Redes sociales y psicología: Funcionamiento y recursos para su uso consciente

Hace unos días decidí ver el documental “El dilema de las redes”, una vez terminado supe sin duda que tenía que hablar sobre esto en mi blog. Al día siguiente pensé que sería ideal poder contar con alguien que supiera sobre redes sociales y comunicación y me vino a la cabeza mi querida amiga Teresa Gil López. Teresa escribió su tesis doctoral sobre el impacto que los mensajes de los medios de comunicación tienen sobre las actitudes de la ciudadanía hacia las protestas y los movimientos colectivos. Se doctoró en la Universidad de California, Davis, y actualmente trabaja como investigadora postdoctoral en la Universidad de Koblenz-Landau, en el sudoeste de Alemania. Allí estudia la relación entre el consumo selectivo de información en medios digitales y la emergencia del activismo de extrema derecha en este país. Se lo comenté y ella accedió encantada. 

Actualmente, conocemos los efectos perjudiciales de estas redes en nuestra salud mental, que crean adicción, ansiedad, e intensifican las preocupaciones y malestares en diferentes áreas vitales. Vemos cómo estas dificultades aumentan en las consultas y en nuestras vidas personales, recurriendo a detox de pantallas u otros fenómenos que hemos normalizado para salir de nuestro “enganche”. También, por otro lado, la tecnología nos aporta numerosos beneficios como acortar distancias, conectar con personas con intereses similares o facilitar el acceso a la información. Se trata de una herramienta que nos aportará o restará según el uso que nosotros le demos.

El propósito de esta conversación es por una parte, informar del funcionamiento de estas plataformas de una manera descriptiva, intentando no entrar en juicios de valor y, por otra parte, aportar algunos recursos para un uso saludable de las redes sociales. Creemos que  conociendo y aprendiendo los mecanismos de estas tecnologías podremos utilizarlas de una manera constructiva y saludable para nosotrxs.

Teresa en el Centro de Arte y Medios (ZKM) de Karlsruhe (Alemania)

1. Para empezar: cuéntanos si has visto el documental, ¿qué te pareció?

Sí, lo he visto. Reconozco que en su momento para mí fue algo que ver para entretenerse. Pero, ahora que me has invitado a esta maravillosa colaboración, he tenido la oportunidad de observarlo de un modo más crítico. Considero que es un ejercicio cuidadoso de análisis de las redes sociales y sus múltiples impactos en ámbitos tan diversos como la política, la juventud y el desarrollo o las relaciones interpersonales. Su enfoque es acertado porque presenta la problemática de las redes sociales de manera intuitiva, una problemática que a menudo se ve complicada y oscurecida por los discursos científicos, económicos y político-legales que tratan de articular sus dinámicas. No niego que los impactos de las redes sociales sean complejos, en absoluto. Pero creo que este tipo de contenidos es útil porque llega en un momento en el que la necesidad de ofrecer cierta orientación a los usuarios de las redes sociales se hace muy palpable.

2. ¿Por qué las redes sociales son gratuitas?

A menudo los usuarios nos sorprendemos cuando vemos que la variada oferta de entretenimiento e información que ofrecen las redes sociales somos capaces de disfrutarla de manera completamente gratuita. En realidad, la idea de que esta oferta es gratuita sólo existe si pensamos que los contenidos son el producto que las plataformas ofrecen y que nosotros somos los clientes. Pero esto no es así: en redes sociales, el producto somos nosotros, el usuario. 

Estas plataformas registran nuestra actividad, nuestras interacciones con otros usuarios a través de me gusta, comentarios, etc. pero también nuestra interacción con contenido producido y distribuido por compañías, ya sea de noticias, entretenimiento, o mensajes publicitarios. Todos estos datos se convierten en información que las plataformas pueden vender a las empresas de publicidad que anuncian sus productos en ellas. En la actualidad, esta información tiene un grado de personalización y detalle sin precedentes. Los datos demográficos básicos como nuestra edad, género o lugar de residencia están conectados a otros datos tan específicos como grupos de música que nos gustan, marcas que seguimos o en cuántas noticias sobre política hemos hecho click durante nuestra última visita a la plataforma. Las agencias publicitarias usan entonces esta información para generar perfiles bastante específicos sobre los clientes que usan sus marcas. Así, completan el ciclo ofreciendo publicidad más especializada en los gustos del usuario y por tanto más capaz de llamar su atención. Así que, estrictamente hablando, el producto que venden las redes sociales es nuestra atención. Y el cliente que paga por ella son las agencias publicitarias.

En el mundo de la comunicación, esta combinación entre ser los recipientes del entretenimiento que las plataformas ofrecen y a la vez su producto a menudo se resume en el concepto de playbor, que viene de las palabras inglesas play (juego) y labor (trabajo o mano de obra). Esta palabra captura muy bien la realidad de un usuario que accede a las plataformas buscando entretenimiento pero que a la vez está actuando como un trabajador para la plataforma, en el sentido de que, a través de su actividad, de su tiempo, proporciona un beneficio económico tangible a esa plataforma. Como reflexión final sobre el concepto, existen incluso críticos que proponen que los usuarios deberíamos no sólo no pagar por usar las redes sociales, sino además cobrar por ello.

Imagen de la exposición Big Bang Data en el CCCB © Gunnar Knechtel Photography, 2014.

3. ¿Cómo crees que han cambiado las principales redes sociales desde su inicio hasta ahora? ¿Hacia dónde se dirigen?

Las primeras redes sociales presentaban un diseño muy enfocado en la creación de redes de usuarios, no necesariamente “amigos” o “seguidores” como lo que vemos ahora en Facebook y Twitter, sino más bien alrededor de gustos específicos como la música con la idea de crear comunidades en línea. Ese fue el caso de la estadounidense MySpace, por ejemplo, que fue una de las primeras (se fundó en el 2003, Facebook nació en 2004 y Twitter y Youtube, en 2006). Lo realmente innovador de las redes sociales frente a plataformas anteriores, como blogs o foros, fue que estas plataformas por primera vez conectaban a los usuarios de manera visible. Es decir, que si yo me hago “amiga” o “seguidora” de Pepita, todos aquellos que accedan a mi perfil o al de Pepita podrán ver que estamos conectadas. De ahí surgió la posibilidad de ampliar nuestra red desde los amigos y familiares más directos a los colegas de trabajo, el compañero de clase del instituto del que hacía años que no sabíamos nada o el perfil de Shakira. Luego también existen ciertas diferencias de unas plataformas a otras: mientras que plataformas como Facebook requieren que la relación de amistad sea mutua, es decir que dos personas no pueden estar conectadas si una no acepta la petición de amistad de otra, plataformas como Twitter están basadas en conexiones unidireccionales, es decir que podemos seguir cualquier cuenta sin que ésta nos siga a nosotras. Así que, por lo general, se entiende que el primer tipo representa una conexión más personal o cercana mientras que el segundo tipo es una conexión más bien basada en el interés social.

