Productividad y descanso


«El arte del descanso es una parte del arte de trabajar»

John Steinbeck

Entramos en el nuevo curso en un año cargado de novedades y cambios. Septiembre es un mes de inicio en el que se mezcla la ilusión por los comienzos, con la vuelta (a veces indeseada) al trabajo, la motivación por volver a la rutina y el orden o todo lo contrario. Hay tantas maneras de afrontar una misma situación como personas.

Las realidades son multidimensionales, si atribuimos algo a una sola causa estaremos viendo solo una parte del entramado. En el plano social nos encontramos con una situación de crisis mundial, esto nos está afectando a muchos niveles, la forma de hacer las cosas es diferente, hay restricciones y pérdidas. En este sentido, cada uno tiene su propia tesitura laboral y económica. Después, tenemos el contexto familiar, los apoyos sociales, nuestro sentido de comunidad. Asimismo, no podemos olvidar la parte psicoemocional, cómo nos sentimos, qué tipo de pensamientos estamos teniendo, cuál es nuestra realidad interna. Finalmente el cuerpo, que recoge todo lo anterior, nuestra salud, nuestro funcionamiento orgánico.

La vuelta en crisis 

Más allá del caso individual de cada uno hay dos realidades que son comunes y de las cuales quiero hacer hincapié en este artículo. Una es la tensión acumulada debido a la pandemia y a todo lo que supone y otra es el modelo económico y las creencias asociadas que tenemos en el mundo occidental. 

Ahora que muchos nos estamos incorporando al ámbito laboral podemos observar una dinámica compartida sobre nuevos proyectos, ideas, objetivos… todo esto puede venir de que después de un tiempo de pausa aparece la creatividad y la motivación. En nuestra sociedad las vacaciones se perciben como una recompensa al trabajo y como algo puntual en el año. Se nos pide continuamente que seamos productivos, tanto que acabamos siéndolo en todas las facetas de nuestra vida sin darnos cuenta. Muchas veces ese exceso de productividad acaba en burnout o desgaste ya que inconscientemente podemos sobrepasar nuestro límite y acabamos quemados.

El ritmo

Por todo esto en este texto quería darle una vuelta a lo que estamos acostumbrados. En vez de escribir sobre rutinas y objetivos, vengo a hablar de la importancia del descanso. Y me refiero a una concepción amplia de esta palabra, no sólo a dormir, los fines de semana y los festivos. Ir más allá e incorporar las pausas en nuestro día a día. A muchos nos puede parecer imposible con todo lo que “tenemos que hacer” en el día, pero sí que lo es, aunque sea en espacios cortos. Como todo, conlleva una práctica para convertirlo en hábito pero una vez integrado nos daremos cuenta de lo bien que nos puede sentar no ir todo el día corriendo de una cosa a otra.

Este flujo rápido e intenso de cosas que hacer y que consumir nos hace que tengamos una falta de atención. Los trabajos, los medios, las redes sociales… están hechas para que atendamos a multitud de tareas en poco tiempo y de forma superficial. A lo largo del día podemos acabar sobreestimulados, con inquietud e incluso ansiedad, o aburridos si no tenemos un objetivo que cumplir. Frecuentemente el resultado de todo esto es caer en algún tipo de adicción o distracción que nos evite sentir lo que hay debajo de todo este ritmo frenético.

La pausa

Este verano paseando me encontré con esta escultura en la ciudad de Santiago de Compostela. Me pareció muy representativa de algunos momentos en los que podemos sentirnos cargando mucho peso y cuesta arriba. Inspirándome en esta imagen quizás podríamos sentarnos en cada escalón a mirar nuestro alrededor, respirar y darnos un espacio para ver si estamos con demasiado peso, podemos soltar o recargar energía.

Si aprendemos a escucharnos podremos saber antes de llegar al límite cuando nos es necesario parar. Además, si tenemos en cuenta el primer punto que comentaba del período estresante que nos está tocando, no hay duda de que la quietud será un buen bálsamo. Incluir “vacaciones diarias” influirá en todo nuestro ser conectándonos con ritmos más orgánicos y saludables. 

Si has llegado hasta aquí te agradezco tu tiempo de lectura y espero que esta reflexión te sirva para sentirte mejor. Estaré encantada de saber qué piensas y qué te ha parecido. También aprovecho para recordar que cualquier persona que le guste este espacio y quiera colaborar con alguna idea, artículo, entrevista o proyecto puede contactar conmigo a través del mail.

Que la pausa y el descanso nos acompañen en este nuevo curso.

Verano 2020: una oportunidad para “volver al cuerpo”


“La atención al cuerpo nos permite vivir plenamente. Nos aporta curación, sabiduría y libertad”

Jack Kornfield – “La sabiduría del corazón”


Poco a poco nos sumergimos en el calor, el ambiente estival, las noches de verano… todo esto acompañados de la situación especial que estamos viviendo y “todos sus avíos” como dirían en mi tierra (mascarilla, distancia social, la nueva normalidad…). Estos dos elementos se dan unidos en un momento en el que salimos de un encierro. Además, estos meses hemos integrado mensajes de peligro continuados y ahora se nos invita a que viajemos, compremos y reactivemos la economía.

