Verano 2020: una oportunidad para “volver al cuerpo”


“La atención al cuerpo nos permite vivir plenamente. Nos aporta curación, sabiduría y libertad”

Jack Kornfield – “La sabiduría del corazón”


Poco a poco nos sumergimos en el calor, el ambiente estival, las noches de verano… todo esto acompañados de la situación especial que estamos viviendo y “todos sus avíos” como dirían en mi tierra (mascarilla, distancia social, la nueva normalidad…). Estos dos elementos se dan unidos en un momento en el que salimos de un encierro. Además, estos meses hemos integrado mensajes de peligro continuados y ahora se nos invita a que viajemos, compremos y reactivemos la economía.

Esto en nuestro cerebro supone una ambivalencia y se pueden dar sensaciones contrarias, por ejemplo motivación y ganas de salir, unido a miedo y preocupación por lo que pueda pasar. No olvidemos que seguimos en un periodo de gran incertidumbre y que, como seres humanos, esto nos afecta en nuestras rutinas, planes, en la sensación de control que normalmente tenemos y, por supuesto, en nuestro organismo.

Es por todo ello que antes de irme de vacaciones quería escribir un pequeño texto sobre volver al cuerpo como una estrategia muy poderosa para estos tiempos que corren y para la vida en general. Sin olvidar que la recuperación de la vida en el cuerpo es un largo proceso ya que estamos acostumbradxs a su negación y a ignorar su sabiduría.

Escuchando nuestro organismo

Por un lado, el cuerpo es el lugar donde vivimos, el espacio dónde podemos experimentar la realidad desde diferentes modalidades. Es nuestra casa y hogar. Por otra parte, debido a nuestra sociedad y cultura, la mayoría de nosotrxs solo le prestamos atención a nivel estético para seguir la norma establecida de lo que es “bonito” y “feo”, o lo que está “bien” o “mal”. O cuando aparece algún síntoma que nos incomoda y que puede estar relacionado con alguna enfermedad.

A pesar de las creencias y normas establecidas, nuestro organismo va mucho más allá del aspecto externo. Es un canal de información grandísimo, nos da muchas posibilidades para disfrutar de la vida y sentirnos más conectados con lo que realmente somos. Tomar consciencia de nuestro cuerpo es un aprendizaje. Si nos atrevemos a abrir esa puerta iremos notando cada vez más elementos que pasaban desapercibidos y que nos ayudarán a estar más alineados con nosotros mismos y con lo que necesitamos momento a momento.

Voy a sugerir un ejercicio que podéis hacer para comenzar este viaje y si os gusta siempre podéis explorar más o buscar algún espacio donde se trabaje la consciencia corporal y el embodiment. En Umai es una parte fundamental del trabajo terapéutico.

Una práctica para explorar…

En estos últimos meses hemos pasado mucho tiempo sentados, con la misma posición durante horas. Para un momento, ¿qué postura tiene tu cuerpo? ¿Estás cómodx? ¿Hay alguna tensión? Cierra los ojos, escucha, ¿hay algún movimiento que necesitas hacer? 

Sitúate en una posición encorvada (hombros hacia delante, cabeza hacia abajo, espalda redondeada). Sin entrar en juicios, ¿cómo te sientes? ¿Hay alguna emoción? ¿Algún pensamiento? ¿Cómo son las sensaciones y mensajes de tu cuerpo?

Ahora pasa a una posición expansiva (hombros hacia atrás y abajo, cabeza y espalda erguida sin forzar, torso abierto). Repite las preguntas y compara entre la primera opción y la segunda.

Normalmente asociamos la primera posición con una actitud más preocupada, triste o cerrada, mientras la segunda representa apertura, confianza o seguridad. Podemos observar que los estados corporales participan e influyen en la mente y las emociones. Somos un todo interrelacionado y las diferentes partes se retroalimentan entre sí. 

En una sociedad donde se prioriza y se le da tanta importancia a la actividad mental, supone una buena opción realizar estrategias de este tipo (embodiment) que nos ayudan a bajar al cuerpo y no estar tanto en la cabeza y, por lo tanto, nos aportan equilibrio e integración.

Conexión

Estas prácticas nos sirven para conectar con nuestras emociones, con cómo nos sientan determinadas comidas, espacios o actividades. Y nos permiten aumentar nuestra consciencia para ir acercándonos cada vez más a lo que queremos o necesitamos. Por ejemplo, al darnos cuenta de la existencia de alguna tensión podemos poner la intención en soltar o relajarla. Este ejercicio le va recordando al sistema nervioso que se puede aflojar y va creando poco a poco un nuevo aprendizaje.

Cultivar la conciencia corporal nos puede dar pistas de cuándo estamos cómodos y cuándo no, y así ir jugando para no sobrepasarnos si alguna situación es difícil para nosotros. Dado el contexto actual, es normal que estemos más sensibles o que notemos más movimiento en nuestro cuerpo. Nos encontramos en una crisis mundial y esto afecta a nuestro sistema nervioso. Esto subraya la importancia de fomentar el autocuidado de forma que podamos hacer balance con la alarma, el miedo y la preocupación por todo lo que estamos viviendo.

Sin más, os deseo unos buenos días de verano. Que podáis conectar con vuestro cuerpo y disfrutar de todas las cosas que nos rodean a través de él. Explorar, jugar y elegir qué es lo que más nos sirve o funciona en cada momento. Nuestro cuerpo posee muchos recursos solo hay que cultivar su escucha para dejar que se exprese sin bloquearlo.

Un par de videos:

  • Programa Tres14 de La 2 de RTVE dedicado al embodiment
  • Video que refleja de forma hermosa y con un bonito texto algunas de las posibilidades de nuestro cuerpo

La música: Un viaje por los sentidos

“La música, única entre todas las artes, es a la vez completamente abstracta y profundamente emocional. No tiene la capacidad de representar nada particular o externo, pero sí una capacidad única para expresar estados o sentimientos interiores. La música puede atravesar el corazón directamente; no precisa mediación”

Oliver Sacks – ‘Musicofilia’


Para mí la música es una de las herramientas más polivalentes que conozco, me acompaña gran parte del día y en diferentes momentos vitales. Entre sus funciones nos ayuda a comprendernos, nos da una vía de expresión y nos acerca a los demás. Durante este periodo de crisis seguro que ha formado parte de momentos importantes y seguramente habrá alguna melodía que se quede guardada en nuestra memoria como parte de esta etapa. 

Este sábado da comienzo el verano y el domingo se celebra la fiesta de la música. Después de una primavera confinada empezamos a salir, a apreciar colores, frutas, encuentros y a sentir el sol. Esta celebración de la música nos invita a entrar en la nueva estación cantando, bailando, compartiendo, volviendo a lo sencillo y a los rituales tradicionales que acompañan los cambios. 

En psicología contamos con una línea de investigación en este campo, con personas que se dedican al estudio científico de la mente y la conducta en relación con la música. Asimismo tenemos la musicoterapia, donde, entre otras funciones, usamos la música para facilitar el desarrollo emocional o para ayudar a las personas a comunicarse.

La conexión

La música nos ayuda a conectarnos con nosotros mismos y con los demás. En los conciertos podemos compartir una experiencia emocional con otras personas que están allí y no conocemos de nada. También, cuando cantamos podemos sentir emociones similares con los demás, un ejemplo muy común de ello es cantar el “cumpleaños feliz”. Los momentos de reunión se suelen acompañar de alguna melodía y son propicios para tocar instrumentos musicales. A veces salimos con amigos para escuchar música y bailar.

En otras ocasiones, podemos utilizar el sonido como fondo si estamos solos, para trabajar o relajarnos. También, escuchar cierto tipo de canciones favorece la expresión emocional, como puede ser llorar, reír o soltar enfado. Esto favorece la escucha interna y sentir nuestras necesidades en el momento. Las canciones pueden servirnos para recordar una persona o un momento de nuestra vida, como si fuera un viaje en el tiempo, al escuchar determinadas notas se activa esa memoria y se movilizan sensaciones e imágenes asociadas.

Una explicación biológica

Percibimos la música porque convertimos las vibraciones de aire en una experiencia consciente. Hay dos partes en esta conversión: sensación y percepción. La sensación es el proceso de convertir una señal física (la vibración de aire) en una señal neural (neuronas que envían impulsos electroquímicos entre sí). La percepción es el proceso en el que el cerebro analiza las señales neuronales que vienen del oído, lo que las convierte en un montón de electricidad que nos da la experiencia de los sonidos. 