En cualquier caso, la visibilidad de las conexiones es clave en la organización de las plataformas sociales. Se puede observar fácilmente cómo este mismo principio de visibilidad fue el que propició el cambio de las redes sociales a su forma actual. A medida que los usuarios ampliaban sus redes de conexiones, el interés dejó de centrarse en las interacciones privadas entre amigos — dejar comentarios en el muro, etiquetar a otros en nuestras fotos, etc. — para centrarse en la esfera de las interacciones entre el usuario y los contenidos o productos. Así, actualmente las redes sociales tienen mucha mayor presencia de publicidad y otros elementos comerciales que la que tenían en su formato original. Muchas plataformas incluso han incorporado una sección dedicada a las ventas, en la que el usuario puede adquirir un producto sin necesidad de salir de la plataforma. Claro, es difícil saber cómo serán exactamente las redes sociales del futuro, puesto que estas plataformas innovan constantemente. Sin embargo, a modo de apuesta, me atreveré a decir que el Facebook o el Instagram del futuro se parecerán mucho a una especie de Amazon social.

4. En Instagram hay un fenómeno cada vez más notorio de profesionales de diferentes tipos que continuamente están creando y compartiendo contenido por el cual no reciben remuneración. ¿Qué piensas sobre esto?

Considero que esto es un aspecto de dinámicas más amplias en el ámbito laboral y social pero que sin duda están estrechamente relacionadas con el progreso tecnológico. Por una parte, las llamadas tecnologías de la información y la comunicación se ponen al servicio del mundo del trabajo; facilitan mucho la eficiencia y por tanto pueden contribuir a incrementar la productividad. Por otra, el modo en que Internet y otras tecnologías se han ido desarrollando ha contribuido a una cultura de democratización de la información y con ello también a una cultura de la gratuidad. En parte porque la diseminación de contenidos digitales es tan fácil gracias a estas tecnologías y su costo es por lo general bajo (pensemos, por ejemplo, en lo fácil que es crear una copia de un archivo digital), a menudo pensamos que la producción misma de cualquier contenido es también, o debería ser, gratuita. En realidad hay toda una labor humana y creativa que no está siendo remunerada. Además, las dinámicas de los medios sociales actuales contribuyen a esta idea de que, si uno sigue los pasos iniciales necesarios para adquirir suficientes seguidores, o clientes, es cuestión de tiempo que logre monetizar sus contenidos o servicios. Como decía, personalmente pienso que esto ha de situarse en un contexto más amplio de cambios en el sector productivo y del trabajo que, si bien han aumentado el peso de sectores intelectuales y de conocimiento especializado, deberán ser estructurados y regulados si queremos evitar un aumento generalizado de la precariedad tanto laboral como social.

El lenguaje de los #hashtags ha trascendido las barreras de lo digital para usarse en muchas ocasiones como eslogan de protesta. En la foto, Teresa participa en la conocida como ‘Women’s march’ (‘Marcha de la mujer’) en Sacramento, California. Esta serie de protestas tuvo lugar en Estados Unidos a finales de 2016 y se extendió por todo el mundo gracias a las redes sociales.

5. ¿Hay redes sociales con una perspectiva más humanizada y consciente a las más conocidas?

Sí, actualmente existen iniciativas impulsadas principalmente por profesionales del mundo de la tecnología en colaboración con académicos. Muchas de estas colaboraciones surgen en el mundo anglosajón, aunque no exclusivamente. La gran diferencia no es la perspectiva en sí, sino el hecho de que estas plataformas son alternativas no comerciales, es decir, que pertenecen a la comunidad de usuarios. Algunos ejemplos son Mastodon, Dreamwidth Studios o Element, aunque existen muchas más. Por su naturaleza no comercial, a menudo estas plataformas están relacionadas con el mundo del open source, comúnmente conocido como software libre. Lo que esto significa es que el código de programación de un determinado programa o plataforma está a disposición de cualquier usuario y este puede por tanto contribuir a su extensión, modificación, etc. A menudo, esto contribuye a un desarrollo colectivo y una mejora progresiva de las aplicaciones. En muchas ocasiones, la participación de tantos co-creadores de un modo menos jerárquico es precisamente lo que fomenta la innovación en las plataformas, como que se propongan otros enfoques o diseños alternativos a los que imperan en el mercado. Sin embargo, existen ciertos obstáculos que dificultan la migración de los usuarios de las plataformas más establecidas a estas alternativas. Para empezar, si existen redes sociales que usamos más es en gran medida porque la mayoría de nuestra red de contactos, familia, amigos, etc. también las utilizan. Al fin y al cabo, pensemos qué sentido tendría mantener un perfil de Facebook o subir stories diarias a Instagram si no tuviésemos una audiencia. Sería como hablar solas. Otro obstáculo es que, a veces, estas plataformas alternativas no gozan de un capital económico ni humano inicial tan alto como el de las alternativas comerciales, por lo que nunca logran obtener un diseño tan pulido de su plataforma o se ven obligadas a establecer un precio inicial que el usuario tendrá que pagar para poder utilizarla. Esto puede resultar algo frustrante para el usuario, acostumbrado a las grandes redes sociales que regularmente ofrecen utilidades y funciones nuevas, cada vez más atractivas y siempre gratuitas.

6. ¿Cómo influye el uso de las redes sociales en nuestras opiniones y pensamientos?

Este es sin duda un tema complejo, para el cual no existe aún una respuesta unívoca. Existen casos notables de usos indebidos de las redes sociales con fines políticos, como el de las elecciones estadounidenses de 2016. En este caso concreto, el uso de bots o cuentas automáticas fue el aspecto más destacado: por ejemplo, un estudio de la universidad de Oxford demostró que un tercio de los tweets publicados a favor de Trump, y aproximadamente un quinto de los publicados a favor de Clinton procedían de cuentas automatizadas. Es decir, que estos tweets no procedían de ninguna cuenta personal de un potencial elector sino de herramientas automáticas diseñadas para aumentar el apoyo aparente de la opinión pública a un candidato. Es importante destacar que ni la actividad de los bots ni el diseño de los algoritmos que estructuran las plataformas son dañinos en sí mismos. Pero como ocurre con cualquier tecnología o herramienta, no importa sólo el diseño sino también el modo en que el usuario la utiliza. 

Lo que está ocurriendo ahora es precisamente el resultado de una compleja interacción entre el comportamiento de los usuarios y la actividad algorítmica de las plataformas: por una parte, las redes sociales nos han facilitado como usuarios el acceso a contenidos que nos gustan; nos permiten comentar, difundir o dar nuestro apoyo a otros mensajes a través de me gusta, retweets, etc. También tenemos capacidad de “censurar” ciertos contenidos, bien sea bloqueando publicaciones, indicando que queremos dejar de seguir un perfil o informando de contenido inapropiado/ilegal a los responsables de la plataforma. En definitiva, los usuarios somos selectivos con nuestra exposición mediática: elegimos aquellos contenidos que nos gustan y descartamos los que no. Presumiblemente este mismo comportamiento dicta nuestra dieta informativa: ¿nos exponemos mayoritariamente a opiniones afines a la nuestra? La gran mayoría de estudios parece apuntar a que sí. Las opiniones o informaciones contrarias a nuestras actitudes resultan a menudo incómodas porque, al desafiar nuestro modo de ver el mundo, nos preparan para mostrar reacciones defensivas. Nos producen inquietud y hasta pueden conducirnos a situaciones conflictivas con otras personas (razón por la que evitamos hablar de política en las cenas navideñas). De nuevo, quisiera recalcar que esto no es nada negativo en sí, sino más bien el resultado de un fenómeno muy sencillo, que es que los seres humanos preferimos aquello que nos es familiar o similar a nosotros mismos; esto no implica que bajo cualquier circunstancia rechacemos todo lo que nos resulta distinto o nuevo. Simplemente, aquello que es diferente, novedoso o desconocido requiere cierta adaptación, pero a cambio nos puede traer muchas ventajas y beneficios. Por ejemplo, exponernos a información novedosa u opiniones distintas a la nuestra nos permite, en muchas ocasiones, ampliar nuestros conocimientos o conocer experiencias que nosotros no hemos podido vivir de primera mano. 