Esto en nuestro cerebro supone una ambivalencia y se pueden dar sensaciones contrarias, por ejemplo motivación y ganas de salir, unido a miedo y preocupación por lo que pueda pasar. No olvidemos que seguimos en un periodo de gran incertidumbre y que, como seres humanos, esto nos afecta en nuestras rutinas, planes, en la sensación de control que normalmente tenemos y, por supuesto, en nuestro organismo.

Es por todo ello que antes de irme de vacaciones quería escribir un pequeño texto sobre volver al cuerpo como una estrategia muy poderosa para estos tiempos que corren y para la vida en general. Sin olvidar que la recuperación de la vida en el cuerpo es un largo proceso ya que estamos acostumbradxs a su negación y a ignorar su sabiduría.

Escuchando nuestro organismo

Por un lado, el cuerpo es el lugar donde vivimos, el espacio dónde podemos experimentar la realidad desde diferentes modalidades. Es nuestra casa y hogar. Por otra parte, debido a nuestra sociedad y cultura, la mayoría de nosotrxs solo le prestamos atención a nivel estético para seguir la norma establecida de lo que es “bonito” y “feo”, o lo que está “bien” o “mal”. O cuando aparece algún síntoma que nos incomoda y que puede estar relacionado con alguna enfermedad.

A pesar de las creencias y normas establecidas, nuestro organismo va mucho más allá del aspecto externo. Es un canal de información grandísimo, nos da muchas posibilidades para disfrutar de la vida y sentirnos más conectados con lo que realmente somos. Tomar consciencia de nuestro cuerpo es un aprendizaje. Si nos atrevemos a abrir esa puerta iremos notando cada vez más elementos que pasaban desapercibidos y que nos ayudarán a estar más alineados con nosotros mismos y con lo que necesitamos momento a momento.

Voy a sugerir un ejercicio que podéis hacer para comenzar este viaje y si os gusta siempre podéis explorar más o buscar algún espacio donde se trabaje la consciencia corporal y el embodiment. En Umai es una parte fundamental del trabajo terapéutico.

Una práctica para explorar…

En estos últimos meses hemos pasado mucho tiempo sentados, con la misma posición durante horas. Para un momento, ¿qué postura tiene tu cuerpo? ¿Estás cómodx? ¿Hay alguna tensión? Cierra los ojos, escucha, ¿hay algún movimiento que necesitas hacer? 

Sitúate en una posición encorvada (hombros hacia delante, cabeza hacia abajo, espalda redondeada). Sin entrar en juicios, ¿cómo te sientes? ¿Hay alguna emoción? ¿Algún pensamiento? ¿Cómo son las sensaciones y mensajes de tu cuerpo?

Ahora pasa a una posición expansiva (hombros hacia atrás y abajo, cabeza y espalda erguida sin forzar, torso abierto). Repite las preguntas y compara entre la primera opción y la segunda.

Normalmente asociamos la primera posición con una actitud más preocupada, triste o cerrada, mientras la segunda representa apertura, confianza o seguridad. Podemos observar que los estados corporales participan e influyen en la mente y las emociones. Somos un todo interrelacionado y las diferentes partes se retroalimentan entre sí. 

En una sociedad donde se prioriza y se le da tanta importancia a la actividad mental, supone una buena opción realizar estrategias de este tipo (embodiment) que nos ayudan a bajar al cuerpo y no estar tanto en la cabeza y, por lo tanto, nos aportan equilibrio e integración.

Conexión

Estas prácticas nos sirven para conectar con nuestras emociones, con cómo nos sientan determinadas comidas, espacios o actividades. Y nos permiten aumentar nuestra consciencia para ir acercándonos cada vez más a lo que queremos o necesitamos. Por ejemplo, al darnos cuenta de la existencia de alguna tensión podemos poner la intención en soltar o relajarla. Este ejercicio le va recordando al sistema nervioso que se puede aflojar y va creando poco a poco un nuevo aprendizaje.

Cultivar la conciencia corporal nos puede dar pistas de cuándo estamos cómodos y cuándo no, y así ir jugando para no sobrepasarnos si alguna situación es difícil para nosotros. Dado el contexto actual, es normal que estemos más sensibles o que notemos más movimiento en nuestro cuerpo. Nos encontramos en una crisis mundial y esto afecta a nuestro sistema nervioso. Esto subraya la importancia de fomentar el autocuidado de forma que podamos hacer balance con la alarma, el miedo y la preocupación por todo lo que estamos viviendo.