Por eso si hay un daño en la parte del cerebro que se encarga de estos procesos nos podemos encontrar con consecuencias como la amusia, un trastorno neurológico que dificulta percibir o reproducir ritmos o notas musicales. Por ejemplo, una persona con amusia puede decir que una canción le suena como el sonido de los platos chocando o que todos los tonos suenan igual.

Otro ingrediente interesante para entender la forma en que reaccionamos a la música son nuestras expectativas musicales que se basan en nuestro historial de escucha en la vida. Nuestro cerebro al escuchar va comparando con lo que ha escuchado anteriormente y los estados que le provocaban. Esto hace que cuando escuchamos una canción se haga una comparación de las similitudes de forma inconsciente e involuntaria. 

Con este último elemento juegan algunos estilos musicales, por ejemplo dentro de la música electrónica. Se repite durante un tiempo el mismo sonido con el fin de crear una sensación de anticipación pero sin saber cuando exactamente va a romper. Así, cuando finalmente sucede, se produce una descarga de dopamina que nos hace sentir bien. La dopamina es un químico que funciona como recompensa cuando hacemos predicciones que resultan ser verdaderas. 

Experimentando sonidos

En terapia la música se puede utilizar como recurso para una gran variedad de situaciones. En este artículo quiero aprovechar para proponeros un pequeño ejercicio.

Os pongo aquí una canción pero podría ser con cualquier otra que os apetezca. En este caso son 4 minutos por lo que no os llevará mucho tiempo. Prepararos para únicamente escuchar la canción. Cuando estéis en un sitio cómodo, hacéis una respiración profunda, le dais al play y cerráis los ojos. Dejaros sentir, ¿qué sensaciones aparecen? ¿Dónde notáis el sonido? ¿Os sugiere realizar alguna acción (bailar, cantar, gritar…)? Utilizad este espacio para dejaros llevar por la melodía y dar rienda suelta a lo que aparezca.

En Umai siempre tenemos una banda sonora, me encantaría que me compartierais canciones que os conmueven o que significan algo para vosotrxs. Os mando un abrazo y que disfrutéis de este fin de semana tan especial, bailando, cantando, tocando, compartiendo o como os surja.

Recomendaciones

Para terminar me gustaría dejaros algunas sugerencias:

  • Oliver Sacks, ‘Musicofilia’ (2015). Ed. Anagrama. O.Sacks era un neurólogo divulgador y en este libro se centra en contar historias de personas con lesiones cerebrales o cerebros inusuales relacionadas con la música.
  • Ólafur Arnalds, ‘Re:member’ (2018). Sello: Mercury KX. Este álbum instrumental utiliza diferentes sonidos y tonalidades que nos llevan por un camino que puede inducir un estado de calma.
  • Página web de IN-EDIT TV. Festival internacional de cine documental musical. Aquí podréis encontrar un buen catálogo de documentales relacionados con la música. 

Psicología y naturaleza: responsabilidad individual y colectiva en tiempos de crisis

«Podemos tener un mundo pacífico. Podemos avanzar hacia un mundo donde podamos vivir en armonía con la naturaleza, donde vivamos en armonía con los demás. No importa de qué nación provengamos, no importa cuál sea nuestra cultura, no importa qué religión profesemos. Este es el camino hacia el que debemos avanzar»

Jane Goodall


En estos últimos días hemos visto cómo están ocurriendo cosas en la naturaleza que nos resultan llamativas y diferentes. A nivel personal me ha impactado positivamente observar cómo el confinamiento y el cambio de patrón de consumo y de hábitos ha provocado que nuestro entorno se exprese con mayor libertad y salud. Estamos viendo una bajada de la contaminación, cielos y aire limpios en capitales, animales por las ciudades… Esto supone un bálsamo entre todo el dolor y la crisis que estamos transitando. En este artículo recopilo información, añado mi perspectiva como psicóloga y abro una pregunta, ¿qué tipo de sociedad queremos crear cuando termine todo esto?

*Al final del post encontrarás varios artículos que reflejan estos cambios, te recomiendo leerlos para darle más sentido a este texto.

Para comenzar pensé que podría ser interesante saber la opinión de Juliana Cortés Rincón, ecóloga colombiana con maestría en biodiversidad y gran amiga. Ella me comentaba que “todo este cambio en la naturaleza es debido a que la realidad del ser humano ha cambiado. Por lo que si volvemos a los mismos patrones (económicos, producción en masa, ruidos, contaminación, turismo y consumo excesivo) este respiro no provocaría ningún impacto positivo. Llevamos mucho tiempo con dinámicas que han provocado muchos efectos negativos en el medio ambiente, así que este pequeño espacio no sería suficiente para regenerar océanos y bosques.” Para que veamos un cambio importante se necesita consciencia y acción colectiva. En esta línea, Juliana me expresaba su inquietud sobre cómo podríamos entender la situación y en base a eso tomar acción. 

Psicología y responsabilidad individual y colectiva.

Existe un consenso científico general de que el cambio climático está causado por el factor humano. Nuestras dinámicas de consumo y estilo de vida provocan un impacto notable en el medio ambiente. Sin embargo, en general no existe una conciencia colectiva de este hecho, es algo que puede parecer que no depende de nosotros, que no nos va a tocar o que es demasiado complejo y por lo tanto no se puede hacer nada. Es importante entender que la crisis climática no solo afecta a la naturaleza externa a nosotros y que este tipo de comportamientos provoca a medio/largo plazo una consecuencia en nosotros. Ejemplos de esto pueden ser el agravamiento de los problemas respiratorios que se dan debido a los altos niveles de contaminación o las inundaciones que van comiendo terreno a los entornos habitados provocando en muchos casos daños materiales y físicos a las personas.

Algunos pensamientos y creencias hacen que pongamos la responsabilidad en otros, “los políticos, los expertos, las cumbres… tendrían que solucionar este problema”, esto nos hace, sin darnos cuenta, instalarnos en una dinámica de queja que no nos ayuda a la hora de tomar las riendas y participar en este problema que nos perjudica a todos y que también está dejando un daño irreversible a las generaciones futuras. En conclusión, nuestras creencias y pensamientos pueden alejarnos de qué es lo que podemos hacer cada uno y fomentar que tengamos conductas más pasivas.

Este espacio de tiempo está demostrando con hechos que para que exista un cambio es necesario la participación activa de los ciudadanos. Como decía, el comportamiento humano es uno de los factores que más incide en el cambio climático. Ninguna acción es pequeña ni insignificante frente a esta amenaza global. Para que exista un cambio colectivo, lo tenemos que llevar a cabo a nivel individual y esto implica coger responsabilidad y adquirir compromiso.  Parar la rueda de nuestros hábitos automáticos y darnos un tiempo para reflexionar y preguntarnos, ¿qué puedo hacer yo para favorecer una sociedad más sana y sostenible aquí y ahora? 

Algunas ideas que se me ocurren para introducir están relacionadas con practicar minimalismo y consumo consciente, reducir el uso de plásticos, reciclar, participar en dinámicas de consumo que favorezcan la sostenibilidad (pequeños comercios, pequeños agricultores locales), el uso de transporte público o aún mejor nuestras piernas o bici. Podemos replantearnos nuestros hábitos de compra y si necesitamos todo lo que tenemos o se pueden reducir algunas cosas. Ahora estamos comprobando que también podemos relacionarnos por videollamada, quizás muchos viajes de trabajo podrían reducirse con el uso de esta herramienta. En este sentido la ecóloga Juliana Cortés nos sugiere como idea “destinar una pequeña aportación económica o de voluntariado a alguna ONG que se dedique a la conservación del medio ambiente, ya que un aporte pequeño ya significa mucho en un entorno donde los gobiernos no invierten dinero”. Seguro que entre todos se nos ocurren pequeños actos del día a día que podemos hacer de manera distinta e ir ampliándolos para fomentar otras acciones orientadas a reducir el cambio climático. 

Asimismo, pienso que el trabajo personal y el autoconocimiento favorece la aparición de hábitos más saludables con nosotros y con el medio ambiente. Cuando vamos a terapia habitualmente nos dirigimos a poder conocernos, observar nuestros pensamientos y emociones, responsabilizarnos y respetarnos. Cuando se van afianzando este tipo de cambios individuales se puede observar también esa misma dinámica hacia afuera, con conductas más respetuosas y más amables con los demás y con el entorno. Creando una retroalimentación positiva, ya que también realizar este tipo de acciones más respetuosas influye en nuestro estado anímico.

Sentimiento de pertenencia y de interdependencia con el medio: Del EGO al ECO.