Simultáneamente, los algoritmos que gobiernan las plataformas de redes sociales necesitan hacer un trabajo de filtrado y selección de contenidos e información, ya que es imposible que lo veamos todo dado el volumen monstruoso de información al que nos enfrentaríamos. En ese sentido, estas herramientas actúan como un editor, que selecciona qué contenidos van a aparecer en nuestro perfil y cuáles no. Y en este ejercicio de selección, estas herramientas toman en cuenta nuestros comportamientos anteriores y las preferencias que hemos ido articulando a lo largo de nuestra actividad como usuarios de la plataforma. Una vez más, esto conlleva que se potencie la presencia de contenidos que se alinean con nuestras opiniones. Del mismo modo que antes subrayamos la capacidad de personalización de los mensajes publicitarios en estas plataformas, así ocurre con los mensajes políticos, que no son sino otro tipo de comunicación persuasiva. Estos son, grosso modo, los procesos de polarización en los que se fundamentan realidades y conceptos como la burbuja informativa o la cámara de eco.

Las tecnologías digitales también han expandido los usos expresivos y sociales de la imagen. Las selfies, las stories, etc. capturan momentos de nuestra vida que queremos compartir. Esta foto corresponde a un concierto que compartimos juntas en Santiago de Compostela.

7. En este sentido, ¿qué papel juegan las noticias falsas en estos procesos?

A mayores, estos procesos polarizantes, es decir, procesos mediantes los cuales las divisiones o diferencias de opinión entre dos o más grupos se hacen más grandes, se han complicado considerablemente con el fenómeno de las noticias falsas. La desinformación se define como información falsa o engañosa que generalmente es difundida de manera intencionada. Como vemos, no hay nada novedoso en este fenómeno, es algo que siempre ha existido. Más bien, la novedad radica en la magnitud del fenómeno y su impacto social. La aparición de Internet ha cambiado radicalmente nuestro ecosistema mediático, de tal manera que el número de fuentes de información se ha multiplicado exponencialmente. Ahora, no sólo los medios establecidos son capaces de producir y difundir cualquier tipo de información de actualidad, sino que cualquier ciudadano u organización es capaz de hacerlo. No cabe duda de que esta circunstancia ha traído inmensos beneficios en cuanto al acceso a información. Sin embargo, también ha hecho posible que la información sea explotada, como cualquier otro recurso, con fines lucrativos. Desafortunadamente, el lenguaje utilizado por este género de noticias y sus contenidos, por lo general más sensacionalistas y efectistas que los de otros géneros informativos, pero también la acción de bots programados para diseminarlas, convierte a las noticias falsas en mensajes altamente virales, haciendo que alcancen audiencias millonarias en sólo cuestión de días u horas.

8. ¿Para qué le sirve la polarización a estas empresas?

En principio, las plataformas de medios sociales no reconocen obtener ningún beneficio directo de los procesos que hemos descrito. El posicionamiento frente a fenómenos relacionados con la intervención política es uno de dos, dependiendo de la plataforma. Por ejemplo, plataformas como Twitter han incrementado su mediación, implementando funcionalidades de fact-checking o verificación de información, y aplican esta mediación a perfiles políticos de peso como el del ex-presidente estadounidense. Facebook, sin embargo, opta por un supuesto no intervencionismo que alega en defensa de la libertad de expresión cada vez que se le piden explicaciones sobre el impacto político de la plataforma.

Haya o no un beneficio directo, lo cierto es que las plataformas de redes sociales se benefician del uso en sí. Es decir, en última instancia, estas plataformas están diseñadas para maximizar nuestro tiempo de uso. En mi opinión, cualquier fenómeno que tenga lugar en ellas les genera un beneficio y por tanto, una responsabilidad.

Foto tomada en la exposición Big Bang Data (CCCB)

9. ¿Cómo crees que podemos informarnos con espíritu crítico y de forma consciente y presente?

La importancia de educar a los usuarios en un uso productivo y beneficioso de Internet y las redes sociales se está haciendo cada vez más palpable. Yo misma, como usuaria que soy, me encuentro a veces en situaciones de inseguridad o miedo cuando me enfrento a información que no sé si es verídica o, por el contrario, un intento de manipulación. Creo que este es un primer paso muy importante: reconocer que no somos inmunes a estos procesos, que la información falsa, la manipulación informativa, las burbujas de opinión, etc. nos afectan tanto como a los demás. Habiendo hecho este ejercicio de autoevaluación, estaremos más preparados para observar con espíritu crítico nuestros comportamientos en línea y actuar de manera más consciente y respetuosa con los demás usuarios. Para empezar, considero que es muy importante determinar qué clase de acciones nos vamos a permitir llevar a cabo en Internet y redes sociales y cuáles no. Por ejemplo, mientras mantenemos una conversación anónima con otros usuarios, si la discusión se empieza a polarizar y empieza a emerger un lenguaje irrespetuoso. ¿Queremos continuarla?¿Estamos cómodos en ella, lo está nuestro interlocutor? O cuando nos disponemos a subir o compartir un determinado mensaje de texto, foto o vídeo. ¿Cómo va a afectarnos la decisión de publicar este contenido?¿Puede afectar a otros y, si es así, cómo? Con este sencillo ejercicio de reflexión, podremos ser más conscientes del impacto que las acciones personales pueden tener en el mundo digital. Este mismo principio se puede aplicar a todos los demás ámbitos que describimos aquí, no solamente el de la desinformación.

En cuanto a las noticias falsas, yo recomiendo siempre fijarse mucho en el lenguaje que utilizan y en cómo están escritas. Algunas claves sencillas para identificar información falsa o tendenciosa son las siguientes: primero, trata de identificar la fuente de la información así como las fuentes que la noticia cita. A menudo, los mensajes que circulan por WhatsApp u otras redes presentan a “alguien” que ha visto o sabe cosas, pero rara vez lo identifican o es alguien real. Segundo, desconfía de los contenidos que causan reacciones emocionales fuertes, puesto que las noticias están hechas para informar, no para causar temor. Por último, desconfía también de aquellos contenidos que emplean un tono especulador, o te prometen “toda la verdad”. Como consumidores informados que somos, no debemos estar dispuestos a “creer” a nadie, puesto que una información veraz nos dará las herramientas para que la comprobemos por nosotros mismos.

10. ¿Quieres comentar algo más o hacer algún tipo de recomendación?

