La música: Un viaje por los sentidos

“La música, única entre todas las artes, es a la vez completamente abstracta y profundamente emocional. No tiene la capacidad de representar nada particular o externo, pero sí una capacidad única para expresar estados o sentimientos interiores. La música puede atravesar el corazón directamente; no precisa mediación”

Oliver Sacks – ‘Musicofilia’


Para mí la música es una de las herramientas más polivalentes que conozco, me acompaña gran parte del día y en diferentes momentos vitales. Entre sus funciones nos ayuda a comprendernos, nos da una vía de expresión y nos acerca a los demás. Durante este periodo de crisis seguro que ha formado parte de momentos importantes y seguramente habrá alguna melodía que se quede guardada en nuestra memoria como parte de esta etapa. 

Este sábado da comienzo el verano y el domingo se celebra la fiesta de la música. Después de una primavera confinada empezamos a salir, a apreciar colores, frutas, encuentros y a sentir el sol. Esta celebración de la música nos invita a entrar en la nueva estación cantando, bailando, compartiendo, volviendo a lo sencillo y a los rituales tradicionales que acompañan los cambios. 

En psicología contamos con una línea de investigación en este campo, con personas que se dedican al estudio científico de la mente y la conducta en relación con la música. Asimismo tenemos la musicoterapia, donde, entre otras funciones, usamos la música para facilitar el desarrollo emocional o para ayudar a las personas a comunicarse.

La conexión

La música nos ayuda a conectarnos con nosotros mismos y con los demás. En los conciertos podemos compartir una experiencia emocional con otras personas que están allí y no conocemos de nada. También, cuando cantamos podemos sentir emociones similares con los demás, un ejemplo muy común de ello es cantar el “cumpleaños feliz”. Los momentos de reunión se suelen acompañar de alguna melodía y son propicios para tocar instrumentos musicales. A veces salimos con amigos para escuchar música y bailar.

En otras ocasiones, podemos utilizar el sonido como fondo si estamos solos, para trabajar o relajarnos. También, escuchar cierto tipo de canciones favorece la expresión emocional, como puede ser llorar, reír o soltar enfado. Esto favorece la escucha interna y sentir nuestras necesidades en el momento. Las canciones pueden servirnos para recordar una persona o un momento de nuestra vida, como si fuera un viaje en el tiempo, al escuchar determinadas notas se activa esa memoria y se movilizan sensaciones e imágenes asociadas.

Una explicación biológica

Percibimos la música porque convertimos las vibraciones de aire en una experiencia consciente. Hay dos partes en esta conversión: sensación y percepción. La sensación es el proceso de convertir una señal física (la vibración de aire) en una señal neural (neuronas que envían impulsos electroquímicos entre sí). La percepción es el proceso en el que el cerebro analiza las señales neuronales que vienen del oído, lo que las convierte en un montón de electricidad que nos da la experiencia de los sonidos. 

Por eso si hay un daño en la parte del cerebro que se encarga de estos procesos nos podemos encontrar con consecuencias como la amusia, un trastorno neurológico que dificulta percibir o reproducir ritmos o notas musicales. Por ejemplo, una persona con amusia puede decir que una canción le suena como el sonido de los platos chocando o que todos los tonos suenan igual.

Otro ingrediente interesante para entender la forma en que reaccionamos a la música son nuestras expectativas musicales que se basan en nuestro historial de escucha en la vida. Nuestro cerebro al escuchar va comparando con lo que ha escuchado anteriormente y los estados que le provocaban. Esto hace que cuando escuchamos una canción se haga una comparación de las similitudes de forma inconsciente e involuntaria. 

Con este último elemento juegan algunos estilos musicales, por ejemplo dentro de la música electrónica. Se repite durante un tiempo el mismo sonido con el fin de crear una sensación de anticipación pero sin saber cuando exactamente va a romper. Así, cuando finalmente sucede, se produce una descarga de dopamina que nos hace sentir bien. La dopamina es un químico que funciona como recompensa cuando hacemos predicciones que resultan ser verdaderas. 