Por último y no menos importante, nos encontramos el sentimiento de conexión y pertenencia a un colectivo. Darnos cuenta de que formamos parte de una humanidad compartida, que a pesar de todas las diferencias, en lo esencial estamos unidos. Tenemos un cuerpo con sensaciones, pensamientos, emociones y todos tratamos de evitar el dolor y aferrarnos al placer. Hace un par de meses, cuando veíamos lo que pasaba en China muchos no le prestábamos demasiada atención. Estamos acostumbrados a que nos comuniquen que personas de otros países están pasándolo mal, pensamos que mientras no nos toque a nosotros podemos estar tranquilos. Este virus nos ha hecho sentir que vamos todos en el mismo barco, que todos somos igual de vulnerables y que cooperar nos sale más a cuenta que competir o ignorar.

El siguiente paso es entender que además de formar parte de un colectivo humano, convivimos con otros seres vivos y habitamos un planeta el cual nos da los recursos para que podamos vivir (oxígeno, alimento, espacio…). Escribiendo esto me viene a la mente que es algo muy sencillo que todos hemos aprendido de pequeños pero que quizás no lo hemos integrado y comprendido a un nivel más profundo. Actualmente nos encontramos en un punto en el que situamos al ser humano por encima de todo y además con una visión que tiende a lo individual como comentaba en el anterior párrafo. Esta creencia hace que la mayoría de nuestras acciones cotidianas no contemplen el bienestar del medio ambiente, simplemente porque no es una preocupación que tengamos. Es por ello que me parece fundamental, y más con la oportunidad que estamos teniendo de cambio, abrir espacios y hablar de ello con el objetivo de promover reflexión. De esta forma, contribuiremos poco a poco a crear una sociedad más justa, más sana y más sostenible.

Si leyendo este texto se os ha ocurrido alguna pequeña acción que podéis realizar a nivel individual que genere impacto colectivo me encantaría que la compartierais para que nos sirva de inspiración.

Recursos recomendados para estos tiempos

  • Artículo sobre cambio climático y salud mental del colegio de psicología.
  • Listado de pequeños agricultores y productores en diferentes comunidades.
  • Web app del servicio de salud de cataluña para la gestión emocional.
  • Artículo sobre salud mental y confinamiento. Colaboración con Diario16
  • Entrevista sobre salud mental y crisis por el Covid-19. Colaboración con Proyecto Brisa

Artículos sobre el impacto de la crisis del COVID-19 en el medio ambiente.

  • El planeta, el principal beneficiado por el coronavirus.
  • El Himalaya vuelve a verse desde algunos puntos de la India por primera vez en 30 años.
  • La crisis del coronavirus reduce los ruidos sísmicos de la tierra.
  • Los animales no se quedan en casa por el coronavirus.
  • Juliana Cortés nos recomienda este artículo por si a alguien quisiera abordar con más profundidad la relación entre las infecciones y la crisis climática.

Sobre salud mental y COVID-19: aprendizajes, reflexiones y sugerencias

“La paranoia y el miedo
no son, ni serán el modo,  
de esta saldremos juntos
poniendo codo con codo”

Jorge Drexler

Como ya todos sabemos, nos encontramos en medio de una crisis a nivel global. Cada uno de nosotros lo está viviendo de una forma distinta según sus circunstancias y situación personal, pero hay una serie de elementos que se pueden presentar en todos nosotros y de los que me gustaría hablaros por si pudiese servir a alguien.

En este momento existe una gran incertidumbre generalizada, no sabemos qué va a pasar, ni sabemos muy bien cómo comportarnos. Se trata de una situación nueva que conlleva una posible amenaza a la salud. Es por ello que nuestro cuerpo y mente reaccionan para protegernos y provocan una emoción asociada, el miedo, que está relacionado con el instinto de supervivencia. Es normal sentir miedo, tristeza, enfado o frustración y en ese sentido hay que dar espacio a las emociones y ver cómo traspasarlas. Lo que pasa, a veces, es que la mente continúa formando escenarios o situaciones que no están pasando como, por ejemplo, pensar que se van a vaciar los supermercados y no vamos a estar abastecidos. De esta manera, podemos sentirnos ansiosos o con un exceso de malestar, ya que nuestro cerebro responde a los pensamientos como si fueran la realidad. Esto explica también que tengamos conductas para protegernos intentando manejar cosas que escapan de nuestro control y que nos pueden hacer sentir peor. Siguiendo con el anterior ejemplo, una respuesta a ese miedo sería ir a comprar 10 paquetes de papel higiénico al supermercado.

El párrafo anterior presenta de forma resumida una explicación de por qué se pueden producir reacciones de miedo intenso con lo que estamos viviendo. Además, al ser un problema que afecta a toda la población, los sentimientos se pueden magnificar y podemos influirnos con más facilidad los unos a los otros. Esta influencia se puede dar tanto en negativo como en positivo. Por eso en este texto mi pretensión es dar unas pautas para inspirarnos y que podamos reforzarnos positivamente unos a otros.

Proceso individual y colectivo

Una de las consecuencias de esta pandemia es que se subraya que lo individual tiene un impacto en lo colectivo. Cada uno de nosotros solo podemos hacer lo que está en nuestra mano y cualquier cosa que aportemos hará que todos estemos mejor. En este sentido, mi sugerencia es que cambiemos el actuar y participar desde el miedo a que lo hagamos desde la confianza y desde la consciencia colectiva. Para ello es muy importante estar atentos a nuestros pensamientos, intentar realizar interpretaciones realistas y no favorecer el estado de alarma. Por otro lado, nos ayudará el sentirnos útiles y parte de la solución, propiciando el bienestar individual y colectivo.

Por otra parte, tenemos que tener en cuenta que nos encontramos en un proceso. No es algo que se vaya a resolver de un día para otro, ni hay una única solución. Por la sociedad en la que vivimos, podemos estar acostumbrados a que las cosas sean rápidas e inmediatas, pero en realidad la vida no funciona así. Nos movemos con ritmos, fases y ondas que conllevan un tiempo y requieren de múltiples factores. Por eso mismo, ahora es un buen momento para practicar la paciencia y la aceptación. Estas cualidades además nos van a servir para muchas más cosas en la vida, ya que las cosas que no se compran siempre requieren de un proceso.

La calma como factor de protección

Asimismo, me gustaría mencionar una parte del cuerpo fundamental: el sistema inmune. Como ya sabéis es el sistema que se encarga de defendernos de virus, bacterias e infecciones. En este momento es una parte clave. Pues resulta que éste se puede ver debilitado por un estrés mantenido. Es innegable que estamos en una situación estresante, ahora bien, aquí sí que podemos actuar para contrarrestar los efectos. Igual no está en nuestra mano que hagan una vacuna, cierren fronteras o hayamos pillado el virus pero sí intentar aumentar nuestro sistema de calma y que así nuestro cuerpo esté más fuerte y protegido. En esto me gustaría detenerme un momento. Como he comentado anteriormente, cuando estamos intentando controlar cosas que no están a nuestro alcance, nos podemos sentir peor, más estresados, con más miedo, enfado, etc. Todo esto puede pasar sin que nos demos cuenta, por eso es importante tomar consciencia de ello y enfocarnos en otros elementos en los que sí podemos actuar. Entrenar la calma, la serenidad o la tolerancia a la incertidumbre serían opciones a nuestro alcance y más amables con nosotros mismos.

Tiempo de aprendizajes, cambios y agradecimiento

No podemos olvidar que toda crisis conlleva aprendizajes y cambios. Es una época que implica reflexión y revisión de cosas que igual ya no nos funcionan y que podemos modificar. Observar los beneficios que nos puede traer, tanto a nivel personal como colectivo, es un ejercicio saludable. Por ejemplo: se está reduciendo la contaminación, tenemos la oportunidad de parar y revisar, se está dando espacio a la creatividad, a pesar de estar aislados hay más motivación por crear comunidad, hay muchas personas ofreciendo gratuitamente contenido o se están explorando nuevas posibilidades como el teletrabajo. También, podemos valorar lo que ya tenemos y valorar el trabajo de personas que permiten que estemos vivos y lo hacen lo mejor que pueden (personal de limpieza, sanitarios, personal de supermercado, agricultores, transportistas, periodistas, científicos, ingenieros, arquitectos…). Todos cumplimos una función y darnos cuenta y agradecerlo también nos ayuda a mejorar nuestra salud mental y reconfortarnos entre todos en esta época de crisis.