Me gustaría añadir una última recomendación, quizás la más importante: si dudas de la veracidad de una información, ¡No la compartas! No hay nada que podamos hacer ya para evitar que esta información llegue a nosotros, pero tenemos todo el poder del mundo para combatir su mayor difusión. Una vez más, consideremos de qué modo nuestros comportamientos en redes sociales pueden afectar a otras personas.

Para finalizar quiero agradecer a Teresa por su entusiasmo, su tiempo y por habernos hecho un poquito más libres con esta información que nos ha compartido. Para mí ha sido un placer debatir con ella todos estos temas que espero que sean de vuestra utilidad e interés. Si queréis saber más sobre ella, la podéis encontrar en su página web. Teresa os invita también a que visitéis su iniciativa Yo NO comparto: Red de respuesta a la desinformación sobre Coronavirus, siempre que tengáis alguna duda sobre la veracidad de una información determinada, queráis consultar sencillas claves para combatir la desinformación en redes o simplemente os apetezca contribuir con cualquier contenido de vuestro interés.

Productividad y descanso


«El arte del descanso es una parte del arte de trabajar»

John Steinbeck

Entramos en el nuevo curso en un año cargado de novedades y cambios. Septiembre es un mes de inicio en el que se mezcla la ilusión por los comienzos, con la vuelta (a veces indeseada) al trabajo, la motivación por volver a la rutina y el orden o todo lo contrario. Hay tantas maneras de afrontar una misma situación como personas.

Las realidades son multidimensionales, si atribuimos algo a una sola causa estaremos viendo solo una parte del entramado. En el plano social nos encontramos con una situación de crisis mundial, esto nos está afectando a muchos niveles, la forma de hacer las cosas es diferente, hay restricciones y pérdidas. En este sentido, cada uno tiene su propia tesitura laboral y económica. Después, tenemos el contexto familiar, los apoyos sociales, nuestro sentido de comunidad. Asimismo, no podemos olvidar la parte psicoemocional, cómo nos sentimos, qué tipo de pensamientos estamos teniendo, cuál es nuestra realidad interna. Finalmente el cuerpo, que recoge todo lo anterior, nuestra salud, nuestro funcionamiento orgánico.

La vuelta en crisis 

Más allá del caso individual de cada uno hay dos realidades que son comunes y de las cuales quiero hacer hincapié en este artículo. Una es la tensión acumulada debido a la pandemia y a todo lo que supone y otra es el modelo económico y las creencias asociadas que tenemos en el mundo occidental. 

Ahora que muchos nos estamos incorporando al ámbito laboral podemos observar una dinámica compartida sobre nuevos proyectos, ideas, objetivos… todo esto puede venir de que después de un tiempo de pausa aparece la creatividad y la motivación. En nuestra sociedad las vacaciones se perciben como una recompensa al trabajo y como algo puntual en el año. Se nos pide continuamente que seamos productivos, tanto que acabamos siéndolo en todas las facetas de nuestra vida sin darnos cuenta. Muchas veces ese exceso de productividad acaba en burnout o desgaste ya que inconscientemente podemos sobrepasar nuestro límite y acabamos quemados.

El ritmo

Por todo esto en este texto quería darle una vuelta a lo que estamos acostumbrados. En vez de escribir sobre rutinas y objetivos, vengo a hablar de la importancia del descanso. Y me refiero a una concepción amplia de esta palabra, no sólo a dormir, los fines de semana y los festivos. Ir más allá e incorporar las pausas en nuestro día a día. A muchos nos puede parecer imposible con todo lo que “tenemos que hacer” en el día, pero sí que lo es, aunque sea en espacios cortos. Como todo, conlleva una práctica para convertirlo en hábito pero una vez integrado nos daremos cuenta de lo bien que nos puede sentar no ir todo el día corriendo de una cosa a otra.

Este flujo rápido e intenso de cosas que hacer y que consumir nos hace que tengamos una falta de atención. Los trabajos, los medios, las redes sociales… están hechas para que atendamos a multitud de tareas en poco tiempo y de forma superficial. A lo largo del día podemos acabar sobreestimulados, con inquietud e incluso ansiedad, o aburridos si no tenemos un objetivo que cumplir. Frecuentemente el resultado de todo esto es caer en algún tipo de adicción o distracción que nos evite sentir lo que hay debajo de todo este ritmo frenético.

La pausa

Este verano paseando me encontré con esta escultura en la ciudad de Santiago de Compostela. Me pareció muy representativa de algunos momentos en los que podemos sentirnos cargando mucho peso y cuesta arriba. Inspirándome en esta imagen quizás podríamos sentarnos en cada escalón a mirar nuestro alrededor, respirar y darnos un espacio para ver si estamos con demasiado peso, podemos soltar o recargar energía.

Si aprendemos a escucharnos podremos saber antes de llegar al límite cuando nos es necesario parar. Además, si tenemos en cuenta el primer punto que comentaba del período estresante que nos está tocando, no hay duda de que la quietud será un buen bálsamo. Incluir “vacaciones diarias” influirá en todo nuestro ser conectándonos con ritmos más orgánicos y saludables. 

Si has llegado hasta aquí te agradezco tu tiempo de lectura y espero que esta reflexión te sirva para sentirte mejor. Estaré encantada de saber qué piensas y qué te ha parecido. También aprovecho para recordar que cualquier persona que le guste este espacio y quiera colaborar con alguna idea, artículo, entrevista o proyecto puede contactar conmigo a través del mail.

Que la pausa y el descanso nos acompañen en este nuevo curso.

Psicología y naturaleza: responsabilidad individual y colectiva en tiempos de crisis

«Podemos tener un mundo pacífico. Podemos avanzar hacia un mundo donde podamos vivir en armonía con la naturaleza, donde vivamos en armonía con los demás. No importa de qué nación provengamos, no importa cuál sea nuestra cultura, no importa qué religión profesemos. Este es el camino hacia el que debemos avanzar»

Jane Goodall


En estos últimos días hemos visto cómo están ocurriendo cosas en la naturaleza que nos resultan llamativas y diferentes. A nivel personal me ha impactado positivamente observar cómo el confinamiento y el cambio de patrón de consumo y de hábitos ha provocado que nuestro entorno se exprese con mayor libertad y salud. Estamos viendo una bajada de la contaminación, cielos y aire limpios en capitales, animales por las ciudades… Esto supone un bálsamo entre todo el dolor y la crisis que estamos transitando. En este artículo recopilo información, añado mi perspectiva como psicóloga y abro una pregunta, ¿qué tipo de sociedad queremos crear cuando termine todo esto?

*Al final del post encontrarás varios artículos que reflejan estos cambios, te recomiendo leerlos para darle más sentido a este texto.

Para comenzar pensé que podría ser interesante saber la opinión de Juliana Cortés Rincón, ecóloga colombiana con maestría en biodiversidad y gran amiga. Ella me comentaba que “todo este cambio en la naturaleza es debido a que la realidad del ser humano ha cambiado. Por lo que si volvemos a los mismos patrones (económicos, producción en masa, ruidos, contaminación, turismo y consumo excesivo) este respiro no provocaría ningún impacto positivo. Llevamos mucho tiempo con dinámicas que han provocado muchos efectos negativos en el medio ambiente, así que este pequeño espacio no sería suficiente para regenerar océanos y bosques.” Para que veamos un cambio importante se necesita consciencia y acción colectiva. En esta línea, Juliana me expresaba su inquietud sobre cómo podríamos entender la situación y en base a eso tomar acción. 