Experimentando sonidos

En terapia la música se puede utilizar como recurso para una gran variedad de situaciones. En este artículo quiero aprovechar para proponeros un pequeño ejercicio.

Os pongo aquí una canción pero podría ser con cualquier otra que os apetezca. En este caso son 4 minutos por lo que no os llevará mucho tiempo. Prepararos para únicamente escuchar la canción. Cuando estéis en un sitio cómodo, hacéis una respiración profunda, le dais al play y cerráis los ojos. Dejaros sentir, ¿qué sensaciones aparecen? ¿Dónde notáis el sonido? ¿Os sugiere realizar alguna acción (bailar, cantar, gritar…)? Utilizad este espacio para dejaros llevar por la melodía y dar rienda suelta a lo que aparezca.

En Umai siempre tenemos una banda sonora, me encantaría que me compartierais canciones que os conmueven o que significan algo para vosotrxs. Os mando un abrazo y que disfrutéis de este fin de semana tan especial, bailando, cantando, tocando, compartiendo o como os surja.

Recomendaciones

Para terminar me gustaría dejaros algunas sugerencias:

  • Oliver Sacks, ‘Musicofilia’ (2015). Ed. Anagrama. O.Sacks era un neurólogo divulgador y en este libro se centra en contar historias de personas con lesiones cerebrales o cerebros inusuales relacionadas con la música.
  • Ólafur Arnalds, ‘Re:member’ (2018). Sello: Mercury KX. Este álbum instrumental utiliza diferentes sonidos y tonalidades que nos llevan por un camino que puede inducir un estado de calma.
  • Página web de IN-EDIT TV. Festival internacional de cine documental musical. Aquí podréis encontrar un buen catálogo de documentales relacionados con la música. 

Entre dos tierras: Psicología de la migración

“Estamos vivos porque estamos en movimiento”

Jorge Drexler

Desde hace ya más de una década vemos como aumenta la cifra de personas que deciden irse a vivir a otros países. Es común que conozcamos varios casos a nuestro alrededor. En este suceso nos encontramos con una gran diversidad de causas, perfiles, aspiraciones y consecuencias, cada uno tiene su propia experiencia y no es algo que sea fácilmente generalizable. Dicho esto, en este artículo me gustaría exponer algunos conceptos y variables que, a grandes rasgos, se pueden observar en los procesos migratorios.

Hace unas semanas leí un estudio de Elgorriaga, Ibabe y Arnoso (2019) en el que se comparaba a un grupo de españoles que había emigrado a UK y Alemania con otro grupo de españoles no migrantes. Los resultados indicaban que el proceso migratorio estudiado no se relacionaba con peor salud mental en el contexto europeo y las diferencias en función del sexo eran muy pequeñas. Como factores que protegen la salud mental se hablaba de las condiciones laborales y el cumplimiento de las expectativas migratorias.

En un proceso de este tipo observamos una balanza de ganancias y pérdidas. Puede ser que las personas que encuentran mejores condiciones y se sientan valoradas, hagan una lectura positiva del cambio de residencia. Si hablamos de los posibles beneficios de realizar un cambio así podemos nombrar elementos como: un crecimiento personal donde se obtienen muchos aprendizajes, un aumento de empatía, tolerancia y habilidades que surgen de la adaptación a unas circunstancias nuevas y desconocidas. Según la experiencia, la persona podrá obtener unos recursos diferentes que le permitan afrontar su situación de vida actual.

