Psicología y naturaleza: responsabilidad individual y colectiva en tiempos de crisis

«Podemos tener un mundo pacífico. Podemos avanzar hacia un mundo donde podamos vivir en armonía con la naturaleza, donde vivamos en armonía con los demás. No importa de qué nación provengamos, no importa cuál sea nuestra cultura, no importa qué religión profesemos. Este es el camino hacia el que debemos avanzar»

Jane Goodall


En estos últimos días hemos visto cómo están ocurriendo cosas en la naturaleza que nos resultan llamativas y diferentes. A nivel personal me ha impactado positivamente observar cómo el confinamiento y el cambio de patrón de consumo y de hábitos ha provocado que nuestro entorno se exprese con mayor libertad y salud. Estamos viendo una bajada de la contaminación, cielos y aire limpios en capitales, animales por las ciudades… Esto supone un bálsamo entre todo el dolor y la crisis que estamos transitando. En este artículo recopilo información, añado mi perspectiva como psicóloga y abro una pregunta, ¿qué tipo de sociedad queremos crear cuando termine todo esto?

*Al final del post encontrarás varios artículos que reflejan estos cambios, te recomiendo leerlos para darle más sentido a este texto.

Para comenzar pensé que podría ser interesante saber la opinión de Juliana Cortés Rincón, ecóloga colombiana con maestría en biodiversidad y gran amiga. Ella me comentaba que “todo este cambio en la naturaleza es debido a que la realidad del ser humano ha cambiado. Por lo que si volvemos a los mismos patrones (económicos, producción en masa, ruidos, contaminación, turismo y consumo excesivo) este respiro no provocaría ningún impacto positivo. Llevamos mucho tiempo con dinámicas que han provocado muchos efectos negativos en el medio ambiente, así que este pequeño espacio no sería suficiente para regenerar océanos y bosques.” Para que veamos un cambio importante se necesita consciencia y acción colectiva. En esta línea, Juliana me expresaba su inquietud sobre cómo podríamos entender la situación y en base a eso tomar acción. 

Psicología y responsabilidad individual y colectiva.

Existe un consenso científico general de que el cambio climático está causado por el factor humano. Nuestras dinámicas de consumo y estilo de vida provocan un impacto notable en el medio ambiente. Sin embargo, en general no existe una conciencia colectiva de este hecho, es algo que puede parecer que no depende de nosotros, que no nos va a tocar o que es demasiado complejo y por lo tanto no se puede hacer nada. Es importante entender que la crisis climática no solo afecta a la naturaleza externa a nosotros y que este tipo de comportamientos provoca a medio/largo plazo una consecuencia en nosotros. Ejemplos de esto pueden ser el agravamiento de los problemas respiratorios que se dan debido a los altos niveles de contaminación o las inundaciones que van comiendo terreno a los entornos habitados provocando en muchos casos daños materiales y físicos a las personas.

Algunos pensamientos y creencias hacen que pongamos la responsabilidad en otros, “los políticos, los expertos, las cumbres… tendrían que solucionar este problema”, esto nos hace, sin darnos cuenta, instalarnos en una dinámica de queja que no nos ayuda a la hora de tomar las riendas y participar en este problema que nos perjudica a todos y que también está dejando un daño irreversible a las generaciones futuras. En conclusión, nuestras creencias y pensamientos pueden alejarnos de qué es lo que podemos hacer cada uno y fomentar que tengamos conductas más pasivas.

Este espacio de tiempo está demostrando con hechos que para que exista un cambio es necesario la participación activa de los ciudadanos. Como decía, el comportamiento humano es uno de los factores que más incide en el cambio climático. Ninguna acción es pequeña ni insignificante frente a esta amenaza global. Para que exista un cambio colectivo, lo tenemos que llevar a cabo a nivel individual y esto implica coger responsabilidad y adquirir compromiso.  Parar la rueda de nuestros hábitos automáticos y darnos un tiempo para reflexionar y preguntarnos, ¿qué puedo hacer yo para favorecer una sociedad más sana y sostenible aquí y ahora? 