Psicología y responsabilidad individual y colectiva.

Existe un consenso científico general de que el cambio climático está causado por el factor humano. Nuestras dinámicas de consumo y estilo de vida provocan un impacto notable en el medio ambiente. Sin embargo, en general no existe una conciencia colectiva de este hecho, es algo que puede parecer que no depende de nosotros, que no nos va a tocar o que es demasiado complejo y por lo tanto no se puede hacer nada. Es importante entender que la crisis climática no solo afecta a la naturaleza externa a nosotros y que este tipo de comportamientos provoca a medio/largo plazo una consecuencia en nosotros. Ejemplos de esto pueden ser el agravamiento de los problemas respiratorios que se dan debido a los altos niveles de contaminación o las inundaciones que van comiendo terreno a los entornos habitados provocando en muchos casos daños materiales y físicos a las personas.

Algunos pensamientos y creencias hacen que pongamos la responsabilidad en otros, “los políticos, los expertos, las cumbres… tendrían que solucionar este problema”, esto nos hace, sin darnos cuenta, instalarnos en una dinámica de queja que no nos ayuda a la hora de tomar las riendas y participar en este problema que nos perjudica a todos y que también está dejando un daño irreversible a las generaciones futuras. En conclusión, nuestras creencias y pensamientos pueden alejarnos de qué es lo que podemos hacer cada uno y fomentar que tengamos conductas más pasivas.

Este espacio de tiempo está demostrando con hechos que para que exista un cambio es necesario la participación activa de los ciudadanos. Como decía, el comportamiento humano es uno de los factores que más incide en el cambio climático. Ninguna acción es pequeña ni insignificante frente a esta amenaza global. Para que exista un cambio colectivo, lo tenemos que llevar a cabo a nivel individual y esto implica coger responsabilidad y adquirir compromiso.  Parar la rueda de nuestros hábitos automáticos y darnos un tiempo para reflexionar y preguntarnos, ¿qué puedo hacer yo para favorecer una sociedad más sana y sostenible aquí y ahora? 

Algunas ideas que se me ocurren para introducir están relacionadas con practicar minimalismo y consumo consciente, reducir el uso de plásticos, reciclar, participar en dinámicas de consumo que favorezcan la sostenibilidad (pequeños comercios, pequeños agricultores locales), el uso de transporte público o aún mejor nuestras piernas o bici. Podemos replantearnos nuestros hábitos de compra y si necesitamos todo lo que tenemos o se pueden reducir algunas cosas. Ahora estamos comprobando que también podemos relacionarnos por videollamada, quizás muchos viajes de trabajo podrían reducirse con el uso de esta herramienta. En este sentido la ecóloga Juliana Cortés nos sugiere como idea “destinar una pequeña aportación económica o de voluntariado a alguna ONG que se dedique a la conservación del medio ambiente, ya que un aporte pequeño ya significa mucho en un entorno donde los gobiernos no invierten dinero”. Seguro que entre todos se nos ocurren pequeños actos del día a día que podemos hacer de manera distinta e ir ampliándolos para fomentar otras acciones orientadas a reducir el cambio climático. 

Asimismo, pienso que el trabajo personal y el autoconocimiento favorece la aparición de hábitos más saludables con nosotros y con el medio ambiente. Cuando vamos a terapia habitualmente nos dirigimos a poder conocernos, observar nuestros pensamientos y emociones, responsabilizarnos y respetarnos. Cuando se van afianzando este tipo de cambios individuales se puede observar también esa misma dinámica hacia afuera, con conductas más respetuosas y más amables con los demás y con el entorno. Creando una retroalimentación positiva, ya que también realizar este tipo de acciones más respetuosas influye en nuestro estado anímico.

Sentimiento de pertenencia y de interdependencia con el medio: Del EGO al ECO.

Por último y no menos importante, nos encontramos el sentimiento de conexión y pertenencia a un colectivo. Darnos cuenta de que formamos parte de una humanidad compartida, que a pesar de todas las diferencias, en lo esencial estamos unidos. Tenemos un cuerpo con sensaciones, pensamientos, emociones y todos tratamos de evitar el dolor y aferrarnos al placer. Hace un par de meses, cuando veíamos lo que pasaba en China muchos no le prestábamos demasiada atención. Estamos acostumbrados a que nos comuniquen que personas de otros países están pasándolo mal, pensamos que mientras no nos toque a nosotros podemos estar tranquilos. Este virus nos ha hecho sentir que vamos todos en el mismo barco, que todos somos igual de vulnerables y que cooperar nos sale más a cuenta que competir o ignorar.

El siguiente paso es entender que además de formar parte de un colectivo humano, convivimos con otros seres vivos y habitamos un planeta el cual nos da los recursos para que podamos vivir (oxígeno, alimento, espacio…). Escribiendo esto me viene a la mente que es algo muy sencillo que todos hemos aprendido de pequeños pero que quizás no lo hemos integrado y comprendido a un nivel más profundo. Actualmente nos encontramos en un punto en el que situamos al ser humano por encima de todo y además con una visión que tiende a lo individual como comentaba en el anterior párrafo. Esta creencia hace que la mayoría de nuestras acciones cotidianas no contemplen el bienestar del medio ambiente, simplemente porque no es una preocupación que tengamos. Es por ello que me parece fundamental, y más con la oportunidad que estamos teniendo de cambio, abrir espacios y hablar de ello con el objetivo de promover reflexión. De esta forma, contribuiremos poco a poco a crear una sociedad más justa, más sana y más sostenible.

Si leyendo este texto se os ha ocurrido alguna pequeña acción que podéis realizar a nivel individual que genere impacto colectivo me encantaría que la compartierais para que nos sirva de inspiración.

Recursos recomendados para estos tiempos

  • Artículo sobre cambio climático y salud mental del colegio de psicología.
  • Listado de pequeños agricultores y productores en diferentes comunidades.
  • Web app del servicio de salud de cataluña para la gestión emocional.
  • Artículo sobre salud mental y confinamiento. Colaboración con Diario16
  • Entrevista sobre salud mental y crisis por el Covid-19. Colaboración con Proyecto Brisa

Artículos sobre el impacto de la crisis del COVID-19 en el medio ambiente.

  • El planeta, el principal beneficiado por el coronavirus.
  • El Himalaya vuelve a verse desde algunos puntos de la India por primera vez en 30 años.
  • La crisis del coronavirus reduce los ruidos sísmicos de la tierra.
  • Los animales no se quedan en casa por el coronavirus.
  • Juliana Cortés nos recomienda este artículo por si a alguien quisiera abordar con más profundidad la relación entre las infecciones y la crisis climática.

Sobre salud mental y COVID-19: aprendizajes, reflexiones y sugerencias

“La paranoia y el miedo
no son, ni serán el modo,  
de esta saldremos juntos
poniendo codo con codo”

Jorge Drexler

Como ya todos sabemos, nos encontramos en medio de una crisis a nivel global. Cada uno de nosotros lo está viviendo de una forma distinta según sus circunstancias y situación personal, pero hay una serie de elementos que se pueden presentar en todos nosotros y de los que me gustaría hablaros por si pudiese servir a alguien.