«Pinpointing Progress» – Maarten Vanden Eynde

Expectativas y duelo

Uno de los principales motivos para salir suele ser la búsqueda de oportunidades laborales y desarrollo profesional. Con lo que nos cuentan y vemos en los medios se pueden crear expectativas sobre cómo será nuestra futura estancia. Después allí, hay veces que éstas anticipaciones previas se cumplen y hay otras veces que no. Si resulta que finalmente lo que nos encontramos no coincide con lo que esperábamos, necesitaremos contar con -o aprender-, habilidades que nos permitan afrontar el nuevo escenario. En ocasiones, las demandas de estar en una nueva cultura son muy elevadas y esto provoca bastante estrés, pudiendo aparecer síntomas de ansiedad o depresión en el proceso de adaptación. Frecuentemente, los trabajos a los que se optan no tienen relación con los estudios y esto puede desembocar en rabia y frustración. También en casos en los que la integración en el nuevo país no esté siendo fácil, puede aparecer culpabilidad por pensar que algo no estamos haciendo bien y que ese es el motivo de nuestro malestar.

En esta línea encontramos el duelo migratorio. Existe una sensación común de nostalgia que viene de la pérdida, de no estar viviendo cosas que están pasando en tu familia, o con tus amigos de tu país de origen. Echar de menos la comida, el clima o las costumbres propias de tu tierra. Hay que remarcar que en esta situación la pérdida es más una separación ya que se mantiene un contacto con los elementos antiguos, tanto telemáticamente como en visitas esporádicas, lo que puede crear una sensación de no estar en ninguno de los dos lados al completo. Este duelo requiere de una reestructuración interna, un proceso de reflexión y asentamiento de la nueva situación y aceptación de lo que se deja atrás.

«Nail House» – Leonard van Munster

Buscando nuestra identidad

Normalmente nos hacemos una idea de quiénes somos según nuestras raíces, nuestras experiencias y lo que se mantiene de una forma estable en nosotros. Puede ser el idioma, la cultura o la profesión. Todo esto son elementos externos, que cuando nos movilizamos a otro espacio se tambalean. Situarnos en una realidad totalmente diferente a la habitual, puede afectarnos en la visión de nosotros mismos y de nuestra identidad.  Por ejemplo, en algunas personas, la barrera del idioma hace que exista un sentimiento de simplificación de sí mismo, de no poder expresarse en su totalidad y con espontaneidad, creando un sentimiento de soledad, aislamiento o incomprensión.

A veces, simplemente la sensación que tenemos es de “no estar bien” o de sentir un vacío. Detrás de esa capa nos podemos encontrar con emociones de miedo, vergüenza, inseguridad, rabia, culpa, tristeza, desilusión, decepción, frustración, arrepentimiento, impotencia, soledad, incertidumbre respecto al futuro o de no pertenencia. En este sentido, es muy útil ordenar, identificar y expresar qué está pasando para realizar una elaboración más sana y más comprensiva sobre lo que está ocurriendo en nuestro interior.

En este punto podemos reflexionar sobre nuestra identidad de una forma curiosa y profunda, integrando aspectos experienciales de nuestras primeras vivencias y nuestra tierra. Añadiendo elementos actuales, considerando este constructo como algo íntimo y que está vivo. Entendiendo la riqueza que comprende la identidad y que aunque algunos elementos vengan de una cultura, somos cada uno de nosotros los que los sentimos y los experimentamos desde nuestro prisma individual, pudiendo crear un concepto único y con el que realmente nos identifiquemos.

Por todo lo nombrado anteriormente, el trabajo personal nos puede ayudar a descubrir nuestra esencia y ese lugar que no cambia y nos sostiene a pesar de lo que nos rodee. También, nos puede aportar recursos para afrontar la situación de una forma más beneficiosa para nosotros. Además de trabajar con esos pensamientos y emociones asociadas a la elaboración del duelo, la adaptación o la integración en el nuevo país.

«Home Sweet Home» – Banksy

Recursos


Creando desde la creatividad: Entrevista a Candela Gorostiza

«La creatividad se aprende igual que se aprende a leer.»

Ken Robinson

Desde Umai quiero aprovechar el otoño para inaugurar una sección de entrevistas y colaboraciones que contará con personas que nos hablen sobre algún tema relacionado con la psicología. En este primer post he tenido la suerte de entrevistar a una buena amiga: Candela Gorostiza del blog asteroide37. Ella es licenciada en psicología, graduada en magisterio y especializada en educación alternativa. Tiene experiencia en diferentes pedagogías y actualmente trabaja en un cole Reggio Emilia en Ámsterdam. 