Algunas ideas que se me ocurren para introducir están relacionadas con practicar minimalismo y consumo consciente, reducir el uso de plásticos, reciclar, participar en dinámicas de consumo que favorezcan la sostenibilidad (pequeños comercios, pequeños agricultores locales), el uso de transporte público o aún mejor nuestras piernas o bici. Podemos replantearnos nuestros hábitos de compra y si necesitamos todo lo que tenemos o se pueden reducir algunas cosas. Ahora estamos comprobando que también podemos relacionarnos por videollamada, quizás muchos viajes de trabajo podrían reducirse con el uso de esta herramienta. En este sentido la ecóloga Juliana Cortés nos sugiere como idea “destinar una pequeña aportación económica o de voluntariado a alguna ONG que se dedique a la conservación del medio ambiente, ya que un aporte pequeño ya significa mucho en un entorno donde los gobiernos no invierten dinero”. Seguro que entre todos se nos ocurren pequeños actos del día a día que podemos hacer de manera distinta e ir ampliándolos para fomentar otras acciones orientadas a reducir el cambio climático. 

Asimismo, pienso que el trabajo personal y el autoconocimiento favorece la aparición de hábitos más saludables con nosotros y con el medio ambiente. Cuando vamos a terapia habitualmente nos dirigimos a poder conocernos, observar nuestros pensamientos y emociones, responsabilizarnos y respetarnos. Cuando se van afianzando este tipo de cambios individuales se puede observar también esa misma dinámica hacia afuera, con conductas más respetuosas y más amables con los demás y con el entorno. Creando una retroalimentación positiva, ya que también realizar este tipo de acciones más respetuosas influye en nuestro estado anímico.

Sentimiento de pertenencia y de interdependencia con el medio: Del EGO al ECO.

Por último y no menos importante, nos encontramos el sentimiento de conexión y pertenencia a un colectivo. Darnos cuenta de que formamos parte de una humanidad compartida, que a pesar de todas las diferencias, en lo esencial estamos unidos. Tenemos un cuerpo con sensaciones, pensamientos, emociones y todos tratamos de evitar el dolor y aferrarnos al placer. Hace un par de meses, cuando veíamos lo que pasaba en China muchos no le prestábamos demasiada atención. Estamos acostumbrados a que nos comuniquen que personas de otros países están pasándolo mal, pensamos que mientras no nos toque a nosotros podemos estar tranquilos. Este virus nos ha hecho sentir que vamos todos en el mismo barco, que todos somos igual de vulnerables y que cooperar nos sale más a cuenta que competir o ignorar.

El siguiente paso es entender que además de formar parte de un colectivo humano, convivimos con otros seres vivos y habitamos un planeta el cual nos da los recursos para que podamos vivir (oxígeno, alimento, espacio…). Escribiendo esto me viene a la mente que es algo muy sencillo que todos hemos aprendido de pequeños pero que quizás no lo hemos integrado y comprendido a un nivel más profundo. Actualmente nos encontramos en un punto en el que situamos al ser humano por encima de todo y además con una visión que tiende a lo individual como comentaba en el anterior párrafo. Esta creencia hace que la mayoría de nuestras acciones cotidianas no contemplen el bienestar del medio ambiente, simplemente porque no es una preocupación que tengamos. Es por ello que me parece fundamental, y más con la oportunidad que estamos teniendo de cambio, abrir espacios y hablar de ello con el objetivo de promover reflexión. De esta forma, contribuiremos poco a poco a crear una sociedad más justa, más sana y más sostenible.

Si leyendo este texto se os ha ocurrido alguna pequeña acción que podéis realizar a nivel individual que genere impacto colectivo me encantaría que la compartierais para que nos sirva de inspiración.