Sin más, os deseo unos buenos días de verano. Que podáis conectar con vuestro cuerpo y disfrutar de todas las cosas que nos rodean a través de él. Explorar, jugar y elegir qué es lo que más nos sirve o funciona en cada momento. Nuestro cuerpo posee muchos recursos solo hay que cultivar su escucha para dejar que se exprese sin bloquearlo.

Un par de videos:

  • Programa Tres14 de La 2 de RTVE dedicado al embodiment
  • Video que refleja de forma hermosa y con un bonito texto algunas de las posibilidades de nuestro cuerpo

Sobre salud mental y COVID-19: aprendizajes, reflexiones y sugerencias

“La paranoia y el miedo
no son, ni serán el modo,  
de esta saldremos juntos
poniendo codo con codo”

Jorge Drexler

Como ya todos sabemos, nos encontramos en medio de una crisis a nivel global. Cada uno de nosotros lo está viviendo de una forma distinta según sus circunstancias y situación personal, pero hay una serie de elementos que se pueden presentar en todos nosotros y de los que me gustaría hablaros por si pudiese servir a alguien.

En este momento existe una gran incertidumbre generalizada, no sabemos qué va a pasar, ni sabemos muy bien cómo comportarnos. Se trata de una situación nueva que conlleva una posible amenaza a la salud. Es por ello que nuestro cuerpo y mente reaccionan para protegernos y provocan una emoción asociada, el miedo, que está relacionado con el instinto de supervivencia. Es normal sentir miedo, tristeza, enfado o frustración y en ese sentido hay que dar espacio a las emociones y ver cómo traspasarlas. Lo que pasa, a veces, es que la mente continúa formando escenarios o situaciones que no están pasando como, por ejemplo, pensar que se van a vaciar los supermercados y no vamos a estar abastecidos. De esta manera, podemos sentirnos ansiosos o con un exceso de malestar, ya que nuestro cerebro responde a los pensamientos como si fueran la realidad. Esto explica también que tengamos conductas para protegernos intentando manejar cosas que escapan de nuestro control y que nos pueden hacer sentir peor. Siguiendo con el anterior ejemplo, una respuesta a ese miedo sería ir a comprar 10 paquetes de papel higiénico al supermercado.

El párrafo anterior presenta de forma resumida una explicación de por qué se pueden producir reacciones de miedo intenso con lo que estamos viviendo. Además, al ser un problema que afecta a toda la población, los sentimientos se pueden magnificar y podemos influirnos con más facilidad los unos a los otros. Esta influencia se puede dar tanto en negativo como en positivo. Por eso en este texto mi pretensión es dar unas pautas para inspirarnos y que podamos reforzarnos positivamente unos a otros.

Proceso individual y colectivo

Una de las consecuencias de esta pandemia es que se subraya que lo individual tiene un impacto en lo colectivo. Cada uno de nosotros solo podemos hacer lo que está en nuestra mano y cualquier cosa que aportemos hará que todos estemos mejor. En este sentido, mi sugerencia es que cambiemos el actuar y participar desde el miedo a que lo hagamos desde la confianza y desde la consciencia colectiva. Para ello es muy importante estar atentos a nuestros pensamientos, intentar realizar interpretaciones realistas y no favorecer el estado de alarma. Por otro lado, nos ayudará el sentirnos útiles y parte de la solución, propiciando el bienestar individual y colectivo.

Por otra parte, tenemos que tener en cuenta que nos encontramos en un proceso. No es algo que se vaya a resolver de un día para otro, ni hay una única solución. Por la sociedad en la que vivimos, podemos estar acostumbrados a que las cosas sean rápidas e inmediatas, pero en realidad la vida no funciona así. Nos movemos con ritmos, fases y ondas que conllevan un tiempo y requieren de múltiples factores. Por eso mismo, ahora es un buen momento para practicar la paciencia y la aceptación. Estas cualidades además nos van a servir para muchas más cosas en la vida, ya que las cosas que no se compran siempre requieren de un proceso.

La calma como factor de protección

Asimismo, me gustaría mencionar una parte del cuerpo fundamental: el sistema inmune. Como ya sabéis es el sistema que se encarga de defendernos de virus, bacterias e infecciones. En este momento es una parte clave. Pues resulta que éste se puede ver debilitado por un estrés mantenido. Es innegable que estamos en una situación estresante, ahora bien, aquí sí que podemos actuar para contrarrestar los efectos. Igual no está en nuestra mano que hagan una vacuna, cierren fronteras o hayamos pillado el virus pero sí intentar aumentar nuestro sistema de calma y que así nuestro cuerpo esté más fuerte y protegido. En esto me gustaría detenerme un momento. Como he comentado anteriormente, cuando estamos intentando controlar cosas que no están a nuestro alcance, nos podemos sentir peor, más estresados, con más miedo, enfado, etc. Todo esto puede pasar sin que nos demos cuenta, por eso es importante tomar consciencia de ello y enfocarnos en otros elementos en los que sí podemos actuar. Entrenar la calma, la serenidad o la tolerancia a la incertidumbre serían opciones a nuestro alcance y más amables con nosotros mismos.