Algunas sugerencias prácticas 

En este punto me gustaría enumerar algunos elementos que recomiendo para cuidar nuestra salud mental en estos días:

  • Evitar la sobreinformación. Elegir un medio de comunicación fiable y no consultar más de 1 o 2 veces al día. No confiar en los mensajes recibidos sin un origen fiable.
  • Estar conectado con los seres queridos a través de la tecnología.
  • No estar hablando todo el día sobre el mismo tema.
  • Crear rutinas, incorporar ejercicios de respiración y movimiento.
  • Si se puede, utilizar el humor
  • Dejar que fluya la creatividad, probar a hacer cosas nuevas.
  • Leer, ver una película, hablar con amigos por videollamada, escuchar música, escribir…
  • Entrenar la mirada hacia lo positivo, la oportunidad, el beneficio.

Toda esta situación conlleva un reto. Ahora tenemos la oportunidad de practicar y mejorar cosas que nos pueden servir el resto de nuestra vida. No es fácil, a momentos es desagradable pero también tiene su parte de aprendizaje y evolución. El ser humano es capaz de adaptarse a casi todo. Es momento de poner a las personas en el centro, de cuidarnos a nosotros mismos y a los demás, de entrenar nuevos recursos y de conectar con la confianza y el amor. Todo esto pasará y saldremos fortalecidos. 

Como apunte final comentar que si hay alguien leyendo este texto y se encuentra muy sobrepasado por la situación, que no dude en pedir ayuda. Es normal que a veces no encontremos el camino para salir o que necesitemos un profesional para orientarnos. Os mando un abrazo.

Recursos

Psicología y mujer: Feminismos y la influencia del género


El problema del género es que prescribe cómo debemos ser, en vez de reconocer quién somos

Chimamanda Ngozi Adichie

La primera parte del título de este artículo bien podría llevarnos a una imagen de la típica revista dedicada a la salud y los cuidados porque es un asunto que “nos concierne solo a nosotras”. Pero en esta ocasión… no va a ser el caso. Este texto nace del interés y estudio en cómo influye el género  en mi profesión. Hace tiempo que quería hablar sobre este tema y he pensado que podía ser una buena fecha en marzo, en conmemoración del día internacional de la mujer.

Fue hace dos años cuando participé más activamente en la manifestación que se celebraba en Barcelona. En esa ocasión, y también en esta última, sentí algo que era nuevo para mi, estar rodeada de una multitud sintiendo fuerza, seguridad, sostén, comprensión. Voces de todas las edades, sexos y colectivos unidas para reivindicar la igualdad, para expresar el hartazgo y el enfado contenido del sufrimiento actual y de generaciones previas. En esa experiencia pude sentir en todo mi ser el empoderamiento, la importancia de la unión dentro de la diversidad, del cuidado mutuo, de la expresión emocional colectiva en un entorno seguro sin juicio.

A partir de ahí se avivó la llama de estudiar más y de tener en cuenta la perspectiva de género en el ámbito profesional, ya que además la mayoría de psicólogas y personas que acuden a consulta son mujeres. Realicé una formación que ofrecía el colegio de psicólogos y pude darle más peso a elementos que ya intuía a través de mi experiencia y mi práctica clínica. En este artículo he recogido algunos elementos sobre los cuales puede ser interesante hacer una revisión y favorecer la reflexión para dirigirnos hacia una psicología más inclusiva.

Cartel de la exposición ¡Feminismos! del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona

Sexo, género y la búsqueda de la “normalidad”

Para comenzar, me gustaría hablar sobre la diferencia entre sexo y género. El sexo sería una clasificación de las personas como masculinas o femeninas en el momento del nacimiento, basada en características corporales biológicas. El género es la construcción social de las características asociadas a ser mujer o ser hombre. Los roles de género históricamente han sentenciado lo que debe ser cada persona según su sexo. Esto ha creado una expectativa sobre lo que se considera correcto, viéndolo como una única posibilidad y obviando la diversidad humana. 

Para hacernos una idea más clara, podemos visualizar los siguientes ejemplos: una mujer que comunica gestualizando mucho “está bien/es normal”, pero si un hombre lo hace “está mal/es raro”. Que una mujer llore “es aceptado/normal” pero que se enfade no. En cambio que un hombre llore “es poco varonil” pero que se enfade y grite “es lo correcto”. Todo esto se encuentra grabado en el imaginario colectivo y en la educación que se da según el género, influyendo en la inteligencia y en la gestión emocional. Por lo tanto, esta realidad puede acarrear diferentes consecuencias que luego toman forma en conflictos o malestares que observamos en terapia.

Independientemente del género todos tenemos emociones y necesidad de expresarnos desde nuestra individualidad. Por otro lado, también queremos pertenecer a la sociedad y no ser rechazados. Aunque el peso de lo normativo siga existiendo, cada vez hay un mayor cuestionamiento y van apareciendo otras realidades posibles más sanas y diversas que fomentan la creación de espacios donde se favorezca el cambio de perspectiva.

Libros expuestos en la exposición del CCCB de LaSal Edicions

Desequilibrio e historia

Para entender un poco la situación es importante irnos hacia atrás y hacer algún apunte sobre el pasado. Contamos históricamente con una visión masculinizada del mundo, la política, las organizaciones, la cultura y demás áreas. Somos el resultado de años de represión femenina y de desequilibrio.

Al inicio de mis años universitarios me llamaba la atención que a pesar de que las aulas estaban repletas de mujeres casi siempre estudiábamos a psicólogos hombres. También el hecho de que en los porcentajes de los trastornos psicológicos siempre ganábamos las mujeres, excepto en suicidio y adicciones. 

La primera vez que vi esta imagen me impactó mucho pero es una representación visual de lo que estoy comentando. La podría titular “Hombres blancos estudiando a mujeres locas y dando su visión sobre la locura”

La lección en la Salpêtrière (1887)
Brouillet pinta una clase del médico Charcot sobre la histeria a sus alumnos.

En la historia de la psicología nos encontramos con que aportaciones realizadas por mujeres se han silenciado o desvalorizado, las mujeres eran objeto pasivo de estudio y no constituían un sujeto activo en la aportación científica. No voy a echar por tierra todo el trabajo de estos señores pero creo que estamos en un momento en el que esta realidad no nos sirve. Esta ha sido durante mucho tiempo la dinámica normalizada y ahora se hace evidente que constituía un abuso de poder. Por ello, es importante entender nuestra historia y dirigirnos hacia caminos más equilibrados, más reales, más justos para con todas las diversidades y vidas que existen en el planeta que vivimos.

Locura y dualismo

En muchas ocasiones se han contemplado los atributos femeninos como desviaciones de la norma masculina. Las características de personalidad que socialmente son bien vistas son las relacionadas con lo masculino (ser independiente, ser racional, ser directivo), en cambio las asociadas a las mujeres no son deseables (sensibilidad, dependencia, pasividad). De forma que si una mujer sigue su rol de género tendrá una personalidad no deseable (demasiado sensible, demasiado dependiente, indecisa), pero si sigue las “deseables/valoradas” será una mujer masculina y por ello poco femenina. Con masculino y femenino me refiero a los roles culturalmente impuestos, no a características intrínsecas de cada sexo. Lo citado en este punto es uno de los elementos (de los muchos que hay) que evidencian la discriminación y la presión para satisfacer las expectativas marcadas, y que nos puede ayudar a entender parte del sufrimiento, inseguridad y frustración que vivimos y han vivido nuestras antecesoras.

Una vez más observamos un concepto dualista, en este caso el de la masculinidad y la feminidad. Esta perspectiva binaria y reduccionista fomenta que tengamos pensamientos del tipo “esto es normal y esto no lo es”. Este tipo de interpretación mental de la realidad está bastante alejada de ella, ya que si nos distanciamos un poco podremos observar muchos ejemplos de seres humanos diversos, complejos y cambiantes independientemente de su sexo, raza, edad o cualquier otro tipo de característica. 

Calabaza de Yayoi Kusama en el museo Moco de Amsterdam

Época de reflexión y cambio

Ahora pues nos encontramos en proceso de la recuperación de la perspectiva femenina en la forma de ver el mundo, ocupando espacios que aportan una visión más amplia y con un movimiento que supera la rigidez y que hace suya la lucha de otras desigualdades como el racismo o el desprecio a colectivos diferentes al de la norma.