Recursos recomendados para estos tiempos

  • Artículo sobre cambio climático y salud mental del colegio de psicología.
  • Listado de pequeños agricultores y productores en diferentes comunidades.
  • Web app del servicio de salud de cataluña para la gestión emocional.
  • Artículo sobre salud mental y confinamiento. Colaboración con Diario16
  • Entrevista sobre salud mental y crisis por el Covid-19. Colaboración con Proyecto Brisa

Artículos sobre el impacto de la crisis del COVID-19 en el medio ambiente.

  • El planeta, el principal beneficiado por el coronavirus.
  • El Himalaya vuelve a verse desde algunos puntos de la India por primera vez en 30 años.
  • La crisis del coronavirus reduce los ruidos sísmicos de la tierra.
  • Los animales no se quedan en casa por el coronavirus.
  • Juliana Cortés nos recomienda este artículo por si a alguien quisiera abordar con más profundidad la relación entre las infecciones y la crisis climática.

Sobre salud mental y COVID-19: aprendizajes, reflexiones y sugerencias

“La paranoia y el miedo
no son, ni serán el modo,  
de esta saldremos juntos
poniendo codo con codo”

Jorge Drexler

Como ya todos sabemos, nos encontramos en medio de una crisis a nivel global. Cada uno de nosotros lo está viviendo de una forma distinta según sus circunstancias y situación personal, pero hay una serie de elementos que se pueden presentar en todos nosotros y de los que me gustaría hablaros por si pudiese servir a alguien.

En este momento existe una gran incertidumbre generalizada, no sabemos qué va a pasar, ni sabemos muy bien cómo comportarnos. Se trata de una situación nueva que conlleva una posible amenaza a la salud. Es por ello que nuestro cuerpo y mente reaccionan para protegernos y provocan una emoción asociada, el miedo, que está relacionado con el instinto de supervivencia. Es normal sentir miedo, tristeza, enfado o frustración y en ese sentido hay que dar espacio a las emociones y ver cómo traspasarlas. Lo que pasa, a veces, es que la mente continúa formando escenarios o situaciones que no están pasando como, por ejemplo, pensar que se van a vaciar los supermercados y no vamos a estar abastecidos. De esta manera, podemos sentirnos ansiosos o con un exceso de malestar, ya que nuestro cerebro responde a los pensamientos como si fueran la realidad. Esto explica también que tengamos conductas para protegernos intentando manejar cosas que escapan de nuestro control y que nos pueden hacer sentir peor. Siguiendo con el anterior ejemplo, una respuesta a ese miedo sería ir a comprar 10 paquetes de papel higiénico al supermercado.

El párrafo anterior presenta de forma resumida una explicación de por qué se pueden producir reacciones de miedo intenso con lo que estamos viviendo. Además, al ser un problema que afecta a toda la población, los sentimientos se pueden magnificar y podemos influirnos con más facilidad los unos a los otros. Esta influencia se puede dar tanto en negativo como en positivo. Por eso en este texto mi pretensión es dar unas pautas para inspirarnos y que podamos reforzarnos positivamente unos a otros.

Proceso individual y colectivo

Una de las consecuencias de esta pandemia es que se subraya que lo individual tiene un impacto en lo colectivo. Cada uno de nosotros solo podemos hacer lo que está en nuestra mano y cualquier cosa que aportemos hará que todos estemos mejor. En este sentido, mi sugerencia es que cambiemos el actuar y participar desde el miedo a que lo hagamos desde la confianza y desde la consciencia colectiva. Para ello es muy importante estar atentos a nuestros pensamientos, intentar realizar interpretaciones realistas y no favorecer el estado de alarma. Por otro lado, nos ayudará el sentirnos útiles y parte de la solución, propiciando el bienestar individual y colectivo.