Tiempo de aprendizajes, cambios y agradecimiento

No podemos olvidar que toda crisis conlleva aprendizajes y cambios. Es una época que implica reflexión y revisión de cosas que igual ya no nos funcionan y que podemos modificar. Observar los beneficios que nos puede traer, tanto a nivel personal como colectivo, es un ejercicio saludable. Por ejemplo: se está reduciendo la contaminación, tenemos la oportunidad de parar y revisar, se está dando espacio a la creatividad, a pesar de estar aislados hay más motivación por crear comunidad, hay muchas personas ofreciendo gratuitamente contenido o se están explorando nuevas posibilidades como el teletrabajo. También, podemos valorar lo que ya tenemos y valorar el trabajo de personas que permiten que estemos vivos y lo hacen lo mejor que pueden (personal de limpieza, sanitarios, personal de supermercado, agricultores, transportistas, periodistas, científicos, ingenieros, arquitectos…). Todos cumplimos una función y darnos cuenta y agradecerlo también nos ayuda a mejorar nuestra salud mental y reconfortarnos entre todos en esta época de crisis.

Algunas sugerencias prácticas 

En este punto me gustaría enumerar algunos elementos que recomiendo para cuidar nuestra salud mental en estos días:

  • Evitar la sobreinformación. Elegir un medio de comunicación fiable y no consultar más de 1 o 2 veces al día. No confiar en los mensajes recibidos sin un origen fiable.
  • Estar conectado con los seres queridos a través de la tecnología.
  • No estar hablando todo el día sobre el mismo tema.
  • Crear rutinas, incorporar ejercicios de respiración y movimiento.
  • Si se puede, utilizar el humor
  • Dejar que fluya la creatividad, probar a hacer cosas nuevas.
  • Leer, ver una película, hablar con amigos por videollamada, escuchar música, escribir…
  • Entrenar la mirada hacia lo positivo, la oportunidad, el beneficio.

Toda esta situación conlleva un reto. Ahora tenemos la oportunidad de practicar y mejorar cosas que nos pueden servir el resto de nuestra vida. No es fácil, a momentos es desagradable pero también tiene su parte de aprendizaje y evolución. El ser humano es capaz de adaptarse a casi todo. Es momento de poner a las personas en el centro, de cuidarnos a nosotros mismos y a los demás, de entrenar nuevos recursos y de conectar con la confianza y el amor. Todo esto pasará y saldremos fortalecidos. 

Como apunte final comentar que si hay alguien leyendo este texto y se encuentra muy sobrepasado por la situación, que no dude en pedir ayuda. Es normal que a veces no encontremos el camino para salir o que necesitemos un profesional para orientarnos. Os mando un abrazo.

Recursos

Volviendo a nuestro ecosistema

La naturaleza no es un lugar para visitar. Es el hogar

Gary Sherman Snyder


La relación entre ser humano y naturaleza está siendo actualmente un tema de debate en el ámbito académico, político e incluso en las conversaciones del día a día. Por una parte, se observa una relación desigual entre estos dos elementos en la que han predominado los intereses y necesidades del ser humano a los del medio ambiente. Por otro lado, existe una tendencia general de desconexión hacia uno de nuestros hogares, el planeta tierra. En ocasiones da la impresión que sólo le ponemos atención cuando algo va mal, por ejemplo, por un desastre meteorológico o por el cambio climático. Esto me recuerda a la relación con nuestro cuerpo. Parece que sólo somos conscientes de su existencia y su importancia cuando éste enferma o duele. La misma dicotomía que encontramos entre mente y cuerpo, la volvemos a ver entre ser humano y naturaleza. Por eso, cada vez más, se fomentan perspectivas más integradoras con una visión más amplia y completa de quiénes somos teniendo en cuenta el entorno.

Algunas evidencias y proyectos

Este aumento de interés por la naturaleza está teniendo repercusión en la investigación sanitaria. Cada vez existen más artículos que estudian los efectos saludables a nivel biopsicosocial que puede producir y provocar el contacto con la naturaleza.

Así pues, existen varios artículos científicos que hablan sobre el tema que nos concierne. Por ejemplo, un estudio publicado en la revista Frontiers in Psychology indica que dedicar, al menos, 20 minutos al día para pasear o sentarse en un lugar en contacto con la naturaleza reduce significativamente la hormona del estrés, el cortisol. Por lo tanto, esto nos puede ayudar en situaciones de ansiedad o depresión. En relación con este hallazgo, cabe destacar una práctica japonesa llamada Shinrin Yoku” (baño de bosque), la cual consiste en pasar tiempo en la naturaleza con el objetivo de mejorar y aumentar la salud, el bienestar y la felicidad. En Estados Unidos incluso han creado una asociación sobre esta terapia del bosque y entre las pautas que recomiendan podemos destacar las siguientes: 

  1. Conectar con la naturaleza.
  2. Prescindir de la prisa.
  3. Prestar atención al paisaje que nos rodea.
  4. Dedicarle tiempo.