En este momento existe una gran incertidumbre generalizada, no sabemos qué va a pasar, ni sabemos muy bien cómo comportarnos. Se trata de una situación nueva que conlleva una posible amenaza a la salud. Es por ello que nuestro cuerpo y mente reaccionan para protegernos y provocan una emoción asociada, el miedo, que está relacionado con el instinto de supervivencia. Es normal sentir miedo, tristeza, enfado o frustración y en ese sentido hay que dar espacio a las emociones y ver cómo traspasarlas. Lo que pasa, a veces, es que la mente continúa formando escenarios o situaciones que no están pasando como, por ejemplo, pensar que se van a vaciar los supermercados y no vamos a estar abastecidos. De esta manera, podemos sentirnos ansiosos o con un exceso de malestar, ya que nuestro cerebro responde a los pensamientos como si fueran la realidad. Esto explica también que tengamos conductas para protegernos intentando manejar cosas que escapan de nuestro control y que nos pueden hacer sentir peor. Siguiendo con el anterior ejemplo, una respuesta a ese miedo sería ir a comprar 10 paquetes de papel higiénico al supermercado.

El párrafo anterior presenta de forma resumida una explicación de por qué se pueden producir reacciones de miedo intenso con lo que estamos viviendo. Además, al ser un problema que afecta a toda la población, los sentimientos se pueden magnificar y podemos influirnos con más facilidad los unos a los otros. Esta influencia se puede dar tanto en negativo como en positivo. Por eso en este texto mi pretensión es dar unas pautas para inspirarnos y que podamos reforzarnos positivamente unos a otros.

Proceso individual y colectivo

Una de las consecuencias de esta pandemia es que se subraya que lo individual tiene un impacto en lo colectivo. Cada uno de nosotros solo podemos hacer lo que está en nuestra mano y cualquier cosa que aportemos hará que todos estemos mejor. En este sentido, mi sugerencia es que cambiemos el actuar y participar desde el miedo a que lo hagamos desde la confianza y desde la consciencia colectiva. Para ello es muy importante estar atentos a nuestros pensamientos, intentar realizar interpretaciones realistas y no favorecer el estado de alarma. Por otro lado, nos ayudará el sentirnos útiles y parte de la solución, propiciando el bienestar individual y colectivo.

Por otra parte, tenemos que tener en cuenta que nos encontramos en un proceso. No es algo que se vaya a resolver de un día para otro, ni hay una única solución. Por la sociedad en la que vivimos, podemos estar acostumbrados a que las cosas sean rápidas e inmediatas, pero en realidad la vida no funciona así. Nos movemos con ritmos, fases y ondas que conllevan un tiempo y requieren de múltiples factores. Por eso mismo, ahora es un buen momento para practicar la paciencia y la aceptación. Estas cualidades además nos van a servir para muchas más cosas en la vida, ya que las cosas que no se compran siempre requieren de un proceso.

La calma como factor de protección

Asimismo, me gustaría mencionar una parte del cuerpo fundamental: el sistema inmune. Como ya sabéis es el sistema que se encarga de defendernos de virus, bacterias e infecciones. En este momento es una parte clave. Pues resulta que éste se puede ver debilitado por un estrés mantenido. Es innegable que estamos en una situación estresante, ahora bien, aquí sí que podemos actuar para contrarrestar los efectos. Igual no está en nuestra mano que hagan una vacuna, cierren fronteras o hayamos pillado el virus pero sí intentar aumentar nuestro sistema de calma y que así nuestro cuerpo esté más fuerte y protegido. En esto me gustaría detenerme un momento. Como he comentado anteriormente, cuando estamos intentando controlar cosas que no están a nuestro alcance, nos podemos sentir peor, más estresados, con más miedo, enfado, etc. Todo esto puede pasar sin que nos demos cuenta, por eso es importante tomar consciencia de ello y enfocarnos en otros elementos en los que sí podemos actuar. Entrenar la calma, la serenidad o la tolerancia a la incertidumbre serían opciones a nuestro alcance y más amables con nosotros mismos.

Tiempo de aprendizajes, cambios y agradecimiento

No podemos olvidar que toda crisis conlleva aprendizajes y cambios. Es una época que implica reflexión y revisión de cosas que igual ya no nos funcionan y que podemos modificar. Observar los beneficios que nos puede traer, tanto a nivel personal como colectivo, es un ejercicio saludable. Por ejemplo: se está reduciendo la contaminación, tenemos la oportunidad de parar y revisar, se está dando espacio a la creatividad, a pesar de estar aislados hay más motivación por crear comunidad, hay muchas personas ofreciendo gratuitamente contenido o se están explorando nuevas posibilidades como el teletrabajo. También, podemos valorar lo que ya tenemos y valorar el trabajo de personas que permiten que estemos vivos y lo hacen lo mejor que pueden (personal de limpieza, sanitarios, personal de supermercado, agricultores, transportistas, periodistas, científicos, ingenieros, arquitectos…). Todos cumplimos una función y darnos cuenta y agradecerlo también nos ayuda a mejorar nuestra salud mental y reconfortarnos entre todos en esta época de crisis.

Algunas sugerencias prácticas 

En este punto me gustaría enumerar algunos elementos que recomiendo para cuidar nuestra salud mental en estos días:

  • Evitar la sobreinformación. Elegir un medio de comunicación fiable y no consultar más de 1 o 2 veces al día. No confiar en los mensajes recibidos sin un origen fiable.
  • Estar conectado con los seres queridos a través de la tecnología.
  • No estar hablando todo el día sobre el mismo tema.
  • Crear rutinas, incorporar ejercicios de respiración y movimiento.
  • Si se puede, utilizar el humor
  • Dejar que fluya la creatividad, probar a hacer cosas nuevas.
  • Leer, ver una película, hablar con amigos por videollamada, escuchar música, escribir…
  • Entrenar la mirada hacia lo positivo, la oportunidad, el beneficio.

Toda esta situación conlleva un reto. Ahora tenemos la oportunidad de practicar y mejorar cosas que nos pueden servir el resto de nuestra vida. No es fácil, a momentos es desagradable pero también tiene su parte de aprendizaje y evolución. El ser humano es capaz de adaptarse a casi todo. Es momento de poner a las personas en el centro, de cuidarnos a nosotros mismos y a los demás, de entrenar nuevos recursos y de conectar con la confianza y el amor. Todo esto pasará y saldremos fortalecidos. 

Como apunte final comentar que si hay alguien leyendo este texto y se encuentra muy sobrepasado por la situación, que no dude en pedir ayuda. Es normal que a veces no encontremos el camino para salir o que necesitemos un profesional para orientarnos. Os mando un abrazo.

