Verano 2020: una oportunidad para “volver al cuerpo”


“La atención al cuerpo nos permite vivir plenamente. Nos aporta curación, sabiduría y libertad”

Jack Kornfield – “La sabiduría del corazón”


Poco a poco nos sumergimos en el calor, el ambiente estival, las noches de verano… todo esto acompañados de la situación especial que estamos viviendo y “todos sus avíos” como dirían en mi tierra (mascarilla, distancia social, la nueva normalidad…). Estos dos elementos se dan unidos en un momento en el que salimos de un encierro. Además, estos meses hemos integrado mensajes de peligro continuados y ahora se nos invita a que viajemos, compremos y reactivemos la economía.

Esto en nuestro cerebro supone una ambivalencia y se pueden dar sensaciones contrarias, por ejemplo motivación y ganas de salir, unido a miedo y preocupación por lo que pueda pasar. No olvidemos que seguimos en un periodo de gran incertidumbre y que, como seres humanos, esto nos afecta en nuestras rutinas, planes, en la sensación de control que normalmente tenemos y, por supuesto, en nuestro organismo.

Es por todo ello que antes de irme de vacaciones quería escribir un pequeño texto sobre volver al cuerpo como una estrategia muy poderosa para estos tiempos que corren y para la vida en general. Sin olvidar que la recuperación de la vida en el cuerpo es un largo proceso ya que estamos acostumbradxs a su negación y a ignorar su sabiduría.

Escuchando nuestro organismo

Por un lado, el cuerpo es el lugar donde vivimos, el espacio dónde podemos experimentar la realidad desde diferentes modalidades. Es nuestra casa y hogar. Por otra parte, debido a nuestra sociedad y cultura, la mayoría de nosotrxs solo le prestamos atención a nivel estético para seguir la norma establecida de lo que es “bonito” y “feo”, o lo que está “bien” o “mal”. O cuando aparece algún síntoma que nos incomoda y que puede estar relacionado con alguna enfermedad.

A pesar de las creencias y normas establecidas, nuestro organismo va mucho más allá del aspecto externo. Es un canal de información grandísimo, nos da muchas posibilidades para disfrutar de la vida y sentirnos más conectados con lo que realmente somos. Tomar consciencia de nuestro cuerpo es un aprendizaje. Si nos atrevemos a abrir esa puerta iremos notando cada vez más elementos que pasaban desapercibidos y que nos ayudarán a estar más alineados con nosotros mismos y con lo que necesitamos momento a momento.

Voy a sugerir un ejercicio que podéis hacer para comenzar este viaje y si os gusta siempre podéis explorar más o buscar algún espacio donde se trabaje la consciencia corporal y el embodiment. En Umai es una parte fundamental del trabajo terapéutico.

Una práctica para explorar…

En estos últimos meses hemos pasado mucho tiempo sentados, con la misma posición durante horas. Para un momento, ¿qué postura tiene tu cuerpo? ¿Estás cómodx? ¿Hay alguna tensión? Cierra los ojos, escucha, ¿hay algún movimiento que necesitas hacer? 

Sitúate en una posición encorvada (hombros hacia delante, cabeza hacia abajo, espalda redondeada). Sin entrar en juicios, ¿cómo te sientes? ¿Hay alguna emoción? ¿Algún pensamiento? ¿Cómo son las sensaciones y mensajes de tu cuerpo?

Ahora pasa a una posición expansiva (hombros hacia atrás y abajo, cabeza y espalda erguida sin forzar, torso abierto). Repite las preguntas y compara entre la primera opción y la segunda.

Normalmente asociamos la primera posición con una actitud más preocupada, triste o cerrada, mientras la segunda representa apertura, confianza o seguridad. Podemos observar que los estados corporales participan e influyen en la mente y las emociones. Somos un todo interrelacionado y las diferentes partes se retroalimentan entre sí. 