En resumen, sería establecer un contacto con la naturaleza con atención plena, curiosidad, presencia y observación. Habilidades que se relacionan también con la práctica del mindfulness.

Una cabaña del Hospital de Oslo

Asimismo, otra prueba que subraya la importancia de volver a la naturaleza es la incorporación de cabañas en el bosque en algunos hospitales de Noruega. Estas cabañas permiten a los pacientes que requieren un tratamiento largo contar con un espacio más cerca del bosque. De esta manera, se promueve una recuperación en un ambiente más agradable y tranquilo que favorece una mayor calidad de vida durante el ingreso.

En la Universidad de Exeter (Reino Unido) están especializados en el estudio de la psicología ambiental y además de hablar de los espacios verdes, ponen el foco en los azules, el agua. Expertos en esta área nos indican que estos espacios están asociados a mejores niveles de vitamina D y beneficios en la salud psicoemocional y física. Este otro estudio nos revela que hay una relación entre el bienestar percibido de los participantes y la cercanía a un medio natural.

Finalmente, para mostrar cómo la naturaleza nos puede influir desde pequeños, es interesante comentar otro estudio liderado por el Instituto de Salud Global (ISGlobal). En éste se indica que los niños/as que durante su infancia tuvieron más contacto con espacios naturales gozan de una mejor salud mental cuando llegan a la edad adulta.

Beneficios y propuestas

La naturaleza nos permite respirar aire puro, promueve el contacto con el ser y no con el hacer, amplía nuestra creatividad, favorece el movimiento del cuerpo, la reflexión o la observación sin expectativas. A nivel mental poder caminar un rato en este entorno nos puede ayudar a calmar un exceso de actividad cognitiva. Estos son algunos de los múltiples beneficios que nos da. Además, favorece la conexión con nuestra esencia, con nuestro instinto y con los sentidos, creando una sensación de formar parte y de integración con nuestro ecosistema. Somos parte del medio y funcionamos con él, el sol, el clima, los árboles y los demás seres están interrelacionados con nosotros. Por eso cuando estamos un tiempo en este tipo de entorno nos solemos sentir mejor. En definitiva, la naturaleza nos brinda muchas posibilidades y mejora nuestra salud integral. 

Así pues, teniendo en cuenta lo beneficioso que es pasear por parques o playas, os propongo dedicar un poco de tiempo diario a conectar con el espacio natural que tengáis más cerca. Podéis estar atentos a cuáles son vuestras sensaciones antes de la práctica y si son diferentes una vez finalizada. Espero que lo disfrutéis y si queréis compartirlo conmigo estaré encantada de leeros!

*Este artículo se ha escrito en colaboración con Irene Lasaga Mateu,
Graduada en Psicología por la UB.

Creando desde la creatividad: Entrevista a Candela Gorostiza

«La creatividad se aprende igual que se aprende a leer.»

Ken Robinson

Desde Umai quiero aprovechar el otoño para inaugurar una sección de entrevistas y colaboraciones que contará con personas que nos hablen sobre algún tema relacionado con la psicología. En este primer post he tenido la suerte de entrevistar a una buena amiga: Candela Gorostiza del blog asteroide37. Ella es licenciada en psicología, graduada en magisterio y especializada en educación alternativa. Tiene experiencia en diferentes pedagogías y actualmente trabaja en un cole Reggio Emilia en Ámsterdam. 

Para mí hablar de la infancia en este blog tiene mucho sentido, ya que es una oportunidad para aprender más sobre el impacto de ésta en la madurez. Además, profundizar en las primeras etapas de nuestra vida nos puede dar información valiosa para nuestro proceso de desarrollo personal, ya que nos permite la integración de experiencias tempranas en nuestra línea vital.

Este verano fui a un museo en Lille, una ciudad del norte de Francia, y cuál fue mi sorpresa cuando vi que las obras expuestas eran hechas por niños y adolescentes. Es un proyecto que ha reunido a más de 10000 niños que han expresado su visión del mundo actual y futuro, a partir del dibujo, la fotografía, escultura, escritura, teatro, danza o música. Era la primera vez que veía que se le daba un espacio así a los pequeños, dándole seriedad e importancia a lo que hacen. Muchos grandes artistas han intentado imitar esa frescura e inocencia que podemos tener en los primeros años de vida y aquí se podía disfrutar de ella en cada creación.

Exposición Môm’Art en Gare Saint Sauveur (Lille, Francia)

Esta experiencia me hizo reflexionar y pensé que la creatividad podría ser un tema muy interesante para debatir con Candela:

Para comenzar y ponernos un poco en contexto, ¿nos puedes explicar en qué consiste la “educación alternativa”?