Por otra parte, tenemos que tener en cuenta que nos encontramos en un proceso. No es algo que se vaya a resolver de un día para otro, ni hay una única solución. Por la sociedad en la que vivimos, podemos estar acostumbrados a que las cosas sean rápidas e inmediatas, pero en realidad la vida no funciona así. Nos movemos con ritmos, fases y ondas que conllevan un tiempo y requieren de múltiples factores. Por eso mismo, ahora es un buen momento para practicar la paciencia y la aceptación. Estas cualidades además nos van a servir para muchas más cosas en la vida, ya que las cosas que no se compran siempre requieren de un proceso.

La calma como factor de protección

Asimismo, me gustaría mencionar una parte del cuerpo fundamental: el sistema inmune. Como ya sabéis es el sistema que se encarga de defendernos de virus, bacterias e infecciones. En este momento es una parte clave. Pues resulta que éste se puede ver debilitado por un estrés mantenido. Es innegable que estamos en una situación estresante, ahora bien, aquí sí que podemos actuar para contrarrestar los efectos. Igual no está en nuestra mano que hagan una vacuna, cierren fronteras o hayamos pillado el virus pero sí intentar aumentar nuestro sistema de calma y que así nuestro cuerpo esté más fuerte y protegido. En esto me gustaría detenerme un momento. Como he comentado anteriormente, cuando estamos intentando controlar cosas que no están a nuestro alcance, nos podemos sentir peor, más estresados, con más miedo, enfado, etc. Todo esto puede pasar sin que nos demos cuenta, por eso es importante tomar consciencia de ello y enfocarnos en otros elementos en los que sí podemos actuar. Entrenar la calma, la serenidad o la tolerancia a la incertidumbre serían opciones a nuestro alcance y más amables con nosotros mismos.

Tiempo de aprendizajes, cambios y agradecimiento

No podemos olvidar que toda crisis conlleva aprendizajes y cambios. Es una época que implica reflexión y revisión de cosas que igual ya no nos funcionan y que podemos modificar. Observar los beneficios que nos puede traer, tanto a nivel personal como colectivo, es un ejercicio saludable. Por ejemplo: se está reduciendo la contaminación, tenemos la oportunidad de parar y revisar, se está dando espacio a la creatividad, a pesar de estar aislados hay más motivación por crear comunidad, hay muchas personas ofreciendo gratuitamente contenido o se están explorando nuevas posibilidades como el teletrabajo. También, podemos valorar lo que ya tenemos y valorar el trabajo de personas que permiten que estemos vivos y lo hacen lo mejor que pueden (personal de limpieza, sanitarios, personal de supermercado, agricultores, transportistas, periodistas, científicos, ingenieros, arquitectos…). Todos cumplimos una función y darnos cuenta y agradecerlo también nos ayuda a mejorar nuestra salud mental y reconfortarnos entre todos en esta época de crisis.

Algunas sugerencias prácticas 

En este punto me gustaría enumerar algunos elementos que recomiendo para cuidar nuestra salud mental en estos días:

  • Evitar la sobreinformación. Elegir un medio de comunicación fiable y no consultar más de 1 o 2 veces al día. No confiar en los mensajes recibidos sin un origen fiable.
  • Estar conectado con los seres queridos a través de la tecnología.
  • No estar hablando todo el día sobre el mismo tema.
  • Crear rutinas, incorporar ejercicios de respiración y movimiento.
  • Si se puede, utilizar el humor
  • Dejar que fluya la creatividad, probar a hacer cosas nuevas.
  • Leer, ver una película, hablar con amigos por videollamada, escuchar música, escribir…
  • Entrenar la mirada hacia lo positivo, la oportunidad, el beneficio.

Toda esta situación conlleva un reto. Ahora tenemos la oportunidad de practicar y mejorar cosas que nos pueden servir el resto de nuestra vida. No es fácil, a momentos es desagradable pero también tiene su parte de aprendizaje y evolución. El ser humano es capaz de adaptarse a casi todo. Es momento de poner a las personas en el centro, de cuidarnos a nosotros mismos y a los demás, de entrenar nuevos recursos y de conectar con la confianza y el amor. Todo esto pasará y saldremos fortalecidos. 