Para mí hablar de la infancia en este blog tiene mucho sentido, ya que es una oportunidad para aprender más sobre el impacto de ésta en la madurez. Además, profundizar en las primeras etapas de nuestra vida nos puede dar información valiosa para nuestro proceso de desarrollo personal, ya que nos permite la integración de experiencias tempranas en nuestra línea vital.

Este verano fui a un museo en Lille, una ciudad del norte de Francia, y cuál fue mi sorpresa cuando vi que las obras expuestas eran hechas por niños y adolescentes. Es un proyecto que ha reunido a más de 10000 niños que han expresado su visión del mundo actual y futuro, a partir del dibujo, la fotografía, escultura, escritura, teatro, danza o música. Era la primera vez que veía que se le daba un espacio así a los pequeños, dándole seriedad e importancia a lo que hacen. Muchos grandes artistas han intentado imitar esa frescura e inocencia que podemos tener en los primeros años de vida y aquí se podía disfrutar de ella en cada creación.

Exposición Môm’Art en Gare Saint Sauveur (Lille, Francia)

Esta experiencia me hizo reflexionar y pensé que la creatividad podría ser un tema muy interesante para debatir con Candela:

Para comenzar y ponernos un poco en contexto, ¿nos puedes explicar en qué consiste la “educación alternativa”?

La “educación alternativa”, también conocida como “educación no tradicional” o “educación activa” es un paradigma educativo relativamente reciente que reúne a un conjunto muy diverso de aproximaciones a la infancia como, por ejemplo, la pedagogía Montessori, Waldorf, Reggio Emilia, Pikler, etc. Todas estas pedagogías tienen en común que consideran a las niñas y los niños como las y los protagonistas de sus procesos de aprendizaje. 

Tradicionalmente desde la educación se ha visto a las alumnas y alumnos como si fueran sujetos vacíos de conocimientos y carentes de opinión que recibían pasivamente la información que el o la docente les enseñaba. En cambio, en la educación alternativa los intereses, las necesidades, las motivaciones y los ritmos de las niñas y los niños son respetados. Se parte de la premisa de que el aprendizaje se produce produce de dentro hacia afuera, es decir, que parte de una curiosidad innata y de unas necesidades profundas de desarrollo y no al contrario, como se había venido haciendo a lo largo de la historia. La motivación externa y la programación exhaustiva del aprendizaje no son necesarios y por lo tanto, los educadores y las educadoras pasan a tener el importante papel de guías o acompañantes de este proceso de desarrollo. El psicoanalista y educador Rubem Alves ilustra muy bien esta idea cuando dice que “Quien intenta ayudar a una mariposa a salir de su capullo, la mata. Quien intenta ayudar a un brote a salir de su semilla, lo destruye. Hay ciertas cosas que no pueden ser ayudadas. Ellas deben ocurrir de dentro hacia fuera.”

La creatividad es la habilidad de ver el mundo con una mirada abierta, de relacionarse con él de manera original y de transformarlo.

Me gusta mucho esta metáfora, a veces solo necesitamos un acompañamiento en nuestro proceso. Ahora que nos has puesto en contexto, enfocándonos en la creatividad, ¿nos podrías poner un ejemplo de alguna actividad que utilices en tu práctica para trabajarla?

Desde mi punto de vista, la creatividad debería impregnar cada poro del sistema educativo. En los últimos años el mundo está cambiando de manera vertiginosa. Si queremos ayudar a las niñas y los niños a que se preparen para el futuro incierto y complejo que va a llegar y para que se desenvuelvan en él de forma satisfactoria, debemos educar en la creatividad.

