuicio que se arrastra históricamente desde la época de los manicomios. La persona que identifica que tiene un problema, lo reconoce y va a terapia, demuestra cordura y una alta dosis de valentía, ya que está dispuesta a enfrentarse a todo aquello que le crea inseguridad o miedo y, por ende, esto es todo lo contrario a lo que se entiende como “locura”. Todos podemos tener problemas que afecten a nuestra salud mental y lo mejor que podemos hacer es intentar solucionarlos. Queda todavía por hacer en este sentido pero si cuando nos duele un diente vamos al dentista y cuando se estropea el coche al mecánico… ¿por qué no acudir a un profesional en un asunto emocional?

Muchas veces por estos u otros motivos no mencionados acudimos a terapia cuando ya “hemos tocado fondo” y nos encontramos muy mal. Con esta reflexión yo animo a pedir ayuda antes de llegar a ese punto, ya que de esta manera actuaremos de forma preventiva y evitando sentirnos peor.



¿En qué consiste?

Me gusta verlo como un acompañamiento en el camino del autoconocimiento. Durante este tiempo se va creando un kit de herramientas personalizado con el objetivo de conectar con lo que somos y nos rodea, además de mejorar la gestión de las dificultades que estén presentes. Así mismo, se hace un trabajo para aumentar la conciencia sobre los pensamientos, emociones o comportamientos que podemos tener. Buscando siempre mejorar la relación que la persona tiene consigo misma y con los demás.

¿Qué duración tiene?

Una terapia no tiene que ser infinita, pero tampoco hay un tiempo concreto. Según la situación personal, los ritmos y las necesidades podrá tener más o menos duración, la intención es que vayamos viendo resultados lo antes posible.

Durante las primeras sesiones se hace un análisis de la situación para elaborar un plan de actuación y establecer unos objetivos. Aunque se necesite una primera fase para conocer y evaluar las necesidades de la persona, la terapia comienza desde la primera sesión.

En relación a este punto, me gustaría señalar que la psicología no funciona como una pastilla. Es decir, necesita de un proceso que requiere tiempo y trabajo activo con diferentes variables. El ser humano es complejo con multitud de elementos interrelacionados, por lo que no podemos pretender cambiar las cosas con una única herramienta o reflexión. El abordaje de las diferentes áreas va realizándose como un puzzle en el que poco a poco vamos viendo resultados. Igual que si nos proponemos hacer una maratón necesitaremos un entrenamiento, la preparación de diferentes músculos, nutrición adecuada, constancia… en terapia nos encontraremos con un recorrido y varios ingredientes para obtener los resultados que nos propongamos.

¿Qué nos aportará?

Cuando tomamos la decisión de pedir ayuda estamos dando un primer paso muy importante en la recuperación ya que estamos poniendo intención en afrontar lo que nos pasa. Además nos permitirá mejorar la gestión emocional, aumentar el autoconocimiento, incorporar estrategias para afrontar los problemas y una mejora en la calidad de vida.

Por último comentar que en la psicología hay diferentes orientaciones (¡esto daría para otro post!) y que cada terapeuta tiene su metodología, así que me he basado en mi visión intentando esclarecer las dudas que puedan surgir a las personas que estén aquí. Si tienes alguna pregunta o crees que te puedo ayudar, no dudes en contactarme, ¡estaré encantada de leerte!

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