En una sociedad donde se prioriza y se le da tanta importancia a la actividad mental, supone una buena opción realizar estrategias de este tipo (embodiment) que nos ayudan a bajar al cuerpo y no estar tanto en la cabeza y, por lo tanto, nos aportan equilibrio e integración.

Conexión

Estas prácticas nos sirven para conectar con nuestras emociones, con cómo nos sientan determinadas comidas, espacios o actividades. Y nos permiten aumentar nuestra consciencia para ir acercándonos cada vez más a lo que queremos o necesitamos. Por ejemplo, al darnos cuenta de la existencia de alguna tensión podemos poner la intención en soltar o relajarla. Este ejercicio le va recordando al sistema nervioso que se puede aflojar y va creando poco a poco un nuevo aprendizaje.

Cultivar la conciencia corporal nos puede dar pistas de cuándo estamos cómodos y cuándo no, y así ir jugando para no sobrepasarnos si alguna situación es difícil para nosotros. Dado el contexto actual, es normal que estemos más sensibles o que notemos más movimiento en nuestro cuerpo. Nos encontramos en una crisis mundial y esto afecta a nuestro sistema nervioso. Esto subraya la importancia de fomentar el autocuidado de forma que podamos hacer balance con la alarma, el miedo y la preocupación por todo lo que estamos viviendo.

Sin más, os deseo unos buenos días de verano. Que podáis conectar con vuestro cuerpo y disfrutar de todas las cosas que nos rodean a través de él. Explorar, jugar y elegir qué es lo que más nos sirve o funciona en cada momento. Nuestro cuerpo posee muchos recursos solo hay que cultivar su escucha para dejar que se exprese sin bloquearlo.

Un par de videos:

  • Programa Tres14 de La 2 de RTVE dedicado al embodiment
  • Video que refleja de forma hermosa y con un bonito texto algunas de las posibilidades de nuestro cuerpo

Volviendo a nuestro ecosistema

La naturaleza no es un lugar para visitar. Es el hogar

Gary Sherman Snyder


La relación entre ser humano y naturaleza está siendo actualmente un tema de debate en el ámbito académico, político e incluso en las conversaciones del día a día. Por una parte, se observa una relación desigual entre estos dos elementos en la que han predominado los intereses y necesidades del ser humano a los del medio ambiente. Por otro lado, existe una tendencia general de desconexión hacia uno de nuestros hogares, el planeta tierra. En ocasiones da la impresión que sólo le ponemos atención cuando algo va mal, por ejemplo, por un desastre meteorológico o por el cambio climático. Esto me recuerda a la relación con nuestro cuerpo. Parece que sólo somos conscientes de su existencia y su importancia cuando éste enferma o duele. La misma dicotomía que encontramos entre mente y cuerpo, la volvemos a ver entre ser humano y naturaleza. Por eso, cada vez más, se fomentan perspectivas más integradoras con una visión más amplia y completa de quiénes somos teniendo en cuenta el entorno.

Algunas evidencias y proyectos

Este aumento de interés por la naturaleza está teniendo repercusión en la investigación sanitaria. Cada vez existen más artículos que estudian los efectos saludables a nivel biopsicosocial que puede producir y provocar el contacto con la naturaleza.

Así pues, existen varios artículos científicos que hablan sobre el tema que nos concierne. Por ejemplo, un estudio publicado en la revista Frontiers in Psychology indica que dedicar, al menos, 20 minutos al día para pasear o sentarse en un lugar en contacto con la naturaleza reduce significativamente la hormona del estrés, el cortisol. Por lo tanto, esto nos puede ayudar en situaciones de ansiedad o depresión. En relación con este hallazgo, cabe destacar una práctica japonesa llamada Shinrin Yoku” (baño de bosque), la cual consiste en pasar tiempo en la naturaleza con el objetivo de mejorar y aumentar la salud, el bienestar y la felicidad. En Estados Unidos incluso han creado una asociación sobre esta terapia del bosque y entre las pautas que recomiendan podemos destacar las siguientes: 

  1. Conectar con la naturaleza.
  2. Prescindir de la prisa.
  3. Prestar atención al paisaje que nos rodea.
  4. Dedicarle tiempo.