La “educación alternativa”, también conocida como “educación no tradicional” o “educación activa” es un paradigma educativo relativamente reciente que reúne a un conjunto muy diverso de aproximaciones a la infancia como, por ejemplo, la pedagogía Montessori, Waldorf, Reggio Emilia, Pikler, etc. Todas estas pedagogías tienen en común que consideran a las niñas y los niños como las y los protagonistas de sus procesos de aprendizaje. 

Tradicionalmente desde la educación se ha visto a las alumnas y alumnos como si fueran sujetos vacíos de conocimientos y carentes de opinión que recibían pasivamente la información que el o la docente les enseñaba. En cambio, en la educación alternativa los intereses, las necesidades, las motivaciones y los ritmos de las niñas y los niños son respetados. Se parte de la premisa de que el aprendizaje se produce produce de dentro hacia afuera, es decir, que parte de una curiosidad innata y de unas necesidades profundas de desarrollo y no al contrario, como se había venido haciendo a lo largo de la historia. La motivación externa y la programación exhaustiva del aprendizaje no son necesarios y por lo tanto, los educadores y las educadoras pasan a tener el importante papel de guías o acompañantes de este proceso de desarrollo. El psicoanalista y educador Rubem Alves ilustra muy bien esta idea cuando dice que “Quien intenta ayudar a una mariposa a salir de su capullo, la mata. Quien intenta ayudar a un brote a salir de su semilla, lo destruye. Hay ciertas cosas que no pueden ser ayudadas. Ellas deben ocurrir de dentro hacia fuera.”

La creatividad es la habilidad de ver el mundo con una mirada abierta, de relacionarse con él de manera original y de transformarlo.

Me gusta mucho esta metáfora, a veces solo necesitamos un acompañamiento en nuestro proceso. Ahora que nos has puesto en contexto, enfocándonos en la creatividad, ¿nos podrías poner un ejemplo de alguna actividad que utilices en tu práctica para trabajarla?

Desde mi punto de vista, la creatividad debería impregnar cada poro del sistema educativo. En los últimos años el mundo está cambiando de manera vertiginosa. Si queremos ayudar a las niñas y los niños a que se preparen para el futuro incierto y complejo que va a llegar y para que se desenvuelvan en él de forma satisfactoria, debemos educar en la creatividad.

Con “educar en la creatividad” no me refiero a pretender que todos los niños y las niñas se conviertan en artistas en potencia, que seguramente eso es lo que se nos viene a la cabeza a la mayoría de nosotras y nosotros al pensar en alguien creativo. Tradicionalmente, la creatividad ha estado asociada al arte, sin embargo, el arte solo es una de las millones de formas que tiene ésta para expresarse. La creatividad es la habilidad de ver el mundo con una mirada abierta, de relacionarse con él de manera original y de transformarlo. Una científica, un cocinero, una psicóloga o un jardinero pueden ser personas extremadamente creativas en sus respectivos campos. De hecho, todo el mundo puede llegar a serlo, tan solo necesita una atmósfera que lo propicie.

Para trabajar la creatividad en nuestras escuelas, podemos valernos de cualquier momento, actividad o proyecto. Toda experiencia vital es una oportunidad para aprender y para trabajar la creatividad. Si respetamos los intereses y necesidades de nuestros alumnos y alumnas, guiándoles y ayudándoles a identificarlos, si les devolvemos el protagonismo, dejándoles pensar, reflexionar, organizar y tomar decisiones, si favorecemos un contexto de libertad, donde existan las opciones, las alternativas, las posibilidades, donde no se penalice el error, si les dejamos tiempo para explorar, jugar, aburrirse, etc., estaremos apoyando el desarrollo de la creatividad.

Candela Gorostiza

Coincido completamente con ampliar el concepto a otras actividades más allá del arte. Aún así, incluso asignaturas ligadas a lo que comúnmente asociamos a la creatividad  como dibujo o música se han visto tradicionalmente como de “segunda división” ¿Cuál crees qué es la influencia en la edad adulta de educar dándole importancia a la creatividad en todas sus formas?

Como bien apuntas, desde que surgió nuestro sistema educativo en la época de la Ilustración y la Revolución Industrial, las ciencias y las letras siempre han estado en la cima del conocimiento y las artes, por el contrario, en la base. En aquel momento, esta jerarquía de materias basaba su sentido en que el propósito del sistema educativo era educar para satisfacer los trabajos que demandaba la industria. El razonamiento deductivo y la memorización eran los pilares de este sistema.