Para finalizar, pienso que sería interesante contemplar y darle espacio en las consultas a la influencia de los diferentes estilos de vida asociados a cada rol de género y sus posibles consecuencias en la salud. Una muestra de ello puede ser el rol que podemos encontrar asociado a la mujer de “cuidadora, de ser para otros” que muchas veces lleva a una sobrecarga en la persona que se expresa a través de síntomas de diferente tipo. Algunas veces son encapsulados en diagnósticos que no tienen en cuenta la perspectiva de género. No podemos negar el impacto en la salud provocado por la desigualdad y los malestares de género. Existen muchas recomendaciones a la hora de realizar una psicología feminista, para mí una de las más relevantes es que quizás sea más adecuado acompañar en vez de patologizar.

Somos seres en constante evolución y es por ello que ahora hablamos de cosas de las que antes no se hablaban y nos planteamos diferentes caminos que nos hagan sentir mejor. En este artículo quería hacer una pequeña aportación y que pudiera servir de invitación a la reflexión aprovechando esta fecha tan especial. Mando un abrazo a todas las personas que queremos construir en igualdad. Y si queréis comentar, reflexionar o recomendar algún recurso, estaré encantada de leeros. Seguiremos alzando la voz, aprendiendo, evolucionando y compartiendo juntxs ! Gracias por tu tiempo de lectura 🙂

Recomendaciones

· Aprovecho para dejaros un corto (Oscar 2019) que vi el año pasado y me gustó mucho, así podemos observar otras realidades y practicar una visión menos dualista

· Charla TED: «Todxs deberíamos ser feministas» – Chimamanda Adichie

· Lectura:
– «Una habitación propia» de Virginia Woolf
«La caída del hombre» de Grayson Perry

· Para profesionales psicólogas que puedan estar interesadas:
Asociación de psicología feminista
Artículo del COP sobre recomendaciones en la práctica clínica





Volviendo a nuestro ecosistema

La naturaleza no es un lugar para visitar. Es el hogar

Gary Sherman Snyder


La relación entre ser humano y naturaleza está siendo actualmente un tema de debate en el ámbito académico, político e incluso en las conversaciones del día a día. Por una parte, se observa una relación desigual entre estos dos elementos en la que han predominado los intereses y necesidades del ser humano a los del medio ambiente. Por otro lado, existe una tendencia general de desconexión hacia uno de nuestros hogares, el planeta tierra. En ocasiones da la impresión que sólo le ponemos atención cuando algo va mal, por ejemplo, por un desastre meteorológico o por el cambio climático. Esto me recuerda a la relación con nuestro cuerpo. Parece que sólo somos conscientes de su existencia y su importancia cuando éste enferma o duele. La misma dicotomía que encontramos entre mente y cuerpo, la volvemos a ver entre ser humano y naturaleza. Por eso, cada vez más, se fomentan perspectivas más integradoras con una visión más amplia y completa de quiénes somos teniendo en cuenta el entorno.

Algunas evidencias y proyectos

Este aumento de interés por la naturaleza está teniendo repercusión en la investigación sanitaria. Cada vez existen más artículos que estudian los efectos saludables a nivel biopsicosocial que puede producir y provocar el contacto con la naturaleza.

Así pues, existen varios artículos científicos que hablan sobre el tema que nos concierne. Por ejemplo, un estudio publicado en la revista Frontiers in Psychology indica que dedicar, al menos, 20 minutos al día para pasear o sentarse en un lugar en contacto con la naturaleza reduce significativamente la hormona del estrés, el cortisol. Por lo tanto, esto nos puede ayudar en situaciones de ansiedad o depresión. En relación con este hallazgo, cabe destacar una práctica japonesa llamada Shinrin Yoku” (baño de bosque), la cual consiste en pasar tiempo en la naturaleza con el objetivo de mejorar y aumentar la salud, el bienestar y la felicidad. En Estados Unidos incluso han creado una asociación sobre esta terapia del bosque y entre las pautas que recomiendan podemos destacar las siguientes: 

  1. Conectar con la naturaleza.
  2. Prescindir de la prisa.
  3. Prestar atención al paisaje que nos rodea.
  4. Dedicarle tiempo.

En resumen, sería establecer un contacto con la naturaleza con atención plena, curiosidad, presencia y observación. Habilidades que se relacionan también con la práctica del mindfulness.

Una cabaña del Hospital de Oslo

Asimismo, otra prueba que subraya la importancia de volver a la naturaleza es la incorporación de cabañas en el bosque en algunos hospitales de Noruega. Estas cabañas permiten a los pacientes que requieren un tratamiento largo contar con un espacio más cerca del bosque. De esta manera, se promueve una recuperación en un ambiente más agradable y tranquilo que favorece una mayor calidad de vida durante el ingreso.

En la Universidad de Exeter (Reino Unido) están especializados en el estudio de la psicología ambiental y además de hablar de los espacios verdes, ponen el foco en los azules, el agua. Expertos en esta área nos indican que estos espacios están asociados a mejores niveles de vitamina D y beneficios en la salud psicoemocional y física. Este otro estudio nos revela que hay una relación entre el bienestar percibido de los participantes y la cercanía a un medio natural.

Finalmente, para mostrar cómo la naturaleza nos puede influir desde pequeños, es interesante comentar otro estudio liderado por el Instituto de Salud Global (ISGlobal). En éste se indica que los niños/as que durante su infancia tuvieron más contacto con espacios naturales gozan de una mejor salud mental cuando llegan a la edad adulta.

Beneficios y propuestas

La naturaleza nos permite respirar aire puro, promueve el contacto con el ser y no con el hacer, amplía nuestra creatividad, favorece el movimiento del cuerpo, la reflexión o la observación sin expectativas. A nivel mental poder caminar un rato en este entorno nos puede ayudar a calmar un exceso de actividad cognitiva. Estos son algunos de los múltiples beneficios que nos da. Además, favorece la conexión con nuestra esencia, con nuestro instinto y con los sentidos, creando una sensación de formar parte y de integración con nuestro ecosistema. Somos parte del medio y funcionamos con él, el sol, el clima, los árboles y los demás seres están interrelacionados con nosotros. Por eso cuando estamos un tiempo en este tipo de entorno nos solemos sentir mejor. En definitiva, la naturaleza nos brinda muchas posibilidades y mejora nuestra salud integral. 

Así pues, teniendo en cuenta lo beneficioso que es pasear por parques o playas, os propongo dedicar un poco de tiempo diario a conectar con el espacio natural que tengáis más cerca. Podéis estar atentos a cuáles son vuestras sensaciones antes de la práctica y si son diferentes una vez finalizada. Espero que lo disfrutéis y si queréis compartirlo conmigo estaré encantada de leeros!

*Este artículo se ha escrito en colaboración con Irene Lasaga Mateu,
Graduada en Psicología por la UB.

Minimalismo: Una propuesta de consumo consciente

Conquistar la libertad es conquistar la sencillez. Al final con una línea, con un color basta para hacer el cuadro

Joan Miró


¡Comienzan las fiestas y el inicio del invierno! Todos entramos en una época de compras, encuentros familiares, comidas y bebidas propias de este tiempo. Por eso, creo que puede ser buen momento para hablaros un poco sobre el movimiento minimalista relacionándolo con las fechas en las que estamos.

Lo descubrí este año mientras realizaba una mudanza. He vivido en diferentes sitios y esta experiencia no era nueva. Normalmente, me ha creado mucha pereza y cansancio. Esta vez también pasó, pero hubo algo diferente. Decidí deshacerme de cosas que venían dando vueltas conmigo durante mucho tiempo. Entonces comencé a plantearme cuáles utilizaba realmente y cuáles no, estas últimas las fui dando y reciclando. Conforme más lo hacía, mejor me sentía. Apareció una sensación de soltar, de libertad y ligereza que me gustaba. Veía que no necesitaba tantas cosas para vivir.

Qué pasa cuando consumimos…

Las teorías evolucionistas nos explican que el consumismo está originado por una sensación de insatisfacción que proviene del instinto de supervivencia de nuestros ancestros. Antiguamente los objetivos de nuestros predecesores se basaban en la alimentación y la reproducción, para que estas conductas se repitieran existía un mecanismo en nuestro cuerpo que provocaba placer cuando se realizaban. Este placer no podía durar eternamente porque si en una sola comida se hubiesen sentido satisfechos completamente, no habrían vuelto a comer y nos hubiésemos extinguido. Y, aunque podían ser conscientes de la fugacidad del placer, si la dinámica hubiera sido pensar en esto, no habría habido motivación para repetirlo y por ende sobrevivir.

Actualmente no vivimos de esta forma pero nuestros cerebros parece que siguen funcionando así. Cuando compramos nos sentimos bien durante un momento, aunque luego volvemos al estado anterior. La sociedad de consumo lo sabe y ve que esta conducta es muy interesante para aumentar los beneficios de las empresas. Su herramienta más importante es la publicidad que nos manda mensajes de que “no somos suficientes y no estamos completos si no compramos X producto que nos va a hacer feliz”.