Como apunte final comentar que si hay alguien leyendo este texto y se encuentra muy sobrepasado por la situación, que no dude en pedir ayuda. Es normal que a veces no encontremos el camino para salir o que necesitemos un profesional para orientarnos. Os mando un abrazo.

Recursos

Volviendo a nuestro ecosistema

La naturaleza no es un lugar para visitar. Es el hogar

Gary Sherman Snyder


La relación entre ser humano y naturaleza está siendo actualmente un tema de debate en el ámbito académico, político e incluso en las conversaciones del día a día. Por una parte, se observa una relación desigual entre estos dos elementos en la que han predominado los intereses y necesidades del ser humano a los del medio ambiente. Por otro lado, existe una tendencia general de desconexión hacia uno de nuestros hogares, el planeta tierra. En ocasiones da la impresión que sólo le ponemos atención cuando algo va mal, por ejemplo, por un desastre meteorológico o por el cambio climático. Esto me recuerda a la relación con nuestro cuerpo. Parece que sólo somos conscientes de su existencia y su importancia cuando éste enferma o duele. La misma dicotomía que encontramos entre mente y cuerpo, la volvemos a ver entre ser humano y naturaleza. Por eso, cada vez más, se fomentan perspectivas más integradoras con una visión más amplia y completa de quiénes somos teniendo en cuenta el entorno.

Algunas evidencias y proyectos

Este aumento de interés por la naturaleza está teniendo repercusión en la investigación sanitaria. Cada vez existen más artículos que estudian los efectos saludables a nivel biopsicosocial que puede producir y provocar el contacto con la naturaleza.

Así pues, existen varios artículos científicos que hablan sobre el tema que nos concierne. Por ejemplo, un estudio publicado en la revista Frontiers in Psychology indica que dedicar, al menos, 20 minutos al día para pasear o sentarse en un lugar en contacto con la naturaleza reduce significativamente la hormona del estrés, el cortisol. Por lo tanto, esto nos puede ayudar en situaciones de ansiedad o depresión. En relación con este hallazgo, cabe destacar una práctica japonesa llamada Shinrin Yoku” (baño de bosque), la cual consiste en pasar tiempo en la naturaleza con el objetivo de mejorar y aumentar la salud, el bienestar y la felicidad. En Estados Unidos incluso han creado una asociación sobre esta terapia del bosque y entre las pautas que recomiendan podemos destacar las siguientes: 

  1. Conectar con la naturaleza.
  2. Prescindir de la prisa.
  3. Prestar atención al paisaje que nos rodea.
  4. Dedicarle tiempo.

En resumen, sería establecer un contacto con la naturaleza con atención plena, curiosidad, presencia y observación. Habilidades que se relacionan también con la práctica del mindfulness.

Una cabaña del Hospital de Oslo

Asimismo, otra prueba que subraya la importancia de volver a la naturaleza es la incorporación de cabañas en el bosque en algunos hospitales de Noruega. Estas cabañas permiten a los pacientes que requieren un tratamiento largo contar con un espacio más cerca del bosque. De esta manera, se promueve una recuperación en un ambiente más agradable y tranquilo que favorece una mayor calidad de vida durante el ingreso.

En la Universidad de Exeter (Reino Unido) están especializados en el estudio de la psicología ambiental y además de hablar de los espacios verdes, ponen el foco en los azules, el agua. Expertos en esta área nos indican que estos espacios están asociados a mejores niveles de vitamina D y beneficios en la salud psicoemocional y física. Este otro estudio nos revela que hay una relación entre el bienestar percibido de los participantes y la cercanía a un medio natural.