En pleno siglo XXI, inmersos en una sociedad de la información tan cambiante, este paradigma se ha quedado totalmente obsoleto. Ya no tiene sentido que nuestras escuelas sigan pareciéndose tanto a las fábricas: con timbres que dicen cuando hay que volver al trabajo, con el conocimiento fragmentado en materias y con la existencia de una jerarquía dentro de las mismas que indica qué conocimientos son los importantes y cuáles no, con niños y niñas agrupados por edades, con un exceso de memorización de contenidos, etc. La educación de hoy en día tiene que centrarse en otros aspectos y la creatividad es uno de ellos. Algunos autores, como el experto en educación Ken Robinson, la consideran crucial, otorgándole el mismo estatus que a la alfabetización.

Además de las ventajas que ya se han comentado sobre la creatividad como son la adaptación al cambio y a la incertidumbre, las personas que hayan sido educadas bajo este enfoque muy probablemente serán adultas y adultos curiosas/os, con ganas de aprender siempre y estarán más capacitadas/os para resolver problemas y asumir riesgos.

Exposición Môm’Art en Gare Saint Sauveur (Lille, Francia)

Muchas veces en terapia se sugiere que se realicen actividades expresivas que a veces tenemos asociadas a la infancia (manualidades, baile, escritura…) para trabajar la atención, la motivación, las emociones o los pensamientos. ¿Por qué crees que de niños aceptamos más que exista un tiempo para estas actividades y a algunos adultos les suele costar más trabajo o no se le da importancia?

El hecho de que la mayoría de las adultas y adultos que van a terapia no se sientan cómodas/os realizando este tipo de actividades creo que está ligado por un lado, a las expectativas que hoy en día se tienen sobre el proceso terapéutico y, por otro lado, a lo infravaloradas que éstas están a nivel educativo y social.

El sistema educativo tradicional está enfocado en el desarrollo del plano puramente cognitivo. El objetivo máximo de la Educación es que un alumno o alumna acabe siendo un/a catedrático/a universitario/a. No se nos debe olvidar esa jerarquía del conocimiento de la que hablábamos, con las ciencias y las letras en la cúspide y con la memorización y el razonamiento deductivo por bandera. El resto del cuerpo que no sea la cabeza va pasando a un segundo plano. Los sentidos y las emociones no se consideran significativos. Poco a poco vamos aprendiendo que “lo importante”, “lo serio”, “lo que hay que hacer” es sentarse en un pupitre durante 6 horas o más, escuchando lo que nos cuentan las/os profesores, sin interactuar entre nosotras/os, sin movernos, sin levantarnos, pidiendo permiso para ir al baño y hablando solo cuando nos lo soliciten. Las actividades o materias que impliquen el trabajo de los otros planos del desarrollo humano tienen menos valor social y, por lo tanto, menos importancia curricular y eso va calando.

Cuando nuestras/os niñas y niños llegan a la adultez, podemos encontrarnos con dos situaciones. Algunos/as de estos/as adultos/as no se habrán visto muy influenciadas/os por este goteo constante y no tendrán esta jerarquía tan grabada a flor de piel. Estas personas seguirán practicando y/o disfrutando con la música, la pintura, la danza, el teatro, la escritura, etc. Las habrá que incluso las hayan transformado en sus profesiones. Sin embargo, lamentablemente, la mayor parte de ellos/as seguirán viendo las artes como algo secundario.

Ahora imaginemos que una de estas personas del segundo caso asiste a terapia. Probablemente esperará que el psicólogo o la psicóloga trabaje con lo que para ellas/os es lo realmente importante: la mente. Verse en consulta invitada/o a realizar actividades vinculadas a las artes le llevará a pensar que eso que está haciendo no es útil, no es serio, es “cosa de niñas y niños” y hará que no le encuentre el valor que realmente tiene para su proceso de crecimiento personal.

Toda experiencia vital es una oportunidad para aprender y para trabajar la creatividad.

Interesante esto que nos comentas, por eso a mí me gusta partir del concepto de salud integrativa donde no solo se ve a la persona como un cerebro o una mente, sino que se atienden a sus múltiples facetas y a su interrelación.

Para finalizar, ¿hay alguna cosa más que nos quieras contar o algún libro o herramienta que recomendar?

Para las personas que quieran profundizar más en el apasionante mundo de la creatividad y la educación les recomendaría los libros y las charlas de Ken Robinson, la teoría de la «Educación Creadora» de Arno Stern, las escuelas Reggio Emilia y el curso sobre recursos artísticos y acompañamiento a la infancia de La Violeta.

También, antes de despedirme me gustaría animar a todas/os las/os lectoras/es a reconciliarse con su parte creativa. Todas y todos la tenemos de alguna u otra forma. Yo en mi caso, por ejemplo, no lo hice hasta mi vida adulta. Siempre me había considerado una persona poco creativa o no lo suficiente en comparación con otras, pero gracias a los caminos por los que me ha llevado la vida, mi formación y mi trabajo personal y profesional he podido reconectarme con facetas de mí misma que tenía ya muy olvidadas y la verdad, que es una experiencia que le recomiendo a todo el mundo.