Con “educar en la creatividad” no me refiero a pretender que todos los niños y las niñas se conviertan en artistas en potencia, que seguramente eso es lo que se nos viene a la cabeza a la mayoría de nosotras y nosotros al pensar en alguien creativo. Tradicionalmente, la creatividad ha estado asociada al arte, sin embargo, el arte solo es una de las millones de formas que tiene ésta para expresarse. La creatividad es la habilidad de ver el mundo con una mirada abierta, de relacionarse con él de manera original y de transformarlo. Una científica, un cocinero, una psicóloga o un jardinero pueden ser personas extremadamente creativas en sus respectivos campos. De hecho, todo el mundo puede llegar a serlo, tan solo necesita una atmósfera que lo propicie.

Para trabajar la creatividad en nuestras escuelas, podemos valernos de cualquier momento, actividad o proyecto. Toda experiencia vital es una oportunidad para aprender y para trabajar la creatividad. Si respetamos los intereses y necesidades de nuestros alumnos y alumnas, guiándoles y ayudándoles a identificarlos, si les devolvemos el protagonismo, dejándoles pensar, reflexionar, organizar y tomar decisiones, si favorecemos un contexto de libertad, donde existan las opciones, las alternativas, las posibilidades, donde no se penalice el error, si les dejamos tiempo para explorar, jugar, aburrirse, etc., estaremos apoyando el desarrollo de la creatividad.

Candela Gorostiza

Coincido completamente con ampliar el concepto a otras actividades más allá del arte. Aún así, incluso asignaturas ligadas a lo que comúnmente asociamos a la creatividad  como dibujo o música se han visto tradicionalmente como de “segunda división” ¿Cuál crees qué es la influencia en la edad adulta de educar dándole importancia a la creatividad en todas sus formas?

Como bien apuntas, desde que surgió nuestro sistema educativo en la época de la Ilustración y la Revolución Industrial, las ciencias y las letras siempre han estado en la cima del conocimiento y las artes, por el contrario, en la base. En aquel momento, esta jerarquía de materias basaba su sentido en que el propósito del sistema educativo era educar para satisfacer los trabajos que demandaba la industria. El razonamiento deductivo y la memorización eran los pilares de este sistema.

En pleno siglo XXI, inmersos en una sociedad de la información tan cambiante, este paradigma se ha quedado totalmente obsoleto. Ya no tiene sentido que nuestras escuelas sigan pareciéndose tanto a las fábricas: con timbres que dicen cuando hay que volver al trabajo, con el conocimiento fragmentado en materias y con la existencia de una jerarquía dentro de las mismas que indica qué conocimientos son los importantes y cuáles no, con niños y niñas agrupados por edades, con un exceso de memorización de contenidos, etc. La educación de hoy en día tiene que centrarse en otros aspectos y la creatividad es uno de ellos. Algunos autores, como el experto en educación Ken Robinson, la consideran crucial, otorgándole el mismo estatus que a la alfabetización.

Además de las ventajas que ya se han comentado sobre la creatividad como son la adaptación al cambio y a la incertidumbre, las personas que hayan sido educadas bajo este enfoque muy probablemente serán adultas y adultos curiosas/os, con ganas de aprender siempre y estarán más capacitadas/os para resolver problemas y asumir riesgos.

Exposición Môm’Art en Gare Saint Sauveur (Lille, Francia)

Muchas veces en terapia se sugiere que se realicen actividades expresivas que a veces tenemos asociadas a la infancia (manualidades, baile, escritura…) para trabajar la atención, la motivación, las emociones o los pensamientos. ¿Por qué crees que de niños aceptamos más que exista un tiempo para estas actividades y a algunos adultos les suele costar más trabajo o no se le da importancia?

El hecho de que la mayoría de las adultas y adultos que van a terapia no se sientan cómodas/os realizando este tipo de actividades creo que está ligado por un lado, a las expectativas que hoy en día se tienen sobre el proceso terapéutico y, por otro lado, a lo infravaloradas que éstas están a nivel educativo y social.