«Azul II» de Joan Miró

La distracción y el miedo

Comprando podemos distraernos de lo que de verdad pensamos, somos, sentimos o de la realidad que nos rodea. El placer que experimentamos se da por el pico de dopamina que comentábamos antes, esto nos puede reconfortar puntualmente pero no soluciona nuestros problemas. Muchas veces sin darnos cuenta, calmamos nuestros deseos con cosas materiales. 

En otras ocasiones podemos encontrarnos con una creencia cultural de miedo a quedarnos sin nada, para ello nuestras mentes nos dirigen hacia acumular porque así nos da la sensación de que nuestro temor no se va a cumplir. Un ejemplo de esto es cuando vemos un frigorífico vacío y pensamos que es triste. Cuando quizás se pueden tener únicamente las cosas que vamos a comer esa semana y así no se van poniendo malas y tenemos que tirarlas. 

¿Realmente necesitamos tantas cosas? ¿Nos aporta valor todo lo que nos rodea? ¿Qué nos estamos perdiendo mientras consumimos compulsivamente? ¿De qué nos estamos distrayendo? Estas fiestas, ¿en vez de focalizarnos en consumir, dónde podríamos poner nuestra atención para sentirnos mejor?

Mi intención con este artículo es lanzar una reflexión al aire, no pretendo deciros lo que hay que hacer, ni qué es lo que está bien o mal. Yo también formo parte de esta cultura y consumo, únicamente me encuentro en un proceso de intentar ser más consciente y en cada vez más ocasiones pienso cuál es mi intención y si realmente es algo que me va a aportar valor. No creo que las cosas sean blanco o negro, no pienso que tengamos que convertirnos en monjes despojados de todo. Como psicóloga mi aportación va en dirección a promover la salud, el autoconocimiento y la consciencia. Desde una atención más plena, nuestras decisiones serán más intencionadas, menos automáticas y conseguiremos sentirnos más completos sin necesidad de recurrir continuamente a lo externo. 

Una pequeña degustación…

Pensad en algo que queráis comprar estas navidades, puede ser un regalo, algo de comida o de decoración. Siéntate y haz una respiración profunda. Sitúate en el momento presente y visualiza cuál es tu objetivo. ¿Quieres tener un detalle con alguien? ¿Aumentar belleza y confort en tu casa? ¿Compartir una comida con tus seres queridos? ¿Qué sentimientos quieres crear con ese objeto o experiencia? ¿Cuál es tu intención genuina?. Ahora puedes probar a hacer esa compra en un establecimiento y poner atención a quién te está atendiendo, el proceso de ese producto hasta llegar a ti, en qué estás invirtiendo tu dinero. Incluso ir a algún pequeño establecimiento en el que puedas hablar con la persona que lo ha hecho o lo ha recogido (un artesano, un agricultor…). Finalmente, agradece el proceso y reflexiona sobre la diferencia de hacerlo así a la de ir en “piloto automático”.

Consumir desde el minimalismo supone centrarnos más en la calidad que en la cantidad. Elegir conscientemente cosas que nos gustan, que nos aporten valor y alegría. Apreciar y agradecer el momento de consumo, no haciéndolo de forma automática. Favorecer una rueda de consumo más sostenible y a pequeña escala, incluyendo en nuestra dinámica de consumo alguna compra en pequeños establecimientos, optando por un regalo experiencial (en lugar de material) o por productos que no tengan una larga cadena hasta llegar a tus manos. Así también estás reforzando a productores de tu tierra y reconociendo su trabajo y calidad. 

En conclusión, todo este movimiento aparte de mejorar nuestra salud, es sostenible y crea conductas más amables con el medioambiente. Ya sabéis, todo esto es un proceso, no es un día para otro, pero los resultados a largo plazo son muy satisfactorios, así que estas navidades os animo a incluir alguna compra consciente. 

Para finalizar el último artículo del año me gustaría agradecer a quien lo haya leído su tiempo y su interés. Os deseo que estos días podáis disfrutar de aquello que os haga sonreir y que podáis liberar presiones y tensiones. Os mando un abrazo y una entrada de año con amor.

Felicitación navideña de Intermon Oxfam

Algunos recursos.

*Aquí os dejo un documental de netflix que habla sobre el movimiento por si queréis profundizar.

*También en el siguiente enlace encontraréis una iniciativa de pequeños productores y de talento local que se está llevando a cabo en Barcelona. Aunque viváis en otras ciudades os animo a visitarla, tiene mucha información relacionada con un consumo más consciente y un directorio de marcas de artesanos y pequeños negocios que favorecen productos diferentes. Podéis buscar en vuestra ciudad proyectos similares, seguro que los hay!
https://talentolocal.org/

Entre dos tierras: Psicología de la migración

“Estamos vivos porque estamos en movimiento”

Jorge Drexler

Desde hace ya más de una década vemos como aumenta la cifra de personas que deciden irse a vivir a otros países. Es común que conozcamos varios casos a nuestro alrededor. En este suceso nos encontramos con una gran diversidad de causas, perfiles, aspiraciones y consecuencias, cada uno tiene su propia experiencia y no es algo que sea fácilmente generalizable. Dicho esto, en este artículo me gustaría exponer algunos conceptos y variables que, a grandes rasgos, se pueden observar en los procesos migratorios.

Hace unas semanas leí un estudio de Elgorriaga, Ibabe y Arnoso (2019) en el que se comparaba a un grupo de españoles que había emigrado a UK y Alemania con otro grupo de españoles no migrantes. Los resultados indicaban que el proceso migratorio estudiado no se relacionaba con peor salud mental en el contexto europeo y las diferencias en función del sexo eran muy pequeñas. Como factores que protegen la salud mental se hablaba de las condiciones laborales y el cumplimiento de las expectativas migratorias.

En un proceso de este tipo observamos una balanza de ganancias y pérdidas. Puede ser que las personas que encuentran mejores condiciones y se sientan valoradas, hagan una lectura positiva del cambio de residencia. Si hablamos de los posibles beneficios de realizar un cambio así podemos nombrar elementos como: un crecimiento personal donde se obtienen muchos aprendizajes, un aumento de empatía, tolerancia y habilidades que surgen de la adaptación a unas circunstancias nuevas y desconocidas. Según la experiencia, la persona podrá obtener unos recursos diferentes que le permitan afrontar su situación de vida actual.

«Pinpointing Progress» – Maarten Vanden Eynde

Expectativas y duelo

Uno de los principales motivos para salir suele ser la búsqueda de oportunidades laborales y desarrollo profesional. Con lo que nos cuentan y vemos en los medios se pueden crear expectativas sobre cómo será nuestra futura estancia. Después allí, hay veces que éstas anticipaciones previas se cumplen y hay otras veces que no. Si resulta que finalmente lo que nos encontramos no coincide con lo que esperábamos, necesitaremos contar con -o aprender-, habilidades que nos permitan afrontar el nuevo escenario. En ocasiones, las demandas de estar en una nueva cultura son muy elevadas y esto provoca bastante estrés, pudiendo aparecer síntomas de ansiedad o depresión en el proceso de adaptación. Frecuentemente, los trabajos a los que se optan no tienen relación con los estudios y esto puede desembocar en rabia y frustración. También en casos en los que la integración en el nuevo país no esté siendo fácil, puede aparecer culpabilidad por pensar que algo no estamos haciendo bien y que ese es el motivo de nuestro malestar.

En esta línea encontramos el duelo migratorio. Existe una sensación común de nostalgia que viene de la pérdida, de no estar viviendo cosas que están pasando en tu familia, o con tus amigos de tu país de origen. Echar de menos la comida, el clima o las costumbres propias de tu tierra. Hay que remarcar que en esta situación la pérdida es más una separación ya que se mantiene un contacto con los elementos antiguos, tanto telemáticamente como en visitas esporádicas, lo que puede crear una sensación de no estar en ninguno de los dos lados al completo. Este duelo requiere de una reestructuración interna, un proceso de reflexión y asentamiento de la nueva situación y aceptación de lo que se deja atrás.