En resumen, sería establecer un contacto con la naturaleza con atención plena, curiosidad, presencia y observación. Habilidades que se relacionan también con la práctica del mindfulness.

Una cabaña del Hospital de Oslo

Asimismo, otra prueba que subraya la importancia de volver a la naturaleza es la incorporación de cabañas en el bosque en algunos hospitales de Noruega. Estas cabañas permiten a los pacientes que requieren un tratamiento largo contar con un espacio más cerca del bosque. De esta manera, se promueve una recuperación en un ambiente más agradable y tranquilo que favorece una mayor calidad de vida durante el ingreso.

En la Universidad de Exeter (Reino Unido) están especializados en el estudio de la psicología ambiental y además de hablar de los espacios verdes, ponen el foco en los azules, el agua. Expertos en esta área nos indican que estos espacios están asociados a mejores niveles de vitamina D y beneficios en la salud psicoemocional y física. Este otro estudio nos revela que hay una relación entre el bienestar percibido de los participantes y la cercanía a un medio natural.

Finalmente, para mostrar cómo la naturaleza nos puede influir desde pequeños, es interesante comentar otro estudio liderado por el Instituto de Salud Global (ISGlobal). En éste se indica que los niños/as que durante su infancia tuvieron más contacto con espacios naturales gozan de una mejor salud mental cuando llegan a la edad adulta.

Beneficios y propuestas

La naturaleza nos permite respirar aire puro, promueve el contacto con el ser y no con el hacer, amplía nuestra creatividad, favorece el movimiento del cuerpo, la reflexión o la observación sin expectativas. A nivel mental poder caminar un rato en este entorno nos puede ayudar a calmar un exceso de actividad cognitiva. Estos son algunos de los múltiples beneficios que nos da. Además, favorece la conexión con nuestra esencia, con nuestro instinto y con los sentidos, creando una sensación de formar parte y de integración con nuestro ecosistema. Somos parte del medio y funcionamos con él, el sol, el clima, los árboles y los demás seres están interrelacionados con nosotros. Por eso cuando estamos un tiempo en este tipo de entorno nos solemos sentir mejor. En definitiva, la naturaleza nos brinda muchas posibilidades y mejora nuestra salud integral. 

Así pues, teniendo en cuenta lo beneficioso que es pasear por parques o playas, os propongo dedicar un poco de tiempo diario a conectar con el espacio natural que tengáis más cerca. Podéis estar atentos a cuáles son vuestras sensaciones antes de la práctica y si son diferentes una vez finalizada. Espero que lo disfrutéis y si queréis compartirlo conmigo estaré encantada de leeros!

*Este artículo se ha escrito en colaboración con Irene Lasaga Mateu,
Graduada en Psicología por la UB.

El verano: una oportunidad para contactar con la naturaleza

«Quien ha aprendido a escuchar a los árboles ya no desea ser un árbol. No desea ser más que lo que es.»

Hermann Hesse

Empieza el mes de agosto, muchos disfrutarán de vacaciones y otros estarán trabajando. Sea como sea el clima que nos envuelve es caluroso y tener más horas de sol nos invita a salir, compartir o a ir a la naturaleza.

Quería aprovechar este escrito para conectarlo con el último post. Porque no solo es salud integrativa el contemplar las diferentes partes de nosotros mismos, también consiste en ser conscientes de que formamos parte de un ecosistema constituido por ritmos y elementos que se interrelacionan y nos afectan. Mis palabras de hoy son una invitación a la reflexión en este aspecto. 