El sistema educativo tradicional está enfocado en el desarrollo del plano puramente cognitivo. El objetivo máximo de la Educación es que un alumno o alumna acabe siendo un/a catedrático/a universitario/a. No se nos debe olvidar esa jerarquía del conocimiento de la que hablábamos, con las ciencias y las letras en la cúspide y con la memorización y el razonamiento deductivo por bandera. El resto del cuerpo que no sea la cabeza va pasando a un segundo plano. Los sentidos y las emociones no se consideran significativos. Poco a poco vamos aprendiendo que “lo importante”, “lo serio”, “lo que hay que hacer” es sentarse en un pupitre durante 6 horas o más, escuchando lo que nos cuentan las/os profesores, sin interactuar entre nosotras/os, sin movernos, sin levantarnos, pidiendo permiso para ir al baño y hablando solo cuando nos lo soliciten. Las actividades o materias que impliquen el trabajo de los otros planos del desarrollo humano tienen menos valor social y, por lo tanto, menos importancia curricular y eso va calando.

Cuando nuestras/os niñas y niños llegan a la adultez, podemos encontrarnos con dos situaciones. Algunos/as de estos/as adultos/as no se habrán visto muy influenciadas/os por este goteo constante y no tendrán esta jerarquía tan grabada a flor de piel. Estas personas seguirán practicando y/o disfrutando con la música, la pintura, la danza, el teatro, la escritura, etc. Las habrá que incluso las hayan transformado en sus profesiones. Sin embargo, lamentablemente, la mayor parte de ellos/as seguirán viendo las artes como algo secundario.

Ahora imaginemos que una de estas personas del segundo caso asiste a terapia. Probablemente esperará que el psicólogo o la psicóloga trabaje con lo que para ellas/os es lo realmente importante: la mente. Verse en consulta invitada/o a realizar actividades vinculadas a las artes le llevará a pensar que eso que está haciendo no es útil, no es serio, es “cosa de niñas y niños” y hará que no le encuentre el valor que realmente tiene para su proceso de crecimiento personal.

Toda experiencia vital es una oportunidad para aprender y para trabajar la creatividad.

Interesante esto que nos comentas, por eso a mí me gusta partir del concepto de salud integrativa donde no solo se ve a la persona como un cerebro o una mente, sino que se atienden a sus múltiples facetas y a su interrelación.

Para finalizar, ¿hay alguna cosa más que nos quieras contar o algún libro o herramienta que recomendar?

Para las personas que quieran profundizar más en el apasionante mundo de la creatividad y la educación les recomendaría los libros y las charlas de Ken Robinson, la teoría de la «Educación Creadora» de Arno Stern, las escuelas Reggio Emilia y el curso sobre recursos artísticos y acompañamiento a la infancia de La Violeta.

También, antes de despedirme me gustaría animar a todas/os las/os lectoras/es a reconciliarse con su parte creativa. Todas y todos la tenemos de alguna u otra forma. Yo en mi caso, por ejemplo, no lo hice hasta mi vida adulta. Siempre me había considerado una persona poco creativa o no lo suficiente en comparación con otras, pero gracias a los caminos por los que me ha llevado la vida, mi formación y mi trabajo personal y profesional he podido reconectarme con facetas de mí misma que tenía ya muy olvidadas y la verdad, que es una experiencia que le recomiendo a todo el mundo.

Muchas gracias Candela por tu tiempo y por compartir tus conocimientos y experiencias con Umai. Personalmente he disfrutado y aprendido mucho haciendo este artículo contigo, estoy segura de que lo volveremos a hacer hablando sobre algún otro tema interesante.

Quiero aprovechar para invitar a este espacio a cualquier persona que  quiera hablar y compartir su perspectiva sobre algún tema relacionado con psicología y/o salud integrativa. Si estás interesada/o puedes escribir a hola@umaiterapia.com

*Para aquellos que quieran conocer más sobre la exposición Môm’Art de Lille, os dejo aquí un enlace. El vídeo está en francés pero podéis disfrutar de algunas imágenes de las obras.