Recursos

Volviendo a nuestro ecosistema

La naturaleza no es un lugar para visitar. Es el hogar

Gary Sherman Snyder


La relación entre ser humano y naturaleza está siendo actualmente un tema de debate en el ámbito académico, político e incluso en las conversaciones del día a día. Por una parte, se observa una relación desigual entre estos dos elementos en la que han predominado los intereses y necesidades del ser humano a los del medio ambiente. Por otro lado, existe una tendencia general de desconexión hacia uno de nuestros hogares, el planeta tierra. En ocasiones da la impresión que sólo le ponemos atención cuando algo va mal, por ejemplo, por un desastre meteorológico o por el cambio climático. Esto me recuerda a la relación con nuestro cuerpo. Parece que sólo somos conscientes de su existencia y su importancia cuando éste enferma o duele. La misma dicotomía que encontramos entre mente y cuerpo, la volvemos a ver entre ser humano y naturaleza. Por eso, cada vez más, se fomentan perspectivas más integradoras con una visión más amplia y completa de quiénes somos teniendo en cuenta el entorno.

Algunas evidencias y proyectos

Este aumento de interés por la naturaleza está teniendo repercusión en la investigación sanitaria. Cada vez existen más artículos que estudian los efectos saludables a nivel biopsicosocial que puede producir y provocar el contacto con la naturaleza.

Así pues, existen varios artículos científicos que hablan sobre el tema que nos concierne. Por ejemplo, un estudio publicado en la revista Frontiers in Psychology indica que dedicar, al menos, 20 minutos al día para pasear o sentarse en un lugar en contacto con la naturaleza reduce significativamente la hormona del estrés, el cortisol. Por lo tanto, esto nos puede ayudar en situaciones de ansiedad o depresión. En relación con este hallazgo, cabe destacar una práctica japonesa llamada Shinrin Yoku” (baño de bosque), la cual consiste en pasar tiempo en la naturaleza con el objetivo de mejorar y aumentar la salud, el bienestar y la felicidad. En Estados Unidos incluso han creado una asociación sobre esta terapia del bosque y entre las pautas que recomiendan podemos destacar las siguientes: 

  1. Conectar con la naturaleza.
  2. Prescindir de la prisa.
  3. Prestar atención al paisaje que nos rodea.
  4. Dedicarle tiempo.

En resumen, sería establecer un contacto con la naturaleza con atención plena, curiosidad, presencia y observación. Habilidades que se relacionan también con la práctica del mindfulness.

Una cabaña del Hospital de Oslo

Asimismo, otra prueba que subraya la importancia de volver a la naturaleza es la incorporación de cabañas en el bosque en algunos hospitales de Noruega. Estas cabañas permiten a los pacientes que requieren un tratamiento largo contar con un espacio más cerca del bosque. De esta manera, se promueve una recuperación en un ambiente más agradable y tranquilo que favorece una mayor calidad de vida durante el ingreso.

En la Universidad de Exeter (Reino Unido) están especializados en el estudio de la psicología ambiental y además de hablar de los espacios verdes, ponen el foco en los azules, el agua. Expertos en esta área nos indican que estos espacios están asociados a mejores niveles de vitamina D y beneficios en la salud psicoemocional y física. Este otro estudio nos revela que hay una relación entre el bienestar percibido de los participantes y la cercanía a un medio natural.

Finalmente, para mostrar cómo la naturaleza nos puede influir desde pequeños, es interesante comentar otro estudio liderado por el Instituto de Salud Global (ISGlobal). En éste se indica que los niños/as que durante su infancia tuvieron más contacto con espacios naturales gozan de una mejor salud mental cuando llegan a la edad adulta.

Beneficios y propuestas

La naturaleza nos permite respirar aire puro, promueve el contacto con el ser y no con el hacer, amplía nuestra creatividad, favorece el movimiento del cuerpo, la reflexión o la observación sin expectativas. A nivel mental poder caminar un rato en este entorno nos puede ayudar a calmar un exceso de actividad cognitiva. Estos son algunos de los múltiples beneficios que nos da. Además, favorece la conexión con nuestra esencia, con nuestro instinto y con los sentidos, creando una sensación de formar parte y de integración con nuestro ecosistema. Somos parte del medio y funcionamos con él, el sol, el clima, los árboles y los demás seres están interrelacionados con nosotros. Por eso cuando estamos un tiempo en este tipo de entorno nos solemos sentir mejor. En definitiva, la naturaleza nos brinda muchas posibilidades y mejora nuestra salud integral. 

Así pues, teniendo en cuenta lo beneficioso que es pasear por parques o playas, os propongo dedicar un poco de tiempo diario a conectar con el espacio natural que tengáis más cerca. Podéis estar atentos a cuáles son vuestras sensaciones antes de la práctica y si son diferentes una vez finalizada. Espero que lo disfrutéis y si queréis compartirlo conmigo estaré encantada de leeros!

*Este artículo se ha escrito en colaboración con Irene Lasaga Mateu,
Graduada en Psicología por la UB.

Minimalismo: Una propuesta de consumo consciente

Conquistar la libertad es conquistar la sencillez. Al final con una línea, con un color basta para hacer el cuadro

Joan Miró


¡Comienzan las fiestas y el inicio del invierno! Todos entramos en una época de compras, encuentros familiares, comidas y bebidas propias de este tiempo. Por eso, creo que puede ser buen momento para hablaros un poco sobre el movimiento minimalista relacionándolo con las fechas en las que estamos.

Lo descubrí este año mientras realizaba una mudanza. He vivido en diferentes sitios y esta experiencia no era nueva. Normalmente, me ha creado mucha pereza y cansancio. Esta vez también pasó, pero hubo algo diferente. Decidí deshacerme de cosas que venían dando vueltas conmigo durante mucho tiempo. Entonces comencé a plantearme cuáles utilizaba realmente y cuáles no, estas últimas las fui dando y reciclando. Conforme más lo hacía, mejor me sentía. Apareció una sensación de soltar, de libertad y ligereza que me gustaba. Veía que no necesitaba tantas cosas para vivir.

Qué pasa cuando consumimos…

Las teorías evolucionistas nos explican que el consumismo está originado por una sensación de insatisfacción que proviene del instinto de supervivencia de nuestros ancestros. Antiguamente los objetivos de nuestros predecesores se basaban en la alimentación y la reproducción, para que estas conductas se repitieran existía un mecanismo en nuestro cuerpo que provocaba placer cuando se realizaban. Este placer no podía durar eternamente porque si en una sola comida se hubiesen sentido satisfechos completamente, no habrían vuelto a comer y nos hubiésemos extinguido. Y, aunque podían ser conscientes de la fugacidad del placer, si la dinámica hubiera sido pensar en esto, no habría habido motivación para repetirlo y por ende sobrevivir.

Actualmente no vivimos de esta forma pero nuestros cerebros parece que siguen funcionando así. Cuando compramos nos sentimos bien durante un momento, aunque luego volvemos al estado anterior. La sociedad de consumo lo sabe y ve que esta conducta es muy interesante para aumentar los beneficios de las empresas. Su herramienta más importante es la publicidad que nos manda mensajes de que “no somos suficientes y no estamos completos si no compramos X producto que nos va a hacer feliz”.

«Azul II» de Joan Miró

La distracción y el miedo

Comprando podemos distraernos de lo que de verdad pensamos, somos, sentimos o de la realidad que nos rodea. El placer que experimentamos se da por el pico de dopamina que comentábamos antes, esto nos puede reconfortar puntualmente pero no soluciona nuestros problemas. Muchas veces sin darnos cuenta, calmamos nuestros deseos con cosas materiales. 