Finalmente, para mostrar cómo la naturaleza nos puede influir desde pequeños, es interesante comentar otro estudio liderado por el Instituto de Salud Global (ISGlobal). En éste se indica que los niños/as que durante su infancia tuvieron más contacto con espacios naturales gozan de una mejor salud mental cuando llegan a la edad adulta.

Beneficios y propuestas

La naturaleza nos permite respirar aire puro, promueve el contacto con el ser y no con el hacer, amplía nuestra creatividad, favorece el movimiento del cuerpo, la reflexión o la observación sin expectativas. A nivel mental poder caminar un rato en este entorno nos puede ayudar a calmar un exceso de actividad cognitiva. Estos son algunos de los múltiples beneficios que nos da. Además, favorece la conexión con nuestra esencia, con nuestro instinto y con los sentidos, creando una sensación de formar parte y de integración con nuestro ecosistema. Somos parte del medio y funcionamos con él, el sol, el clima, los árboles y los demás seres están interrelacionados con nosotros. Por eso cuando estamos un tiempo en este tipo de entorno nos solemos sentir mejor. En definitiva, la naturaleza nos brinda muchas posibilidades y mejora nuestra salud integral. 

Así pues, teniendo en cuenta lo beneficioso que es pasear por parques o playas, os propongo dedicar un poco de tiempo diario a conectar con el espacio natural que tengáis más cerca. Podéis estar atentos a cuáles son vuestras sensaciones antes de la práctica y si son diferentes una vez finalizada. Espero que lo disfrutéis y si queréis compartirlo conmigo estaré encantada de leeros!

*Este artículo se ha escrito en colaboración con Irene Lasaga Mateu,
Graduada en Psicología por la UB.

Minimalismo: Una propuesta de consumo consciente

Conquistar la libertad es conquistar la sencillez. Al final con una línea, con un color basta para hacer el cuadro

Joan Miró


¡Comienzan las fiestas y el inicio del invierno! Todos entramos en una época de compras, encuentros familiares, comidas y bebidas propias de este tiempo. Por eso, creo que puede ser buen momento para hablaros un poco sobre el movimiento minimalista relacionándolo con las fechas en las que estamos.

Lo descubrí este año mientras realizaba una mudanza. He vivido en diferentes sitios y esta experiencia no era nueva. Normalmente, me ha creado mucha pereza y cansancio. Esta vez también pasó, pero hubo algo diferente. Decidí deshacerme de cosas que venían dando vueltas conmigo durante mucho tiempo. Entonces comencé a plantearme cuáles utilizaba realmente y cuáles no, estas últimas las fui dando y reciclando. Conforme más lo hacía, mejor me sentía. Apareció una sensación de soltar, de libertad y ligereza que me gustaba. Veía que no necesitaba tantas cosas para vivir.

Qué pasa cuando consumimos…

Las teorías evolucionistas nos explican que el consumismo está originado por una sensación de insatisfacción que proviene del instinto de supervivencia de nuestros ancestros. Antiguamente los objetivos de nuestros predecesores se basaban en la alimentación y la reproducción, para que estas conductas se repitieran existía un mecanismo en nuestro cuerpo que provocaba placer cuando se realizaban. Este placer no podía durar eternamente porque si en una sola comida se hubiesen sentido satisfechos completamente, no habrían vuelto a comer y nos hubiésemos extinguido. Y, aunque podían ser conscientes de la fugacidad del placer, si la dinámica hubiera sido pensar en esto, no habría habido motivación para repetirlo y por ende sobrevivir.

Actualmente no vivimos de esta forma pero nuestros cerebros parece que siguen funcionando así. Cuando compramos nos sentimos bien durante un momento, aunque luego volvemos al estado anterior. La sociedad de consumo lo sabe y ve que esta conducta es muy interesante para aumentar los beneficios de las empresas. Su herramienta más importante es la publicidad que nos manda mensajes de que “no somos suficientes y no estamos completos si no compramos X producto que nos va a hacer feliz”.

