La música: Un viaje por los sentidos

“La música, única entre todas las artes, es a la vez completamente abstracta y profundamente emocional. No tiene la capacidad de representar nada particular o externo, pero sí una capacidad única para expresar estados o sentimientos interiores. La música puede atravesar el corazón directamente; no precisa mediación”

Oliver Sacks – ‘Musicofilia’


Para mí la música es una de las herramientas más polivalentes que conozco, me acompaña gran parte del día y en diferentes momentos vitales. Entre sus funciones nos ayuda a comprendernos, nos da una vía de expresión y nos acerca a los demás. Durante este periodo de crisis seguro que ha formado parte de momentos importantes y seguramente habrá alguna melodía que se quede guardada en nuestra memoria como parte de esta etapa. 

Este sábado da comienzo el verano y el domingo se celebra la fiesta de la música. Después de una primavera confinada empezamos a salir, a apreciar colores, frutas, encuentros y a sentir el sol. Esta celebración de la música nos invita a entrar en la nueva estación cantando, bailando, compartiendo, volviendo a lo sencillo y a los rituales tradicionales que acompañan los cambios. 

En psicología contamos con una línea de investigación en este campo, con personas que se dedican al estudio científico de la mente y la conducta en relación con la música. Asimismo tenemos la musicoterapia, donde, entre otras funciones, usamos la música para facilitar el desarrollo emocional o para ayudar a las personas a comunicarse.

La conexión

La música nos ayuda a conectarnos con nosotros mismos y con los demás. En los conciertos podemos compartir una experiencia emocional con otras personas que están allí y no conocemos de nada. También, cuando cantamos podemos sentir emociones similares con los demás, un ejemplo muy común de ello es cantar el “cumpleaños feliz”. Los momentos de reunión se suelen acompañar de alguna melodía y son propicios para tocar instrumentos musicales. A veces salimos con amigos para escuchar música y bailar.

En otras ocasiones, podemos utilizar el sonido como fondo si estamos solos, para trabajar o relajarnos. También, escuchar cierto tipo de canciones favorece la expresión emocional, como puede ser llorar, reír o soltar enfado. Esto favorece la escucha interna y sentir nuestras necesidades en el momento. Las canciones pueden servirnos para recordar una persona o un momento de nuestra vida, como si fuera un viaje en el tiempo, al escuchar determinadas notas se activa esa memoria y se movilizan sensaciones e imágenes asociadas.

Una explicación biológica

Percibimos la música porque convertimos las vibraciones de aire en una experiencia consciente. Hay dos partes en esta conversión: sensación y percepción. La sensación es el proceso de convertir una señal física (la vibración de aire) en una señal neural (neuronas que envían impulsos electroquímicos entre sí). La percepción es el proceso en el que el cerebro analiza las señales neuronales que vienen del oído, lo que las convierte en un montón de electricidad que nos da la experiencia de los sonidos. 

Por eso si hay un daño en la parte del cerebro que se encarga de estos procesos nos podemos encontrar con consecuencias como la amusia, un trastorno neurológico que dificulta percibir o reproducir ritmos o notas musicales. Por ejemplo, una persona con amusia puede decir que una canción le suena como el sonido de los platos chocando o que todos los tonos suenan igual.

Otro ingrediente interesante para entender la forma en que reaccionamos a la música son nuestras expectativas musicales que se basan en nuestro historial de escucha en la vida. Nuestro cerebro al escuchar va comparando con lo que ha escuchado anteriormente y los estados que le provocaban. Esto hace que cuando escuchamos una canción se haga una comparación de las similitudes de forma inconsciente e involuntaria. 

Con este último elemento juegan algunos estilos musicales, por ejemplo dentro de la música electrónica. Se repite durante un tiempo el mismo sonido con el fin de crear una sensación de anticipación pero sin saber cuando exactamente va a romper. Así, cuando finalmente sucede, se produce una descarga de dopamina que nos hace sentir bien. La dopamina es un químico que funciona como recompensa cuando hacemos predicciones que resultan ser verdaderas. 

Experimentando sonidos

En terapia la música se puede utilizar como recurso para una gran variedad de situaciones. En este artículo quiero aprovechar para proponeros un pequeño ejercicio.

Os pongo aquí una canción pero podría ser con cualquier otra que os apetezca. En este caso son 4 minutos por lo que no os llevará mucho tiempo. Prepararos para únicamente escuchar la canción. Cuando estéis en un sitio cómodo, hacéis una respiración profunda, le dais al play y cerráis los ojos. Dejaros sentir, ¿qué sensaciones aparecen? ¿Dónde notáis el sonido? ¿Os sugiere realizar alguna acción (bailar, cantar, gritar…)? Utilizad este espacio para dejaros llevar por la melodía y dar rienda suelta a lo que aparezca.

En Umai siempre tenemos una banda sonora, me encantaría que me compartierais canciones que os conmueven o que significan algo para vosotrxs. Os mando un abrazo y que disfrutéis de este fin de semana tan especial, bailando, cantando, tocando, compartiendo o como os surja.

Recomendaciones

Para terminar me gustaría dejaros algunas sugerencias:

  • Oliver Sacks, ‘Musicofilia’ (2015). Ed. Anagrama. O.Sacks era un neurólogo divulgador y en este libro se centra en contar historias de personas con lesiones cerebrales o cerebros inusuales relacionadas con la música.
  • Ólafur Arnalds, ‘Re:member’ (2018). Sello: Mercury KX. Este álbum instrumental utiliza diferentes sonidos y tonalidades que nos llevan por un camino que puede inducir un estado de calma.
  • Página web de IN-EDIT TV. Festival internacional de cine documental musical. Aquí podréis encontrar un buen catálogo de documentales relacionados con la música.