La compasión en terapia

“La compasión no es una relación entre el sanador y el herido. Es una relación entre iguales. Sólo cuando conocemos bien nuestra propia oscuridad podemos estar presentes con la oscuridad de los demás. La compasión se vuelve real cuando reconocemos nuestra humanidad compartida»

Pema Chödrön

¿Qué es la compasión?

Hoy vengo a hablaros de una parte muy importante de mi práctica profesional y personal. Recuerdo la primera vez que vi un libro dedicado a este tema, fue hace años en una newsletter del colegio de psicología y me llamó la atención la portada: un árbol bien frondoso con grandes raíces y un corazón en el centro. En ese momento me encontraba inmersa en todo el mundo del mindfulness y esto parecía un paso más, un ingrediente que añadir a la atención plena. Así fue, desde la primera página hasta la última me sentí acompañada, y con una propuesta que satisfacía mi visión de la psicología como una unión e integración de diferentes variables que nos influyen en la vida. De forma que, en ese instante, inicié la senda que ahora continúo y reflejo en mi consulta y en mi vida. En este texto haré una pequeña introducción sobre terapia y compasión.

Para comenzar, os traigo la definición que nos da el Dalai Lama: compasión es una sensibilidad hacia el sufrimiento del yo y de los otros junto con un compromiso profundo para tratar de aliviarlo. Paul Gilbert, psicólogo y precursor de la terapia Compassion Focused Therapy (CFT) nos cuenta que la palabra proviene de la voz latina compati que significa “sufrir con”. Para Paul, esta definición nos lleva a una atención-conciencia sensible, más una motivación que nos lleva a hacer algo con ese malestar. Aquí me traslado a las enseñanzas budistas que nos dicen en la primera noble verdad que El malestar en todas sus formas (dolor, sufrimiento, pena, aflicción, angustia, estrés) es inherente a la existencia en el mundo”. 

Vivimos en una sociedad obsesionada por la felicidad y que enfatiza que si hay dolor hay algo que está mal y hay que arreglar. Los seres humanos tenemos la tendencia de evitar el sufrimiento y apegarnos al placer.  Por otra parte, el cerebro tiene un sesgo negativo, pone más atención a lo negativo con un objetivo de supervivencia. La realidad humana es muy compleja y dura, la compasión se nos presenta como una forma de hacerle frente. Nos invita a aprender a acercarnos a lo que es parte de la experiencia humana de una forma respetuosa, cuidadosa, digna, genuina y equilibrada.

Según Kristin Neff la práctica de la compasión en la psicología hace referencia a tomar conciencia de un sentimiento de humanidad compartida. Es decir, los malestares, que nos pueden hacer sentir aislados, han sido y serán experimentados por muchas personas en el mundo, ya que el sufrimiento forma parte de la vida. Este punto nos ayuda a no dejarnos atrapar por los sentimientos de soledad y vergüenza que son frecuentes cuando se dan estas situaciones dolorosas.

Muchas veces este término se puede confundir con un significado más relacionado con la tradición judeocristiana. Javier García Campayo nos cuenta qué no es compasión: no es lástima, ni pena, no son excusas, ni indulgencia, no es debilidad, no es egoísmo ni pecado, ni disminuye la motivación para el cambio.

¿Qué es la terapia centrada en la compasión?

Según Gilbert, el enfoque CFT, toma elementos de muchas enseñanzas budistas, pero sus raíces se derivan de un enfoque evolutivo, neurocientífico y psicosocial, vinculado a la psicología y a la neurofisiología del cuidado. Es una terapia profundamente integrativa, que reconoce la importancia de la relación terapéutica, se apoya en las intervenciones cognitivo-conductuales, en los modelos de apego, en el trabajo con el cuerpo, con la imaginación, la psicoeducación, técnicas de mindfulness y de regulación emocional.

Además, el conocimiento científico disponible al respecto va confirmando los beneficios que conlleva su desarrollo y su relevancia específica en el ámbito de la salud. Cada vez hay más investigación al respecto que indica mejoras en la calidad de vida.

Se trata de una propuesta terapéutica para que podamos navegar con recursos y amabilidad los desafíos inherentes de la existencia.

¿Cómo lo llevamos a la práctica en sesión?

Para comenzar, una parte muy importante es ir comprendiendo poco a poco cómo funciona nuestro cerebro a nivel fisiológico, social, evolutivo y en base a nuestras experiencias. Con cada persona nos paramos a entender cuál es el recorrido que le ha llevado a la situación por la que acude a terapia. Es un enfoque basado en entender que los síntomas son respuestas adaptativas a una serie de circunstancias, por lo que no nos centramos en patologías o trastornos, sino en los procesos que nos han llevado a la autocrítica, la culpa, la vergüenza en exceso y buscamos en equipo la forma de aliviarlo.

Vamos despacio, reflexionando, vivenciando y recorriendo el camino juntxs, desde el vínculo y el espacio seguro que es la consulta. Compartiendo pensamientos, emociones, sensaciones y acciones que van emergiendo y que vamos dándole espacio y escucha.

A través del proceso se van incorporando técnicas y visualizaciones que nos permiten practicar nuestro estado de calma, además de ir subiéndole el volumen a una parte más amable en nuestro interior que nos puede ir cuidando en la adversidad. Nos vamos acercando al dolor con el corazón, aprendiendo a regularnos y a darnos lo que necesitamos en cada momento.