«Nail House» – Leonard van Munster

Buscando nuestra identidad

Normalmente nos hacemos una idea de quiénes somos según nuestras raíces, nuestras experiencias y lo que se mantiene de una forma estable en nosotros. Puede ser el idioma, la cultura o la profesión. Todo esto son elementos externos, que cuando nos movilizamos a otro espacio se tambalean. Situarnos en una realidad totalmente diferente a la habitual, puede afectarnos en la visión de nosotros mismos y de nuestra identidad.  Por ejemplo, en algunas personas, la barrera del idioma hace que exista un sentimiento de simplificación de sí mismo, de no poder expresarse en su totalidad y con espontaneidad, creando un sentimiento de soledad, aislamiento o incomprensión.

A veces, simplemente la sensación que tenemos es de “no estar bien” o de sentir un vacío. Detrás de esa capa nos podemos encontrar con emociones de miedo, vergüenza, inseguridad, rabia, culpa, tristeza, desilusión, decepción, frustración, arrepentimiento, impotencia, soledad, incertidumbre respecto al futuro o de no pertenencia. En este sentido, es muy útil ordenar, identificar y expresar qué está pasando para realizar una elaboración más sana y más comprensiva sobre lo que está ocurriendo en nuestro interior.

En este punto podemos reflexionar sobre nuestra identidad de una forma curiosa y profunda, integrando aspectos experienciales de nuestras primeras vivencias y nuestra tierra. Añadiendo elementos actuales, considerando este constructo como algo íntimo y que está vivo. Entendiendo la riqueza que comprende la identidad y que aunque algunos elementos vengan de una cultura, somos cada uno de nosotros los que los sentimos y los experimentamos desde nuestro prisma individual, pudiendo crear un concepto único y con el que realmente nos identifiquemos.

Por todo lo nombrado anteriormente, el trabajo personal nos puede ayudar a descubrir nuestra esencia y ese lugar que no cambia y nos sostiene a pesar de lo que nos rodee. También, nos puede aportar recursos para afrontar la situación de una forma más beneficiosa para nosotros. Además de trabajar con esos pensamientos y emociones asociadas a la elaboración del duelo, la adaptación o la integración en el nuevo país.

«Home Sweet Home» – Banksy

Recursos


Creando desde la creatividad: Entrevista a Candela Gorostiza

«La creatividad se aprende igual que se aprende a leer.»

Ken Robinson

Desde Umai quiero aprovechar el otoño para inaugurar una sección de entrevistas y colaboraciones que contará con personas que nos hablen sobre algún tema relacionado con la psicología. En este primer post he tenido la suerte de entrevistar a una buena amiga: Candela Gorostiza del blog asteroide37. Ella es licenciada en psicología, graduada en magisterio y especializada en educación alternativa. Tiene experiencia en diferentes pedagogías y actualmente trabaja en un cole Reggio Emilia en Ámsterdam. 

Para mí hablar de la infancia en este blog tiene mucho sentido, ya que es una oportunidad para aprender más sobre el impacto de ésta en la madurez. Además, profundizar en las primeras etapas de nuestra vida nos puede dar información valiosa para nuestro proceso de desarrollo personal, ya que nos permite la integración de experiencias tempranas en nuestra línea vital.

Este verano fui a un museo en Lille, una ciudad del norte de Francia, y cuál fue mi sorpresa cuando vi que las obras expuestas eran hechas por niños y adolescentes. Es un proyecto que ha reunido a más de 10000 niños que han expresado su visión del mundo actual y futuro, a partir del dibujo, la fotografía, escultura, escritura, teatro, danza o música. Era la primera vez que veía que se le daba un espacio así a los pequeños, dándole seriedad e importancia a lo que hacen. Muchos grandes artistas han intentado imitar esa frescura e inocencia que podemos tener en los primeros años de vida y aquí se podía disfrutar de ella en cada creación.

Exposición Môm’Art en Gare Saint Sauveur (Lille, Francia)

Esta experiencia me hizo reflexionar y pensé que la creatividad podría ser un tema muy interesante para debatir con Candela:

Para comenzar y ponernos un poco en contexto, ¿nos puedes explicar en qué consiste la “educación alternativa”?

La “educación alternativa”, también conocida como “educación no tradicional” o “educación activa” es un paradigma educativo relativamente reciente que reúne a un conjunto muy diverso de aproximaciones a la infancia como, por ejemplo, la pedagogía Montessori, Waldorf, Reggio Emilia, Pikler, etc. Todas estas pedagogías tienen en común que consideran a las niñas y los niños como las y los protagonistas de sus procesos de aprendizaje. 

Tradicionalmente desde la educación se ha visto a las alumnas y alumnos como si fueran sujetos vacíos de conocimientos y carentes de opinión que recibían pasivamente la información que el o la docente les enseñaba. En cambio, en la educación alternativa los intereses, las necesidades, las motivaciones y los ritmos de las niñas y los niños son respetados. Se parte de la premisa de que el aprendizaje se produce produce de dentro hacia afuera, es decir, que parte de una curiosidad innata y de unas necesidades profundas de desarrollo y no al contrario, como se había venido haciendo a lo largo de la historia. La motivación externa y la programación exhaustiva del aprendizaje no son necesarios y por lo tanto, los educadores y las educadoras pasan a tener el importante papel de guías o acompañantes de este proceso de desarrollo. El psicoanalista y educador Rubem Alves ilustra muy bien esta idea cuando dice que “Quien intenta ayudar a una mariposa a salir de su capullo, la mata. Quien intenta ayudar a un brote a salir de su semilla, lo destruye. Hay ciertas cosas que no pueden ser ayudadas. Ellas deben ocurrir de dentro hacia fuera.”

La creatividad es la habilidad de ver el mundo con una mirada abierta, de relacionarse con él de manera original y de transformarlo.

Me gusta mucho esta metáfora, a veces solo necesitamos un acompañamiento en nuestro proceso. Ahora que nos has puesto en contexto, enfocándonos en la creatividad, ¿nos podrías poner un ejemplo de alguna actividad que utilices en tu práctica para trabajarla?

Desde mi punto de vista, la creatividad debería impregnar cada poro del sistema educativo. En los últimos años el mundo está cambiando de manera vertiginosa. Si queremos ayudar a las niñas y los niños a que se preparen para el futuro incierto y complejo que va a llegar y para que se desenvuelvan en él de forma satisfactoria, debemos educar en la creatividad.

Con “educar en la creatividad” no me refiero a pretender que todos los niños y las niñas se conviertan en artistas en potencia, que seguramente eso es lo que se nos viene a la cabeza a la mayoría de nosotras y nosotros al pensar en alguien creativo. Tradicionalmente, la creatividad ha estado asociada al arte, sin embargo, el arte solo es una de las millones de formas que tiene ésta para expresarse. La creatividad es la habilidad de ver el mundo con una mirada abierta, de relacionarse con él de manera original y de transformarlo. Una científica, un cocinero, una psicóloga o un jardinero pueden ser personas extremadamente creativas en sus respectivos campos. De hecho, todo el mundo puede llegar a serlo, tan solo necesita una atmósfera que lo propicie.

Para trabajar la creatividad en nuestras escuelas, podemos valernos de cualquier momento, actividad o proyecto. Toda experiencia vital es una oportunidad para aprender y para trabajar la creatividad. Si respetamos los intereses y necesidades de nuestros alumnos y alumnas, guiándoles y ayudándoles a identificarlos, si les devolvemos el protagonismo, dejándoles pensar, reflexionar, organizar y tomar decisiones, si favorecemos un contexto de libertad, donde existan las opciones, las alternativas, las posibilidades, donde no se penalice el error, si les dejamos tiempo para explorar, jugar, aburrirse, etc., estaremos apoyando el desarrollo de la creatividad.

Candela Gorostiza

Coincido completamente con ampliar el concepto a otras actividades más allá del arte. Aún así, incluso asignaturas ligadas a lo que comúnmente asociamos a la creatividad  como dibujo o música se han visto tradicionalmente como de “segunda división” ¿Cuál crees qué es la influencia en la edad adulta de educar dándole importancia a la creatividad en todas sus formas?

Como bien apuntas, desde que surgió nuestro sistema educativo en la época de la Ilustración y la Revolución Industrial, las ciencias y las letras siempre han estado en la cima del conocimiento y las artes, por el contrario, en la base. En aquel momento, esta jerarquía de materias basaba su sentido en que el propósito del sistema educativo era educar para satisfacer los trabajos que demandaba la industria. El razonamiento deductivo y la memorización eran los pilares de este sistema.