En otras ocasiones podemos encontrarnos con una creencia cultural de miedo a quedarnos sin nada, para ello nuestras mentes nos dirigen hacia acumular porque así nos da la sensación de que nuestro temor no se va a cumplir. Un ejemplo de esto es cuando vemos un frigorífico vacío y pensamos que es triste. Cuando quizás se pueden tener únicamente las cosas que vamos a comer esa semana y así no se van poniendo malas y tenemos que tirarlas. 

¿Realmente necesitamos tantas cosas? ¿Nos aporta valor todo lo que nos rodea? ¿Qué nos estamos perdiendo mientras consumimos compulsivamente? ¿De qué nos estamos distrayendo? Estas fiestas, ¿en vez de focalizarnos en consumir, dónde podríamos poner nuestra atención para sentirnos mejor?

Mi intención con este artículo es lanzar una reflexión al aire, no pretendo deciros lo que hay que hacer, ni qué es lo que está bien o mal. Yo también formo parte de esta cultura y consumo, únicamente me encuentro en un proceso de intentar ser más consciente y en cada vez más ocasiones pienso cuál es mi intención y si realmente es algo que me va a aportar valor. No creo que las cosas sean blanco o negro, no pienso que tengamos que convertirnos en monjes despojados de todo. Como psicóloga mi aportación va en dirección a promover la salud, el autoconocimiento y la consciencia. Desde una atención más plena, nuestras decisiones serán más intencionadas, menos automáticas y conseguiremos sentirnos más completos sin necesidad de recurrir continuamente a lo externo. 

Una pequeña degustación…

Pensad en algo que queráis comprar estas navidades, puede ser un regalo, algo de comida o de decoración. Siéntate y haz una respiración profunda. Sitúate en el momento presente y visualiza cuál es tu objetivo. ¿Quieres tener un detalle con alguien? ¿Aumentar belleza y confort en tu casa? ¿Compartir una comida con tus seres queridos? ¿Qué sentimientos quieres crear con ese objeto o experiencia? ¿Cuál es tu intención genuina?. Ahora puedes probar a hacer esa compra en un establecimiento y poner atención a quién te está atendiendo, el proceso de ese producto hasta llegar a ti, en qué estás invirtiendo tu dinero. Incluso ir a algún pequeño establecimiento en el que puedas hablar con la persona que lo ha hecho o lo ha recogido (un artesano, un agricultor…). Finalmente, agradece el proceso y reflexiona sobre la diferencia de hacerlo así a la de ir en “piloto automático”.

Consumir desde el minimalismo supone centrarnos más en la calidad que en la cantidad. Elegir conscientemente cosas que nos gustan, que nos aporten valor y alegría. Apreciar y agradecer el momento de consumo, no haciéndolo de forma automática. Favorecer una rueda de consumo más sostenible y a pequeña escala, incluyendo en nuestra dinámica de consumo alguna compra en pequeños establecimientos, optando por un regalo experiencial (en lugar de material) o por productos que no tengan una larga cadena hasta llegar a tus manos. Así también estás reforzando a productores de tu tierra y reconociendo su trabajo y calidad. 

En conclusión, todo este movimiento aparte de mejorar nuestra salud, es sostenible y crea conductas más amables con el medioambiente. Ya sabéis, todo esto es un proceso, no es un día para otro, pero los resultados a largo plazo son muy satisfactorios, así que estas navidades os animo a incluir alguna compra consciente. 

Para finalizar el último artículo del año me gustaría agradecer a quien lo haya leído su tiempo y su interés. Os deseo que estos días podáis disfrutar de aquello que os haga sonreir y que podáis liberar presiones y tensiones. Os mando un abrazo y una entrada de año con amor.

Felicitación navideña de Intermon Oxfam

Algunos recursos.

*Aquí os dejo un documental de netflix que habla sobre el movimiento por si queréis profundizar.

*También en el siguiente enlace encontraréis una iniciativa de pequeños productores y de talento local que se está llevando a cabo en Barcelona. Aunque viváis en otras ciudades os animo a visitarla, tiene mucha información relacionada con un consumo más consciente y un directorio de marcas de artesanos y pequeños negocios que favorecen productos diferentes. Podéis buscar en vuestra ciudad proyectos similares, seguro que los hay!
https://talentolocal.org/

El verano: una oportunidad para contactar con la naturaleza

«Quien ha aprendido a escuchar a los árboles ya no desea ser un árbol. No desea ser más que lo que es.»

Hermann Hesse

Empieza el mes de agosto, muchos disfrutarán de vacaciones y otros estarán trabajando. Sea como sea el clima que nos envuelve es caluroso y tener más horas de sol nos invita a salir, compartir o a ir a la naturaleza.

Quería aprovechar este escrito para conectarlo con el último post. Porque no solo es salud integrativa el contemplar las diferentes partes de nosotros mismos, también consiste en ser conscientes de que formamos parte de un ecosistema constituido por ritmos y elementos que se interrelacionan y nos afectan. Mis palabras de hoy son una invitación a la reflexión en este aspecto. 

Por una parte, si entramos en contacto con la naturaleza y nos posicionamos en una actitud observadora nos daremos cuenta de que hay mil cosas que están pasando y de las cuales no solemos ser conscientes. Utilizando mi propia experiencia de esta mañana voy a enumerar algunas. El cielo con su amplitud iba mostrando diferentes nubes que pasaban, podía escuchar el zumbido de las abejas recogiendo polen, el silbido de los pájaros, el sonido del aire en las árboles, las moscas, los diferentes tipos de flores, plantas y vegetación que me rodeaba, insectos cada uno con sus colores y formas, el olor a pino, la sensación del sol en mi piel… Y yo misma me sentía parte de aquello, un elemento más. Todo estaba bien y me sentía tranquila, había muchos seres diferentes pero formaban un conjunto perfecto, con sus funciones, sus ritmos, sus características. Todo aquello en comparación con la vida cotidiana que solemos llevar no tenía nada que ver. Si únicamente observamos, las prisas, el miedo o el rechazo a lo diferente, la necesidad de control o los juicios no son palpables en una situación como la descrita anteriormente. La naturaleza nos hace, por tanto, contactar con nuestra esencia, nos posiciona en el presente y nos brinda calma.

Por otra parte se facilita el sentimiento de pertenencia. Sin pretensión de hacer un análisis exhaustivo sobre esto, quiero hacer referencia de forma resumida. Esto es algo que evolutivamente buscamos los humanos siempre, formar parte de algo y es saludable. El problema es que muchas veces el miedo al rechazo que nos hace ponernos máscaras, hace que no sintamos genuinamente esa conexión. Al estar en el medio ambiente y observarlo con mente de aprendiz nos podemos encontrar sin darnos cuenta con esa conexión y pertenencia.

La salud integrativa tiene en cuenta el mundo en el que vivimos y cómo formamos parte de sus ciclos. Esto nos hace además ir aumentando el cuidado hacia nuestro segundo hogar que es el planeta tierra. 

En esta época se escucha mucho la expresión “¡que desconectes!”, y yo os deseo que podáis conectar con vosotros mismos y con la naturaleza. Y si os apetece, un día que estéis en la playa, el bosque, un jardín, un río, un lago o un parque, probad a respirar y sentir cada pequeña cosa que sucede en ese momento. Un abrazo y que tengáis un agosto estupendo.