Muchas gracias Candela por tu tiempo y por compartir tus conocimientos y experiencias con Umai. Personalmente he disfrutado y aprendido mucho haciendo este artículo contigo, estoy segura de que lo volveremos a hacer hablando sobre algún otro tema interesante.

Quiero aprovechar para invitar a este espacio a cualquier persona que  quiera hablar y compartir su perspectiva sobre algún tema relacionado con psicología y/o salud integrativa. Si estás interesada/o puedes escribir a hola@umaiterapia.com

*Para aquellos que quieran conocer más sobre la exposición Môm’Art de Lille, os dejo aquí un enlace. El vídeo está en francés pero podéis disfrutar de algunas imágenes de las obras.

Mente y cuerpo: Una visión integrativa

“La constitución humana siendo lo que es, corazón, cuerpo y cerebro mezclados, y no contenidos en compartimentos separados…”

«Una habitación propia» – Virginia Woolf


Cuando se tiene sintomatología física como dolor crónico, diabetes o problemas estomacales entre otros, es probable que nos encontremos afectación a nivel psicológico. Partamos de un ejemplo sencillo, cuando tenemos gripe podemos estar decaídos, desmotivados, irascibles, tristes, etc. Por lo que tiene todavía más sentido que si aparece una dolencia prolongada, severa o limitante, también exista un impacto en la salud psicoemocional. A su vez, estas consecuencias se convierten en causa aumentando la sintomatología física y así nos encontramos ante un círculo vicioso que reduce la calidad de vida de la persona.

Establecer una diferencia entre mente y cuerpo nos facilita su estudio y el avance científico en cada especialidad, lo cual nos permite el tratamiento de diferentes dolencias con mayor precisión. Pero esto no quiere decir que funcionen por separado y que lo que pase en el cerebro no tenga nada que ver con el pie. Por ello, existe también el enfoque integrativo y la perspectiva biopsicosocial que se basa en una visión completa de la persona, teniendo en cuenta la relación entre mente, cuerpo, emociones y circunstancias. Esta forma de trabajo tiene una visión multidisciplinar abarcando las distintas variables que componen al ser humano. Cada profesional tiene su área de conocimiento pero trabaja considerando la influencia de las demás.

En mi experiencia respecto a este tema, lo que he observado muchas veces es que se ignora la salud mental o si se hace referencia, es a nivel de diagnóstico sin ofrecer alternativas de terapia y los beneficios que puede tener ésta. Me parece un enfoque muy reducido que si, por ejemplo, una persona está diagnosticada de fibromialgia y va al médico, solamente se le ofrezca como tratamiento la medicación. ¿Qué pasa con las emociones, los pensamientos, la nutrición, el ejercicio o la situación social? Y así con cualquier motivo de consulta.

El cambio de paradigma propone pasar del enfoque clásico basado en la medicalización y la posición pasiva del consultante (“Voy al médico y él tiene la solución a mi problema con una pastilla”), a un proceso de aprendizaje activo que tenga en cuenta las diferentes necesidades de la persona y que conlleve una mayor responsabilidad de la propia salud. Ya que a priori, aunque puede parecer más costoso, los resultados se mantienen más a largo plazo. Ya se ha demostrado en varias ocasiones que destinar recursos a incluir la terapia psicológica en hospitales mejora el bienestar de las personas. Así que trabajar en tus pensamientos y emociones, ¡también te puede ayudar en tus problemas físicos!


Un pequeño ejercicio …

Imagina por un momento que estás en tu casa, en la cocina y abres el frigorífico. Coges un limón que te llama la atención por su color amarillo luminoso. Decides cortarlo por la mitad, lo observas detenidamente unos segundos y después lo exprimes lentamente en un vaso para beberlo.

¿Qué has sentido? ¿Has notado algún cambio en la boca, el sabor, la lengua? En muchas ocasiones el mero hecho de imaginar algo nos provoca cambios físicos como si tuviéramos el limón en nuestras manos. Este pequeño ejemplo nos puede hacer reflexionar sobre cómo lo que pensamos puede tener consecuencias en nuestro cuerpo.

A otro nivel, nos podemos encontrar pensando en algún suceso del pasado que nos provocó miedo y aunque ahora no esté sucediendo, al revivirlo, nuestro cuerpo reacciona con tensión, taquicardia o sudor. También al revés se da esta relación, por ejemplo, después de un esfuerzo físico prolongado como salir a correr tenemos pensamientos de satisfacción y sensaciones agradables. Hay muchos ejemplos sobre la relación cuerpo-mente ¿Se os ocurre alguno? ¡Me encantará leerlos!

A modo de conclusión, creo que un tratamiento integrativo permite mejores resultados ya que tiene en cuenta los diferentes aspectos que conforman a la persona y cómo se interrelacionan entre ellos. Ofreciendo una visión más real y equilibrada de la complejidad humana.