«Azul II» de Joan Miró

La distracción y el miedo

Comprando podemos distraernos de lo que de verdad pensamos, somos, sentimos o de la realidad que nos rodea. El placer que experimentamos se da por el pico de dopamina que comentábamos antes, esto nos puede reconfortar puntualmente pero no soluciona nuestros problemas. Muchas veces sin darnos cuenta, calmamos nuestros deseos con cosas materiales. 

En otras ocasiones podemos encontrarnos con una creencia cultural de miedo a quedarnos sin nada, para ello nuestras mentes nos dirigen hacia acumular porque así nos da la sensación de que nuestro temor no se va a cumplir. Un ejemplo de esto es cuando vemos un frigorífico vacío y pensamos que es triste. Cuando quizás se pueden tener únicamente las cosas que vamos a comer esa semana y así no se van poniendo malas y tenemos que tirarlas. 

¿Realmente necesitamos tantas cosas? ¿Nos aporta valor todo lo que nos rodea? ¿Qué nos estamos perdiendo mientras consumimos compulsivamente? ¿De qué nos estamos distrayendo? Estas fiestas, ¿en vez de focalizarnos en consumir, dónde podríamos poner nuestra atención para sentirnos mejor?

Mi intención con este artículo es lanzar una reflexión al aire, no pretendo deciros lo que hay que hacer, ni qué es lo que está bien o mal. Yo también formo parte de esta cultura y consumo, únicamente me encuentro en un proceso de intentar ser más consciente y en cada vez más ocasiones pienso cuál es mi intención y si realmente es algo que me va a aportar valor. No creo que las cosas sean blanco o negro, no pienso que tengamos que convertirnos en monjes despojados de todo. Como psicóloga mi aportación va en dirección a promover la salud, el autoconocimiento y la consciencia. Desde una atención más plena, nuestras decisiones serán más intencionadas, menos automáticas y conseguiremos sentirnos más completos sin necesidad de recurrir continuamente a lo externo. 

Una pequeña degustación…

Pensad en algo que queráis comprar estas navidades, puede ser un regalo, algo de comida o de decoración. Siéntate y haz una respiración profunda. Sitúate en el momento presente y visualiza cuál es tu objetivo. ¿Quieres tener un detalle con alguien? ¿Aumentar belleza y confort en tu casa? ¿Compartir una comida con tus seres queridos? ¿Qué sentimientos quieres crear con ese objeto o experiencia? ¿Cuál es tu intención genuina?. Ahora puedes probar a hacer esa compra en un establecimiento y poner atención a quién te está atendiendo, el proceso de ese producto hasta llegar a ti, en qué estás invirtiendo tu dinero. Incluso ir a algún pequeño establecimiento en el que puedas hablar con la persona que lo ha hecho o lo ha recogido (un artesano, un agricultor…). Finalmente, agradece el proceso y reflexiona sobre la diferencia de hacerlo así a la de ir en “piloto automático”.

Consumir desde el minimalismo supone centrarnos más en la calidad que en la cantidad. Elegir conscientemente cosas que nos gustan, que nos aporten valor y alegría. Apreciar y agradecer el momento de consumo, no haciéndolo de forma automática. Favorecer una rueda de consumo más sostenible y a pequeña escala, incluyendo en nuestra dinámica de consumo alguna compra en pequeños establecimientos, optando por un regalo experiencial (en lugar de material) o por productos que no tengan una larga cadena hasta llegar a tus manos. Así también estás reforzando a productores de tu tierra y reconociendo su trabajo y calidad. 

En conclusión, todo este movimiento aparte de mejorar nuestra salud, es sostenible y crea conductas más amables con el medioambiente. Ya sabéis, todo esto es un proceso, no es un día para otro, pero los resultados a largo plazo son muy satisfactorios, así que estas navidades os animo a incluir alguna compra consciente. 