Por una parte, si entramos en contacto con la naturaleza y nos posicionamos en una actitud observadora nos daremos cuenta de que hay mil cosas que están pasando y de las cuales no solemos ser conscientes. Utilizando mi propia experiencia de esta mañana voy a enumerar algunas. El cielo con su amplitud iba mostrando diferentes nubes que pasaban, podía escuchar el zumbido de las abejas recogiendo polen, el silbido de los pájaros, el sonido del aire en las árboles, las moscas, los diferentes tipos de flores, plantas y vegetación que me rodeaba, insectos cada uno con sus colores y formas, el olor a pino, la sensación del sol en mi piel… Y yo misma me sentía parte de aquello, un elemento más. Todo estaba bien y me sentía tranquila, había muchos seres diferentes pero formaban un conjunto perfecto, con sus funciones, sus ritmos, sus características. Todo aquello en comparación con la vida cotidiana que solemos llevar no tenía nada que ver. Si únicamente observamos, las prisas, el miedo o el rechazo a lo diferente, la necesidad de control o los juicios no son palpables en una situación como la descrita anteriormente. La naturaleza nos hace, por tanto, contactar con nuestra esencia, nos posiciona en el presente y nos brinda calma.

Por otra parte se facilita el sentimiento de pertenencia. Sin pretensión de hacer un análisis exhaustivo sobre esto, quiero hacer referencia de forma resumida. Esto es algo que evolutivamente buscamos los humanos siempre, formar parte de algo y es saludable. El problema es que muchas veces el miedo al rechazo que nos hace ponernos máscaras, hace que no sintamos genuinamente esa conexión. Al estar en el medio ambiente y observarlo con mente de aprendiz nos podemos encontrar sin darnos cuenta con esa conexión y pertenencia.

La salud integrativa tiene en cuenta el mundo en el que vivimos y cómo formamos parte de sus ciclos. Esto nos hace además ir aumentando el cuidado hacia nuestro segundo hogar que es el planeta tierra. 

En esta época se escucha mucho la expresión “¡que desconectes!”, y yo os deseo que podáis conectar con vosotros mismos y con la naturaleza. Y si os apetece, un día que estéis en la playa, el bosque, un jardín, un río, un lago o un parque, probad a respirar y sentir cada pequeña cosa que sucede en ese momento. Un abrazo y que tengáis un agosto estupendo.

Mindfulness

¿Las pequeñas cosas? ¿Los pequeños momentos? No son tan pequeños.

Jon Kabat-Zinn


En la actualidad, encontramos gran cantidad de información relacionada con el mindfulness, atención plena, meditación o yoga. En los últimos tiempos, los occidentales hemos ido incluyendo gradualmente técnicas utilizadas desde hace miles de años en la sociedad oriental. Esto ha influido en que cada vez se hagan más estudios científicos, que comprueban la eficacia de incluir estos hábitos en nuestra salud mental y física.

Se puede escribir mucho sobre este tema que me apasiona, pero en esta entrada me gustaría hacer una aproximación sencilla para poder entender el concepto de forma general.


¿Por qué nos puede ayudar?


Piensa en el día de hoy, ¿cuántas veces has estado concentrado/a en la actividad que llevabas a cabo? ¿Cuántas veces has sido consciente del lugar donde estabas, las personas que has visto o los sonidos, olores y sensaciones que sentías?

La mayoría de nosotros a lo largo del día tenemos nuestra mente anclada en preocupaciones del futuro o del pasado, a veces realizamos tareas como autómatas (comer, ducharnos, ir en transporte público…), no prestamos atención a nuestro cuerpo (únicamente cuando nos duele algo) o no apreciamos los elementos que nos rodean. Vivir en piloto automático puede influir en el aumento de estrés, la sensación de desconexión, la sobreidentificación con los pensamientos o la ansiedad.

Esta dinámica es consecuencia del ritmo frenético de nuestra sociedad unido con la función evolutiva de nuestro cerebro para protegernos. No es nuestra culpa llegar a ese punto, pero sí puede ser nuestra responsabilidad favorecer el aprendizaje de herramientas que puedan hacer un contrapeso en la balanza y nos ayuden a estar más conectados con lo que está pasando.


¿Cuál es la propuesta?