Unas palabras para terminar

Si has llegado hasta aquí, primero agradecerte tu tiempo e interés. Quizás ahora es un buen momento para tomar un par de respiraciones más profundas y mover un poco el cuerpo.

Te dejo una pregunta para reflexionar:

¿Cómo suele ser mi discurso mental, es compasivo o autocrítico, es sensible o es duro, es respetuoso o rígido? 

Si estás de acuerdo con las segundas opciones, puede ser que comenzar a practicar la compasión te sirva para aprender a tratarte mejor. 

Un abrazo.

Productividad y descanso


«El arte del descanso es una parte del arte de trabajar»

John Steinbeck

Entramos en el nuevo curso en un año cargado de novedades y cambios. Septiembre es un mes de inicio en el que se mezcla la ilusión por los comienzos, con la vuelta (a veces indeseada) al trabajo, la motivación por volver a la rutina y el orden o todo lo contrario. Hay tantas maneras de afrontar una misma situación como personas.

Las realidades son multidimensionales, si atribuimos algo a una sola causa estaremos viendo solo una parte del entramado. En el plano social nos encontramos con una situación de crisis mundial, esto nos está afectando a muchos niveles, la forma de hacer las cosas es diferente, hay restricciones y pérdidas. En este sentido, cada uno tiene su propia tesitura laboral y económica. Después, tenemos el contexto familiar, los apoyos sociales, nuestro sentido de comunidad. Asimismo, no podemos olvidar la parte psicoemocional, cómo nos sentimos, qué tipo de pensamientos estamos teniendo, cuál es nuestra realidad interna. Finalmente el cuerpo, que recoge todo lo anterior, nuestra salud, nuestro funcionamiento orgánico.

La vuelta en crisis 

Más allá del caso individual de cada uno hay dos realidades que son comunes y de las cuales quiero hacer hincapié en este artículo. Una es la tensión acumulada debido a la pandemia y a todo lo que supone y otra es el modelo económico y las creencias asociadas que tenemos en el mundo occidental. 

Ahora que muchos nos estamos incorporando al ámbito laboral podemos observar una dinámica compartida sobre nuevos proyectos, ideas, objetivos… todo esto puede venir de que después de un tiempo de pausa aparece la creatividad y la motivación. En nuestra sociedad las vacaciones se perciben como una recompensa al trabajo y como algo puntual en el año. Se nos pide continuamente que seamos productivos, tanto que acabamos siéndolo en todas las facetas de nuestra vida sin darnos cuenta. Muchas veces ese exceso de productividad acaba en burnout o desgaste ya que inconscientemente podemos sobrepasar nuestro límite y acabamos quemados.

El ritmo

Por todo esto en este texto quería darle una vuelta a lo que estamos acostumbrados. En vez de escribir sobre rutinas y objetivos, vengo a hablar de la importancia del descanso. Y me refiero a una concepción amplia de esta palabra, no sólo a dormir, los fines de semana y los festivos. Ir más allá e incorporar las pausas en nuestro día a día. A muchos nos puede parecer imposible con todo lo que “tenemos que hacer” en el día, pero sí que lo es, aunque sea en espacios cortos. Como todo, conlleva una práctica para convertirlo en hábito pero una vez integrado nos daremos cuenta de lo bien que nos puede sentar no ir todo el día corriendo de una cosa a otra.

Este flujo rápido e intenso de cosas que hacer y que consumir nos hace que tengamos una falta de atención. Los trabajos, los medios, las redes sociales… están hechas para que atendamos a multitud de tareas en poco tiempo y de forma superficial. A lo largo del día podemos acabar sobreestimulados, con inquietud e incluso ansiedad, o aburridos si no tenemos un objetivo que cumplir. Frecuentemente el resultado de todo esto es caer en algún tipo de adicción o distracción que nos evite sentir lo que hay debajo de todo este ritmo frenético.

La pausa

Este verano paseando me encontré con esta escultura en la ciudad de Santiago de Compostela. Me pareció muy representativa de algunos momentos en los que podemos sentirnos cargando mucho peso y cuesta arriba. Inspirándome en esta imagen quizás podríamos sentarnos en cada escalón a mirar nuestro alrededor, respirar y darnos un espacio para ver si estamos con demasiado peso, podemos soltar o recargar energía.

Si aprendemos a escucharnos podremos saber antes de llegar al límite cuando nos es necesario parar. Además, si tenemos en cuenta el primer punto que comentaba del período estresante que nos está tocando, no hay duda de que la quietud será un buen bálsamo. Incluir “vacaciones diarias” influirá en todo nuestro ser conectándonos con ritmos más orgánicos y saludables. 

Si has llegado hasta aquí te agradezco tu tiempo de lectura y espero que esta reflexión te sirva para sentirte mejor. Estaré encantada de saber qué piensas y qué te ha parecido. También aprovecho para recordar que cualquier persona que le guste este espacio y quiera colaborar con alguna idea, artículo, entrevista o proyecto puede contactar conmigo a través del mail.

Que la pausa y el descanso nos acompañen en este nuevo curso.