Para finalizar el último artículo del año me gustaría agradecer a quien lo haya leído su tiempo y su interés. Os deseo que estos días podáis disfrutar de aquello que os haga sonreir y que podáis liberar presiones y tensiones. Os mando un abrazo y una entrada de año con amor.

Felicitación navideña de Intermon Oxfam

Algunos recursos.

*Aquí os dejo un documental de netflix que habla sobre el movimiento por si queréis profundizar.

*También en el siguiente enlace encontraréis una iniciativa de pequeños productores y de talento local que se está llevando a cabo en Barcelona. Aunque viváis en otras ciudades os animo a visitarla, tiene mucha información relacionada con un consumo más consciente y un directorio de marcas de artesanos y pequeños negocios que favorecen productos diferentes. Podéis buscar en vuestra ciudad proyectos similares, seguro que los hay!
https://talentolocal.org/

El verano: una oportunidad para contactar con la naturaleza

«Quien ha aprendido a escuchar a los árboles ya no desea ser un árbol. No desea ser más que lo que es.»

Hermann Hesse

Empieza el mes de agosto, muchos disfrutarán de vacaciones y otros estarán trabajando. Sea como sea el clima que nos envuelve es caluroso y tener más horas de sol nos invita a salir, compartir o a ir a la naturaleza.

Quería aprovechar este escrito para conectarlo con el último post. Porque no solo es salud integrativa el contemplar las diferentes partes de nosotros mismos, también consiste en ser conscientes de que formamos parte de un ecosistema constituido por ritmos y elementos que se interrelacionan y nos afectan. Mis palabras de hoy son una invitación a la reflexión en este aspecto. 

Por una parte, si entramos en contacto con la naturaleza y nos posicionamos en una actitud observadora nos daremos cuenta de que hay mil cosas que están pasando y de las cuales no solemos ser conscientes. Utilizando mi propia experiencia de esta mañana voy a enumerar algunas. El cielo con su amplitud iba mostrando diferentes nubes que pasaban, podía escuchar el zumbido de las abejas recogiendo polen, el silbido de los pájaros, el sonido del aire en las árboles, las moscas, los diferentes tipos de flores, plantas y vegetación que me rodeaba, insectos cada uno con sus colores y formas, el olor a pino, la sensación del sol en mi piel… Y yo misma me sentía parte de aquello, un elemento más. Todo estaba bien y me sentía tranquila, había muchos seres diferentes pero formaban un conjunto perfecto, con sus funciones, sus ritmos, sus características. Todo aquello en comparación con la vida cotidiana que solemos llevar no tenía nada que ver. Si únicamente observamos, las prisas, el miedo o el rechazo a lo diferente, la necesidad de control o los juicios no son palpables en una situación como la descrita anteriormente. La naturaleza nos hace, por tanto, contactar con nuestra esencia, nos posiciona en el presente y nos brinda calma.

Por otra parte se facilita el sentimiento de pertenencia. Sin pretensión de hacer un análisis exhaustivo sobre esto, quiero hacer referencia de forma resumida. Esto es algo que evolutivamente buscamos los humanos siempre, formar parte de algo y es saludable. El problema es que muchas veces el miedo al rechazo que nos hace ponernos máscaras, hace que no sintamos genuinamente esa conexión. Al estar en el medio ambiente y observarlo con mente de aprendiz nos podemos encontrar sin darnos cuenta con esa conexión y pertenencia.

La salud integrativa tiene en cuenta el mundo en el que vivimos y cómo formamos parte de sus ciclos. Esto nos hace además ir aumentando el cuidado hacia nuestro segundo hogar que es el planeta tierra. 

En esta época se escucha mucho la expresión “¡que desconectes!”, y yo os deseo que podáis conectar con vosotros mismos y con la naturaleza. Y si os apetece, un día que estéis en la playa, el bosque, un jardín, un río, un lago o un parque, probad a respirar y sentir cada pequeña cosa que sucede en ese momento. Un abrazo y que tengáis un agosto estupendo.