Mente y cuerpo: Una visión integrativa

“La constitución humana siendo lo que es, corazón, cuerpo y cerebro mezclados, y no contenidos en compartimentos separados…”

«Una habitación propia» – Virginia Woolf


Cuando se tiene sintomatología física como dolor crónico, diabetes o problemas estomacales entre otros, es probable que nos encontremos afectación a nivel psicológico. Partamos de un ejemplo sencillo, cuando tenemos gripe podemos estar decaídos, desmotivados, irascibles, tristes, etc. Por lo que tiene todavía más sentido que si aparece una dolencia prolongada, severa o limitante, también exista un impacto en la salud psicoemocional. A su vez, estas consecuencias se convierten en causa aumentando la sintomatología física y así nos encontramos ante un círculo vicioso que reduce la calidad de vida de la persona.

Establecer una diferencia entre mente y cuerpo nos facilita su estudio y el avance científico en cada especialidad, lo cual nos permite el tratamiento de diferentes dolencias con mayor precisión. Pero esto no quiere decir que funcionen por separado y que lo que pase en el cerebro no tenga nada que ver con el pie. Por ello, existe también el enfoque integrativo y la perspectiva biopsicosocial que se basa en una visión completa de la persona, teniendo en cuenta la relación entre mente, cuerpo, emociones y circunstancias. Esta forma de trabajo tiene una visión multidisciplinar abarcando las distintas variables que componen al ser humano. Cada profesional tiene su área de conocimiento pero trabaja considerando la influencia de las demás.

En mi experiencia respecto a este tema, lo que he observado muchas veces es que se ignora la salud mental o si se hace referencia, es a nivel de diagnóstico sin ofrecer alternativas de terapia y los beneficios que puede tener ésta. Me parece un enfoque muy reducido que si, por ejemplo, una persona está diagnosticada de fibromialgia y va al médico, solamente se le ofrezca como tratamiento la medicación. ¿Qué pasa con las emociones, los pensamientos, la nutrición, el ejercicio o la situación social? Y así con cualquier motivo de consulta.

El cambio de paradigma propone pasar del enfoque clásico basado en la medicalización y la posición pasiva del consultante (“Voy al médico y él tiene la solución a mi problema con una pastilla”), a un proceso de aprendizaje activo que tenga en cuenta las diferentes necesidades de la persona y que conlleve una mayor responsabilidad de la propia salud. Ya que a priori, aunque puede parecer más costoso, los resultados se mantienen más a largo plazo. Ya se ha demostrado en varias ocasiones que destinar recursos a incluir la terapia psicológica en hospitales mejora el bienestar de las personas. Así que trabajar en tus pensamientos y emociones, ¡también te puede ayudar en tus problemas físicos!


Un pequeño ejercicio …

Imagina por un momento que estás en tu casa, en la cocina y abres el frigorífico. Coges un limón que te llama la atención por su color amarillo luminoso. Decides cortarlo por la mitad, lo observas detenidamente unos segundos y después lo exprimes lentamente en un vaso para beberlo.

¿Qué has sentido? ¿Has notado algún cambio en la boca, el sabor, la lengua? En muchas ocasiones el mero hecho de imaginar algo nos provoca cambios físicos como si tuviéramos el limón en nuestras manos. Este pequeño ejemplo nos puede hacer reflexionar sobre cómo lo que pensamos puede tener consecuencias en nuestro cuerpo.

A otro nivel, nos podemos encontrar pensando en algún suceso del pasado que nos provocó miedo y aunque ahora no esté sucediendo, al revivirlo, nuestro cuerpo reacciona con tensión, taquicardia o sudor. También al revés se da esta relación, por ejemplo, después de un esfuerzo físico prolongado como salir a correr tenemos pensamientos de satisfacción y sensaciones agradables. Hay muchos ejemplos sobre la relación cuerpo-mente ¿Se os ocurre alguno? ¡Me encantará leerlos!

A modo de conclusión, creo que un tratamiento integrativo permite mejores resultados ya que tiene en cuenta los diferentes aspectos que conforman a la persona y cómo se interrelacionan entre ellos. Ofreciendo una visión más real y equilibrada de la complejidad humana.