En pleno siglo XXI, inmersos en una sociedad de la información tan cambiante, este paradigma se ha quedado totalmente obsoleto. Ya no tiene sentido que nuestras escuelas sigan pareciéndose tanto a las fábricas: con timbres que dicen cuando hay que volver al trabajo, con el conocimiento fragmentado en materias y con la existencia de una jerarquía dentro de las mismas que indica qué conocimientos son los importantes y cuáles no, con niños y niñas agrupados por edades, con un exceso de memorización de contenidos, etc. La educación de hoy en día tiene que centrarse en otros aspectos y la creatividad es uno de ellos. Algunos autores, como el experto en educación Ken Robinson, la consideran crucial, otorgándole el mismo estatus que a la alfabetización.

Además de las ventajas que ya se han comentado sobre la creatividad como son la adaptación al cambio y a la incertidumbre, las personas que hayan sido educadas bajo este enfoque muy probablemente serán adultas y adultos curiosas/os, con ganas de aprender siempre y estarán más capacitadas/os para resolver problemas y asumir riesgos.

Exposición Môm’Art en Gare Saint Sauveur (Lille, Francia)

Muchas veces en terapia se sugiere que se realicen actividades expresivas que a veces tenemos asociadas a la infancia (manualidades, baile, escritura…) para trabajar la atención, la motivación, las emociones o los pensamientos. ¿Por qué crees que de niños aceptamos más que exista un tiempo para estas actividades y a algunos adultos les suele costar más trabajo o no se le da importancia?

El hecho de que la mayoría de las adultas y adultos que van a terapia no se sientan cómodas/os realizando este tipo de actividades creo que está ligado por un lado, a las expectativas que hoy en día se tienen sobre el proceso terapéutico y, por otro lado, a lo infravaloradas que éstas están a nivel educativo y social.

El sistema educativo tradicional está enfocado en el desarrollo del plano puramente cognitivo. El objetivo máximo de la Educación es que un alumno o alumna acabe siendo un/a catedrático/a universitario/a. No se nos debe olvidar esa jerarquía del conocimiento de la que hablábamos, con las ciencias y las letras en la cúspide y con la memorización y el razonamiento deductivo por bandera. El resto del cuerpo que no sea la cabeza va pasando a un segundo plano. Los sentidos y las emociones no se consideran significativos. Poco a poco vamos aprendiendo que “lo importante”, “lo serio”, “lo que hay que hacer” es sentarse en un pupitre durante 6 horas o más, escuchando lo que nos cuentan las/os profesores, sin interactuar entre nosotras/os, sin movernos, sin levantarnos, pidiendo permiso para ir al baño y hablando solo cuando nos lo soliciten. Las actividades o materias que impliquen el trabajo de los otros planos del desarrollo humano tienen menos valor social y, por lo tanto, menos importancia curricular y eso va calando.

Cuando nuestras/os niñas y niños llegan a la adultez, podemos encontrarnos con dos situaciones. Algunos/as de estos/as adultos/as no se habrán visto muy influenciadas/os por este goteo constante y no tendrán esta jerarquía tan grabada a flor de piel. Estas personas seguirán practicando y/o disfrutando con la música, la pintura, la danza, el teatro, la escritura, etc. Las habrá que incluso las hayan transformado en sus profesiones. Sin embargo, lamentablemente, la mayor parte de ellos/as seguirán viendo las artes como algo secundario.

Ahora imaginemos que una de estas personas del segundo caso asiste a terapia. Probablemente esperará que el psicólogo o la psicóloga trabaje con lo que para ellas/os es lo realmente importante: la mente. Verse en consulta invitada/o a realizar actividades vinculadas a las artes le llevará a pensar que eso que está haciendo no es útil, no es serio, es “cosa de niñas y niños” y hará que no le encuentre el valor que realmente tiene para su proceso de crecimiento personal.

Toda experiencia vital es una oportunidad para aprender y para trabajar la creatividad.

Interesante esto que nos comentas, por eso a mí me gusta partir del concepto de salud integrativa donde no solo se ve a la persona como un cerebro o una mente, sino que se atienden a sus múltiples facetas y a su interrelación.

Para finalizar, ¿hay alguna cosa más que nos quieras contar o algún libro o herramienta que recomendar?

Para las personas que quieran profundizar más en el apasionante mundo de la creatividad y la educación les recomendaría los libros y las charlas de Ken Robinson, la teoría de la «Educación Creadora» de Arno Stern, las escuelas Reggio Emilia y el curso sobre recursos artísticos y acompañamiento a la infancia de La Violeta.

También, antes de despedirme me gustaría animar a todas/os las/os lectoras/es a reconciliarse con su parte creativa. Todas y todos la tenemos de alguna u otra forma. Yo en mi caso, por ejemplo, no lo hice hasta mi vida adulta. Siempre me había considerado una persona poco creativa o no lo suficiente en comparación con otras, pero gracias a los caminos por los que me ha llevado la vida, mi formación y mi trabajo personal y profesional he podido reconectarme con facetas de mí misma que tenía ya muy olvidadas y la verdad, que es una experiencia que le recomiendo a todo el mundo.

Muchas gracias Candela por tu tiempo y por compartir tus conocimientos y experiencias con Umai. Personalmente he disfrutado y aprendido mucho haciendo este artículo contigo, estoy segura de que lo volveremos a hacer hablando sobre algún otro tema interesante.

Quiero aprovechar para invitar a este espacio a cualquier persona que  quiera hablar y compartir su perspectiva sobre algún tema relacionado con psicología y/o salud integrativa. Si estás interesada/o puedes escribir a hola@umaiterapia.com

*Para aquellos que quieran conocer más sobre la exposición Môm’Art de Lille, os dejo aquí un enlace. El vídeo está en francés pero podéis disfrutar de algunas imágenes de las obras.

El verano: una oportunidad para contactar con la naturaleza

«Quien ha aprendido a escuchar a los árboles ya no desea ser un árbol. No desea ser más que lo que es.»

Hermann Hesse

Empieza el mes de agosto, muchos disfrutarán de vacaciones y otros estarán trabajando. Sea como sea el clima que nos envuelve es caluroso y tener más horas de sol nos invita a salir, compartir o a ir a la naturaleza.

Quería aprovechar este escrito para conectarlo con el último post. Porque no solo es salud integrativa el contemplar las diferentes partes de nosotros mismos, también consiste en ser conscientes de que formamos parte de un ecosistema constituido por ritmos y elementos que se interrelacionan y nos afectan. Mis palabras de hoy son una invitación a la reflexión en este aspecto. 

Por una parte, si entramos en contacto con la naturaleza y nos posicionamos en una actitud observadora nos daremos cuenta de que hay mil cosas que están pasando y de las cuales no solemos ser conscientes. Utilizando mi propia experiencia de esta mañana voy a enumerar algunas. El cielo con su amplitud iba mostrando diferentes nubes que pasaban, podía escuchar el zumbido de las abejas recogiendo polen, el silbido de los pájaros, el sonido del aire en las árboles, las moscas, los diferentes tipos de flores, plantas y vegetación que me rodeaba, insectos cada uno con sus colores y formas, el olor a pino, la sensación del sol en mi piel… Y yo misma me sentía parte de aquello, un elemento más. Todo estaba bien y me sentía tranquila, había muchos seres diferentes pero formaban un conjunto perfecto, con sus funciones, sus ritmos, sus características. Todo aquello en comparación con la vida cotidiana que solemos llevar no tenía nada que ver. Si únicamente observamos, las prisas, el miedo o el rechazo a lo diferente, la necesidad de control o los juicios no son palpables en una situación como la descrita anteriormente. La naturaleza nos hace, por tanto, contactar con nuestra esencia, nos posiciona en el presente y nos brinda calma.

Por otra parte se facilita el sentimiento de pertenencia. Sin pretensión de hacer un análisis exhaustivo sobre esto, quiero hacer referencia de forma resumida. Esto es algo que evolutivamente buscamos los humanos siempre, formar parte de algo y es saludable. El problema es que muchas veces el miedo al rechazo que nos hace ponernos máscaras, hace que no sintamos genuinamente esa conexión. Al estar en el medio ambiente y observarlo con mente de aprendiz nos podemos encontrar sin darnos cuenta con esa conexión y pertenencia.

La salud integrativa tiene en cuenta el mundo en el que vivimos y cómo formamos parte de sus ciclos. Esto nos hace además ir aumentando el cuidado hacia nuestro segundo hogar que es el planeta tierra. 

En esta época se escucha mucho la expresión “¡que desconectes!”, y yo os deseo que podáis conectar con vosotros mismos y con la naturaleza. Y si os apetece, un día que estéis en la playa, el bosque, un jardín, un río, un lago o un parque, probad a respirar y sentir cada pequeña cosa que sucede en ese momento. Un abrazo y que tengáis un agosto estupendo.