A través de diferentes ejercicios se intenta entrenar la mente con el objetivo de favorecer una actitud presente y sin juicio. Cualquier persona puede hacerlo. Se recomienda realizarlo de forma gradual y al principio contar con alguien con experiencia que sirva de guía y soporte en las dificultades. Es como ir al gimnasio de la mente, necesita práctica y constancia. Además, nos encontramos con multitud de técnicas diferentes, lo que facilita la adaptación de éstas a la persona y a sus circunstancias.

Como vemos, la atención plena propone estar presente en nosotros mismos y lo que nos envuelve. Algunas personas creen que esto consiste en poner la mente en blancoy dada la exigencia que eso supone (al ser algo imposible) rechazan probarlo o seguir intentándolo. Realmente, se asemeja más a cambiar el foco, a hacer visible esa parte de la foto que sale borrosa y aceptar la situación presente en su conjunto, sin darle toda la importancia solo a un único elemento, que en general suele ser el pensamiento. Se trata de ir tomando distancia y disminuyendo el juicio de me gusta o no, está bien o mal, es feo o bonito. Lo que implica a su vez un trabajo de aceptación.

También, personas muy activas pueden pensar eso no es para mí, soy incapaz de estar quieto/a. Justamente ahí está el reto y quizás es un aprendizaje que pueda servir para disminuir un poco el ritmo. No solo consiste en estar sentado, ¡hay muchas propuestas en movimiento!

Personalmente, considero que son estrategias muy poderosas frente a los tiempos que vivimos de sobreestimulación. En terapia me parece interesante incluirlas como un elemento más para observar qué pensamientos y emociones aparecen y poder, a partir de ahí, darles espacio y trabajarlos, además de para conectar con el momento presente y reducir estrés, ansiedad… Es un recurso que todos tenemos y podemos explorar viendo las modificaciones que se dan en nuestro día a día y como aumenta nuestro bienestar de una forma sencilla.


Un pequeño ejercicio…


Cierra los ojos, inhala contando hasta 4, retén 1 y exhala en 6 tiempos. Siente tus pies tocando el suelo, abre los ojos lentamente. Mira a tu alrededor, ¿dónde estás? ¿Cuál es tu postura? ¿Qué elementos o personas te rodean? ¿Hay algún olor, algún sonido? ¿Estás tocando algo, cuál es su textura? ¿Qué día es hoy? ¿Qué temperatura hace?. Intenta envolverte de todos los elementos que están presentes en este momento. Una vez termines, vuelve a respirar y relaja tu atención.

Cada persona tendrá una experiencia diferente, le aparecerán reflexiones, dudas o emociones. Si quieres comentar algo no dudes en hacerlo y si tienes ganas de profundizar en la atención plena o mindfulness, ¡estaré muy contenta de poder acompañarte!

Para finalizar os comparto este video que ofrece un resumen de los beneficios probados de la meditación:

¿De dónde viene Umai?

La palabra Umai aparece de la unión de Umi (mar en japonés) junto a la a de amor. El mar puede simbolizar de diferentes maneras la psicología, además de ser un lugar que nos induce a un estado de atención plena, relajación, calma y plenitud. Elementos que todos buscamos y que se trabajan en terapia.

Las olas que van y vienen y su sonido nos recuerdan a la respiración, un proceso tan importante para la vida, además de un recurso que es utilizado en sesión como ancla al presente. La profundidad del océano puede reflejar todas aquellas cosas que guardamos a lo largo de nuestra historia formando en la superficie diferentes mareas que representan nuestro cuerpo, pensamientos y emociones. Muchas veces llegamos a terapia con el problema focalizado en la punta del iceberg y conforme vamos ahondando descubrimos otros elementos escondidos que nos ayudan a comprenderlo en su conjunto y a sanarlo. También, otra forma de asociar el mar con el proceso terapéutico es visualizar la imagen de construir un barco estable y seguro que nos permita navegar a pesar del clima emocional, ya sea en días soleados o con tormenta y grandes olas.

Es por todo ello que espero que pueda inspirar y resonar en otras personas para comenzar a navegar en su interior y aumentar su amor por ellos mismos y lo que les rodea.